Política

Alvaro Vargas Llosa

La deriva antidemocrática del regimen de Hugo Chavez y su populismo autoritario comienza a preocupar seriamente a la comunidad internacional y los más prestigiosos analistas. Por su importancia, traemos hoy a esta sección la entrevista concedida por Alvaro Vargas Llosa al diario El Universal en una reciente visita a Venezuela.


El célebre Consenso de Washington, la oferta económica que arropó a América Latina en los noventa con la propuesta de desregulación, estabilidad presupuestaria, privatizaciones y apertura comercial, culminó en resultados mediocres y en el repliegue de quienes creen en el recetario neoliberal: pero éste no es el caso de Alvaro Vargas Llosa.


Convencido de que en realidad la fórmula nunca se aplicó y que la región continúa presa de los cinco principios que la han sumergido en la miseria a lo largo de los siglos de corporativismo, mercantilismo de Estado, privilegio, transferencia de riqueza y ley política,  vuelve a la carga con un ensayo que busca encender la discusión: Rumbo a la libertad, por qué la izquierda y el “neoliberalismo” fracasan en América Latina.


“Traté de identificar en nuestra historia, hasta hoy, los principios básicos que describen el sistema político y económico que tenemos, descubrí que es tan arraigado que ha imperado bajo gobiernos tanto de izquierda como de derecha”, dice convencido, e inmediatamente describe cómo se manifiestan.


“Hoy en América Latina tienes corporativismo porque el Estado no ve a la sociedad como un conjunto de individuos, sino como una colectividad con la que negocia en función de sus propios intereses, obviamente, hay corporaciones más cercanas al poder y otras más lejanas”.


“Tenemos mercantilismo de Estado, porque el Estado es el que determina quién gana y quién pierde, no lo determina el mercado, tampoco los consumidores, ni la interacción espontánea de la sociedad”.


Rápidamente planea sobre el privilegio y explica que “la ley no es una entidad abstracta, neutra, sino que es un mecanismo de poder para favorecer a ciertos grupos” y agrega que “la transferencia de riqueza es un sistema en el que se piensa que es un juego suma cero, donde lo que unos ganan lo pierden otros, por lo tanto no se crean reglas de juego para que haya inversión permanente sino que se crean mecanismos para expropiar riqueza de los sectores más productivos, teóricamente en favor de la población, y en la realidad, del Estado y de quienes lo ejercen”.


“La ley política, la politización del derecho, es la llave que permite todo lo demás. No se entiende la ley como un principio que está por encima del gobernante. Venezuela ha tenido 25 constituciones, porque cada gobernante rehace la ley, promulga decretos, normas, creyendo que con eso produce los resultados que su designio le dicta y es lo contrario, crea la inhibición de la riqueza, y esto es bajo gobiernos de izquierda y de derecha”.


_En el camino que propone destaca la idea de atacar el rol del Estado como fuente de las reglas que gobiernan la economía y dice que a la larga la libertad le dará a las personas los medios para sobrevivir y tener educación y salud. ¿No es una especie de mercadolatría, de metafísica económica que ve al mercado como panacea?


_No creo que el mercado sea una panacea, no es otra cosa que los individuos de una sociedad tomando decisiones libremente, ejerciendo opciones, escogiendo, sin interferencia del Estado. Eso produce un mecanismo de coordinación extraordinaria y espontánea que donde ha imperado produce prosperidad, por ejemplo, Chile ha logrado reducir la pobreza a la mitad.


Profundiza en la respuesta y añade que “un sistema de esta naturaleza produce educación y salud a la larga, pero como eso va a tomar mucho tiempo, propongo que se ayude a quienes no puedan pagarlo pero a través de subsidios directos”.


_En la Agenda del desarrollo de Barcelona un grupo de destacados economistas indica que animar a las naciones a copiar mecánicamente las instituciones de los países ricos no garantiza buenos resultados. ¿No cae en esta tendencia?


_Es una trampa decir que se están importando las instituciones del desarrollo, lo que estamos haciendo es no coaccionando a la gente, dejándola en libertad. Es un chantaje decir que se trata de un avasallamiento imperial, los chilenos dirían que no han importado instituciones, sino retirado barreras que impedían ejercer la libertad.


_Economistas que apoyaron el Consenso de Washington como Ricardo Hausmann ahora indican que el Estado ya no es el principal freno para el desarrollo y reconocen el papel que ha desempeñado en el éxito de China, Corea del Sur y Taiwán. ¿Cómo observa este replanteamiento?


_Creo que se han confundido. Creyeron que lo que ocurrió en los años 90 en América Latina fue liberalismo y como fracasó, lógicamente han hecho un replanteamiento de su posición y regresan a una vía intermedia. Mi planteamiento es que en los 90 imperó una nueva forma de populismo, una nueva forma que mantuvo los cinco principios de los que hemos hablado y eso en parte es el tema de mi nuevo libro.


_¿Al igual que los socialistas con la Unión Soviética los liberales dicen que no se aplicó correctamente la receta?


_En los 90 advertí que pagaríamos un precio muy alto porque una vez pasada la moda, vendría una resaca populista justificada con el argumento de que lo que hubo fue liberalismo, y que nos veríamos en esa posición.


_Informes del Banco Mundial y la Cepal dicen que 2004 fue excelente para América Latina y que 2005 va a ser un buen año. ¿Arranca con buen pie el giro a la izquierda de la región?


_Ya nos ha ocurrido que una situación internacional favorable para las materias primas nos da la sensación de que vamos mejor de lo que en realidad vamos. La izquierda siempre tuvo como propuesta intelectual romper la dependencia respecto a las materias primas y hoy básicamente vive de ellas.


Alvaro Vargas Llosa introduce otro elemento a considerar. “Hay una izquierda interesante en América Latina que ha hecho su aprendizaje, su puesta al día y su modernización, el caso más obvio es el de Lagos en Chile pero también Lula que ha tomado una vía distinta a la de Venezuela aunque en política exterior haga gestos que parecerían emparentarlos.


_¿Dónde observa estas diferencias?


_Por ejemplo en el nivel de gasto público, creo que Lula tiene una disciplina fiscal absolutamente superior. Además está tratando de reformar el sistema de seguridad social a un costo político importante y está tratando de darle garantías legales a la inversión.


_El modelo de Hugo Chávez, afianzado en la renta petrolera, aumenta el rol del Estado en la economía, creó una red de subsidios y cuenta con alta popularidad. ¿Cómo cree que terminará esta historia?


_Esto ya se ha hecho en la región y siempre terminó mal, en hiperinflación, porque en el minuto en que la renta que te permite eso, en este caso la petrolera, ya no está allí te ves en el problema de que has adquirido compromisos con un sector amplio de la sociedad que no vas a poder cumplir. Creo que aquí no hay una prosperidad real, es una prosperidad enteramente artificial. No hay nada revolucionario, es la apuesta más conformista, conservadora y pasadista que se puede hacer.


“Vivir de la renta petrolera es lo que ha hecho Venezuela desde el inicio del siglo XX. En cuanto a la creación de empresas recordemos que México llegó a tener más de mil. Y las misiones es lo que se viene haciendo en América Latina a través de décadas, generando corrupción y un desarme cívico, la gente se vuelve receptora, solicitante, no productiva”, dice Alvaro Vargas Llosa.


Ahonda en el tema y señala que “posiblemente habrá inversión por la apertura del gas natural pero Venezuela es el único país que no aumentó su nivel de inversión extranjera en 2004, porque no hay confianza en las instituciones, en las leyes, se invierte si te entiendes con el Gobierno y eso es muy precario para tener inversión sostenida”.


_¿Con Venezuela a la cabeza se está creando en América Latina un discurso de extremos. Contra lo privado, lo estatal; contra la globalización, autarquía, una especie de nuevo pensamiento único?


_Vivimos un rebrote populista que puede tener características más permanentes que el simple rebrote, volvemos a la idolatría del Estado. A comienzos del siglo XX con la Revolución Mexicana triunfó esta idolatría y ahora vivimos el mismo proceso con otro ropaje, con otro nombre, regresamos a la fuente del fracaso del siglo XX.


_¿Hugo Chávez ha caído en la idolatría del Estado?


_Sin duda, hay un enamoramiento del Estado y una tendencia muy autoritaria que acompaña a esta idolatría. El populismo es una apuesta exacerbada por la concentración del poder y eso tiene una dimensión muy autoritaria.


Fuente: VICTOR SALMERON  para EL UNIVERSAL

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