Política

Argentina sigue siendo financieramente vulnerable

“El manejo de la crisis ha sido errático. Conceptos tales como el derecho de propiedad y la validez de los contratos han quedado maltrechos. La confianza de los inversionistas y ahorradores ha recibido un rudo golpe”.

Opinión: Rodrigo Botero
“Otra victoria como ésta, y estamos perdidos”. Esta frase legendaria del Rey
Pirro, luego de haber derrotado a los romanos en el año 279 a. C., pasó a la
posteridad como paradigma de triunfos adquiridos a un costo excesivo. Es un
episodio acerca del cual debería reflexionar Néstor Kirchner, el presidente de
Argentina, al proclamar victoria sobre los tenedores de bonos de la nación
austral, luego del colapso financiero de diciembre de 2001.

A primera
vista, imponerles a los tenedores de deuda soberana una pérdida del orden de 70
por ciento del monto pactado podría calificarse como una proeza que enriquece
los anales del nacionalismo argentino. Desde esa perspectiva, Kirchner
aparecería ante propios y extraños como el personaje heroico que defendió la
patria contra las acechanzas de la comunidad financiera internacional. Para el
consumo político interno en Argentina, ésta sería la imagen que algunos
recomendarían proyectar. A corto plazo, una postura triunfalista ofrece el
atractivo de popularidad y de dividendos electorales próximos. Pero un estadista
prudente se abstendría de echar las campanas al vuelo.

Argentina sigue
siendo financieramente vulnerable. Aún después de la reducción de pasivos
obtenida, la relación entre deuda pública y producto interno bruto es de 75 por
ciento. Los problemas estructurales que llevaron al país a la quiebra no han
sido resueltos. La credibilidad de la política económica argentina es mínima. El
manejo de la crisis ha sido errático. Conceptos tales como el derecho de
propiedad y la validez de los contratos han quedado maltrechos. La confianza de
los inversionistas y ahorradores ha recibido un rudo golpe. Si el gobierno
argentino no aprovecha el alivio temporal que le ofrece la reducción de su deuda
externa para hacer las reformas requeridas y para sentar las bases duraderas de
un crecimiento autosostenido, la reestructuración reciente será recordada como
otra victoria pírrica.

La reestructuración parcial de la deuda externa
es apenas un primer paso en el camino que aún falta por recorrer para que
Argentina establezca relaciones financieras normales con el mundo exterior y
vuelva a tener acceso al mercado internacional de capitales. Por ahora, tiene
uno de los más altos niveles de riesgo país en el mundo, después de casos
desesperados como Irak y Zimbabwe.

En breve plazo, las autoridades
argentinas tendrán que llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional,
al cual se le deben 14 mil millones de dólares. También va a ser necesario
encontrar una fórmula aceptable para indemnizar a 24 por ciento de los tenedores
de bonos, ausentes de la reestructuración de deuda propuesta. Si el gobierno
hace efectiva su amenaza de declarar inválida esa porción de la deuda externa
(25 mil millones de dólares, incluyendo intereses), tendrá que enfrentar el
asedio jurídico de un enjambre de acreedores litigiosos. Los inversionistas
extranjeros, a quienes se les modificaron los contratos y se les congelaron los
precios, resienten un tratamiento que los obliga a acumular pérdidas cuantiosas.


Hasta ahora, la estrategia de Kirchner ha consistido en adoptar una
actitud de intransigencia patriótica, adornada con retórica nacionalista.
Desplantes que se reciben con aplauso en el interior del país proyectan, en
cambio, hacia el mundo exterior la imagen de un comportamiento pueblerino y
pintoresco.

Así por ejemplo, como respuesta a un incremento en el precio
de los combustibles del orden del 4 por ciento por parte de la multinacional
angloholandesa Royal Dutch Shell, Kirchner promovió el boicoteo de las
estaciones de gasolina Shell, y les- recomendó a sus compatriotas no comprar a
esa empresa una sola lata de aceite. Según los voceros de Shell, la elevación
del precio de los combustibles está relacionada con el incremento que se
registra en el precio internacional de petróleo crudo.

El manejo
emocional que le ha dado el gobierno a este incidente poco contribuye a
fortalecer la confianza en el país por parte de los inversionistas extranjeros.
Por lo demás, los perjudicados por la iniciativa presidencial son los pequeños
empresarios minoristas que han adquirido una franquicia para distribuir
combustibles de la Shell en Argentina.

El colapso económico de Argentina
ha generado una industria artesanal en el mundo académico, habida cuenta de su
dimensión y características. Para quienes se interesan en la problemática del
desarrollo económico, la experiencia argentina de los últimos quince años sirve
como ejemplo de libro de texto de errores que deben evitarse.

Algunas de
las descripciones de lo ocurrido siguen el formato de las novelas detectivescas,
en las cuales la trama se articula alrededor del intento por descubrir al
culpable del crimen. Si la crisis argentina se interpreta como el resultado de
una conspiración, el objetivo principal debe ser identificar al villano de la
pieza y denunciarlo. Unos culpan al gobierno, otros al Fondo Monetario o a los
bancos.

Una forma menos maniquea de interpretar la crisis argentina es
como una versión contemporánea de la tragedia griega. Dado un determinado
contexto, los protagonistas de la obra actúan según su mejor criterio, dentro de
una lógica que los conduce inexorablemente a un desenlace fatal.

El
detonante del colapso argentino en 2001 fue el frenazo en seco de los flujos de
capital hacia países emergentes como resultado de la crisis financiera rusa. Ese
choque externo afectó en mayor o menor grado a todos los países latinoamericanos
y redujo su ritmo de crecimiento. Argentina ya estaba debilitada por una
acumulación de distorsiones: desorden fiscal, alto endeudamiento, una economía
cerrada y una tasa de cambio fija, fuertemente sobrevaluada. La magnitud del
ajuste requerido para compensar la pérdida del financiamiento externo terminó
siendo insostenible. Argentina resultó víctima de heridas autoinfligidas,
agravadas por circunstancias adversas. Es una tragedia llena de
enseñanzas.

Fuente: El Colombiano

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