Política

Argumentos románticos sobre el sistema de pensiones

“Existen dos argumentos filosóficos distintos contra la idea de que la gente cuide de ellos mismos. Uno argumenta que la provisión del gobierno [en materia] de seguridad social es mejor simplemente porque es un contrato entre generaciones, en el que unos asumen la responsabilidad de otros. Para mí esto es una novela rosa o un timo, o un fraude en el peor de los casos. ¿Qué significa que unos asumen la responsabilidad de otros?”

Políticas Públicas

Creo que el mundo sería un lugar
mejor si el gobierno saliera del negocio de las jubilaciones de una vez y nos
dejara cuidar de nosotros en lugar de tratarnos como niños incapaces de tratar
con las complejidades del riesgo y la recompensa.


 


Existen dos argumentos filosóficos
distintos contra la idea de que la gente cuide de ellos mismos. Uno argumenta
que la provisión del gobierno [en materia] de seguridad social es mejor
simplemente porque es un contrato entre generaciones, en el que unos asumen la
responsabilidad de otros. Para mí esto es una novela rosa o un timo, o un fraude
en el peor de los casos. ¿Qué significa que unos asumen la responsabilidad de
otros?. Una familia de 300 millones de personas no es una familia. Y de alguna
manera, pierde todo el romance cuando los trabajadores pobres son gravados para
sustentar a los jubilados ricos. Simplemente no lo pillo.


 


En la romántica opinión del
gobierno, la provisión colectiva de las cosas siempre es mejor que la provisión
privada. Mi ejemplo favorito de esto viene de la revisión en el New York Times del Un mercado bajo Dios, de Thomas Frank,
hace unos cuantos años:


 


En un momento determinado, Frank
discute la propuesta de que Peter Lynch merece una posición de héroe de la clase
media porque la gente le para en la calle para agradecerle gestionar el popular
Fidelity Magellan Fund tan bien, que
les permite acumular una cesta de jubilación mayor, o pagar la formación de sus
hijos, o construir un anexo a su casa. Por supuesto, Frank no ve ningún heroísmo
en esto, y concluye que ´´ cada una de estas necesidades — pensiones, refugio,
formación — eran cosas que los americanos habían buscado garantizar una vez a
través de la actividad sindicalista o la intervención gubernamental, cosas que
los americanos creyeron una vez que eran suyas simplemente en virtud de ser
ciudadanos, cosas que podían y debían estar disponibles para cualquiera en una
sociedad democrática´´.


 


En cierto sentido, esto es
simplemente nostalgia romántica. En otro [sentido] es engaño, pensar que de
alguna manera, ser ciudadano genera estos beneficios sin entender el proceso que
los produce en realidad. No creo que Peter Lynch sea un héroe. Pero incluso en
la visión romántica de Frank, en la que el gobierno era una vez la fuente de
bienestar material, el gobierno no estaba produciendo bienestar, estaba
redistribuyéndolo de alguien que hacía un trabajo real. Retratar al gobierno
como un surtidor heroico es una deshonestidad intelectual, a menos que hablemos
de Cuba, donde la vida es más sencilla, más pobre y [está] más
estancada.


 


Pero hay otro argumento contra la
responsabilidad personal que encuentro hasta más mitificado. En este argumento,
sin provisión gubernamental de algo, simplemente [ese algo] no existiría. Cuando
escribo o hablo acerca de sacar al gobierno del negocio de las jubilaciones,
inevitablemente algunas personas me escriben diciéndome que en mi mundo ideal,
los mayores pobres se morirían en la calle de hambre porque la seguridad social
no estaría allí para cuidarlos.


 


Uno de los problemas de este
argumento es que ignora el hecho de que los jóvenes pobres lo pasan peor, porque
se ven forzados a pagar la seguridad social. Pero el problema más profundo es la
premisa de que sin gobierno, simplemente no se haría. En esta opinión, sin
escuelas públicas, no habría educación. Sin cupones gubernamentales, no habría
ayuda al pobre. Sin la oficina de correos, no se enviarían
cartas.


 


Esta ausencia de imaginación se
encuentra en el romance previo acerca del gobierno. Ignora a las comunidades
privadas, los vínculos privados, la asociación voluntaria que hace más
satisfactoria nuestra vida y hace del mundo un lugar mejor. Ignora que cuando el
gobierno actúa, recoge la amabilidad voluntaria y la reemplaza con una versión
más aséptica. Sí, puede que sea duro a causa de los problemas independientes de
solucionar voluntariamente los problemas de seguridad social. Pero es más duro,
no imposible. Y a menudo, la calidad del cuidado es mejor.


 


Piense en la miríada de pequeñas
obras buenas que hacemos y que recibimos de otros, y que conforman la vida
civilizada – abrir la puerta a alguien cuyos brazos están llenos de paquetes,
sacar el coche de un extraño de un montón de nieve, donar sangre, adoptar un
niño. Estos actos incontables de amabilidad suceden sin acción colectiva por
parte del gobierno, porque los costes de un portero gubernamental que entre en
acción cuando se aproxime alguien cargado de compras sería muy caro. Pero olvide
el tema del precio. ¿No es encantador abrir la puerta, donar a una organización
de caridad, confortar al caído?. Obsérvese que en el mundo que nos rodea, estas
buenas obras tienen lugar sin que el gobierno de algún respiro a los preocupados
que piensan que sin seguridad social, la gente mayor moriría de
hambre.


 


Llevo pensando en esto desde que
vi un anuncio de EBay. Finalmente, Bastiat, en La ley escribió elocuentemente acerca de
la falta de imaginación que discuto aquí:


 


¿Creen esos fieles del gobierno
que las personas libres dejarán de actuar?. ¿Se deduce que sí no recibimos ánimo
de la ley, no recibimos ánimo en absoluto?. ¿Se deduce que si la ley está
restringida a la función de proteger el uso libre de nuestras facultades,
seremos incapaces de utilizar nuestras facultades?. Suponga que la ley no nos
fuerza a seguir ciertas formas de religión, o sistemas de asociación, o métodos
de educación, o regulaciones laborales, o regulaciones comerciales, o planes de
caridad; ¿se deduce entonces que acudiremos en masa al ateísmo, la vida de
ermitaño, la ignorancia, la miseria y la usura?. Si somos libres, ¿se deduce que
ya no reconoceremos el poder benefactor de Dios?. ¿Se deduce que entonces
dejaremos de asociarnos, para ayudarnos, para amar y consolar a nuestros
hermanos desafortunados, para estudiar los secretos de la naturaleza, o para
luchar por mejorar nuestras capacidades hasta dar lo mejor de
nosotros?.


 

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