Política

Ayuda a África: La cuestión no es “cuánto” sino “cómo” hacerlo

“Una propuesta excelente es convertir al Banco Mundial en un banco real, uno que permita que organizaciones privadas en países en desarrollo lleven las cuentas que les permitan implementar proyectos individuales, que cubran una amplia variedad de actividades constructivas, que den ayuda donde es más necesaria, como la construcción de hospitales, tratamiento del agua, prevención de la malaria, etc.”

S.T. Karnick
El sábado, 11 de junio,
Reuters informaba,


 


“Los países más ricos del mundo
acuerdan el sábado condonar más de 40 millones de dólares de deuda
africana.


 


“El acuerdo cerrado por los
ministros exteriores del grupo G8 de naciones industrializadas es parte de una
campaña de liderazgo británico para liberar al África subsahariana de la pobreza
y enfermedades tales como la malaria o el sida, que matan a millones cada
año.


 


“El ministro de exteriores
británico, Gordon Brown, dijo que el acuerdo cancelaría el 100% de los débitos
de 18 países, y que más países serían aptos para condonación más
tarde”.


 


Gran Bretaña, que preside el G8
este año, busca duplicar la ayuda a los países más pobres del mundo emitiendo
100 millones de dólares en bonos respaldados por los presupuestos de desarrollo
de las naciones ricas. Estados Unidos y Japón se oponen al
plan.


 


Reuters informa que la ex estrella
del rock Bob Geldof y otros “animan a millones de personas a congregarse en
Gleneagles, Escocia, [en la próxima reunión del G8] para exigir un acuerdo de
ayuda para África”.


 


Los activistas de la condonación
de la deuda que se quejan de que el acuerdo es una gota en un océano de
necesidad están en lo cierto, pero hay espacio para el debate acerca de si la
condonación de la deuda y más ayudas dirigidas a los gobiernos de la mayoría de
los países africanos es el mejor camino.


 


Ese debate se planteará
ciertamente, y sin duda será acalorado.


 


Mientras evaluamos ese argumento
en las próximas semanas, será importante tener en mente un hecho central: nadie
desde ninguna posición quiere que África esté sitiada por la pobreza, la
enfermedad o el abandono.


 


Nadie — ni Estados Unidos o
Japón, ni Gran Bretaña, ni los líderes de las naciones ricas, ni los líderes de
las naciones africanas — nadie quiere que África sea pobre. Todos, a ambos
lados del debate acerca de la ayuda africana, quieren que África se haga rica y
próspera.


 


La cuestión es cómo hacerlo. La
ayuda de gobierno a gobierno y de ONG a gobierno ha demostrado ser ineficaz. No
debe haber duda de ello. La solicitud de condonación de la deuda demuestra que,
si la ayuda dirigida a los gobiernos africanos durante el último medio siglo
hubiera sido eficaz, el presente debate no tendría lugar. El crecimiento rápido
es posible, pero la ayuda a los gobiernos africanos post coloniales ha sido un
fracaso. El legado del colonialismo es real, pero no puede explicar o excusar
este fracaso, dado que otras naciones post coloniales han prosperado enormemente
durante el mismo periodo de tiempo.


 


Es más, que la condonación de la
deuda recompensa el derroche es axiomático. La ayuda es desviada de modo
arbitrario a la gente, y se usa en su lugar para promover gobiernos corruptos.
Estos son los hechos, no juicios morales.


 


La gente de África, como todas las
gentes de todas partes, se merece [algo] mejor.


 


Las rondas presentes y propuestas
de condonación de la deuda probablemente no perjudicarán demasiado a la hora de
animar la corrupción de los gobiernos africanos, y probablemente deberían salir
adelante. En conjunto, sería difícil que muchos gobiernos africanos fueran más
insensibles a las necesidades de sus pueblos.


 


Hay otros modos de lograr ayuda
africana, no obstante, y es hora de que salgan a la palestra mientras trabajamos
en la cuestión de la condonación de la deuda.


 


Una propuesta excelente es
convertir al Banco Mundial en un banco real, uno que permita que organizaciones
privadas en países en desarrollo lleven las cuentas que les permitan implementar
proyectos individuales, que cubran una amplia variedad de actividades
constructivas, que den ayuda donde es más necesaria, como la construcción de
hospitales, tratamiento del agua, prevención de la malaria, tecnología agrícola,
construcción de carreteras (una necesidad crítica en muchos países africanos),
alfabetización, inmunización, prevención y tratamiento del sida (incluyendo
investigación seria de las causas de la alta incidencia de la enfermedad en
África), y mucho más.


 


Otros enfoques de financiación
similares y novedosos podrían financiar el florecimiento de la ayuda para
África, dirigida donde sea más necesaria. La gente de las naciones ricas quiere
ayudar, pero nuestra ayuda no ha sido eficaz.


 


Durante su reciente viaje a
África, el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, sugirió que su
organización mira en realidad más allá del gobierno, diciendo que se necesita
llevar a cabo más acciones para mejorar el clima de inversión en el continente,
especialmente [en lo referente] a la inversión local como clave del impulso al
comercio.


 


La Organización Internacional de
Finanzas del Banco Mundial ya ha proporciona ayuda a proyectos del sector
privado en los países en desarrollo, pero es un segmento pequeño del total de la
ayuda al Banco Mundial, y busca proyectos que saquen beneficio de sus
inversiones. La situación en África requerirá mucho más que inversión en firmas
privadas. La ayuda directa desde los países ricos para mejorar la
infraestructura local, la educación, la sanidad y el desarrollo tecnológico en
las naciones africanas es esencial.


 


No se debería esperar que estas
actividades produjeran un beneficio directo, y creo que una amplia variedad de
organizaciones occidentales promovería con entusiasmo tales proyectos si se les
quitara la cinta roja — y la vergüenza pública ocasional, o peor. Lo que los
gobiernos de las naciones ricas pueden hacer con más eficacia es exigir a los
gobiernos africanos que permitan que esta ayuda llegue a sus
pueblos.


 


Los gobiernos de todo el mundo han
demostrado a perpetuidad que su primera actividad es la de continuar en el
poder. Eso es así, y no podemos cambiarlo. Sin embargo, podemos forzar a esos
gobiernos a que permitan que la ayuda llegue al pueblo. La siguiente oleada de
ayuda para África, en consecuencia, tiene que incluir requisitos para que los
gobiernos que reciben la ayuda permitan que el tipo de asistencia focalizada y
extendida esbozada aquí llegue a la gente de África.


 


Propongo que las naciones ricas
extiendan condonaciones de la deuda para los países en desarrollo condicionadas
a que esos gobiernos permitan la ayuda directa de individuos, organizaciones y
gobiernos de las naciones ricas a organizaciones privadas de las naciones en
desarrollo. Se debería permitir a las segundas recoger las recaudaciones que les
permitirán llevar a cabo proyectos individuales donde la ayuda sea más necesaria
y teniendo en cuenta la realidad local. Tal ayuda existe hoy, pero es
obstaculizada por los gobiernos africanos, y creo que se incrementaría
enormemente si esos gobiernos fueran forzados a dejar de ponerse en
medio.


 


Sólo entonces las naciones ricas
serán completamente capaces de ayudar a la gente de
África.


 


S. T. Karnick es asociado del
The Heartland
Institute y del
Sagamore Institute for Policy
Research, además de editor del blog The Reform
Club.


Fuente: The American
Spectator

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