Medio Ambiente
Una de las principales técnicas de la política moderna es coger todo suceso importante y cargarlo a la espalda de la obsesión particular de uno. Uno de los ejemplos más lucrativos son las completamente absurdas afirmaciones de que el tsunami asiático estaba causado por el calentamiento global. Pero se hizo así.
Fue por lo tanto inevitable que incluso antes de que el Huracán Katrina hubiera salido del Golfo, se vieran artículos afirmando que el calentamiento global causado por el hombre está creando huracanes cada vez más frecuentes y desastrosos. La edición online de la revista Time publicaba un artículo titulado “¿Alimenta el calentamiento global al Katrina?” el mismo día que la tormenta alcanzaba la costa. Aunque el artículo reconoce el hecho extensamente documentado (innegable así) de que la cifra de tormentas tropicales en todo el mundo no ha crecido recientemente, el autor afirma que “las tormentas sí parecen ser más intensas”, y mencionaba el calentamiento global como la causa probable.
El Boston Globe publicaba un editorial de Ross Gelbspan, “El verdadero nombre del Huracán Katrina”. Gelbspan, como era fácilmente de esperar, predice que el verdadero nombre del huracán es “calentamiento global”, y continúa para firmar que el calentamiento global ha causado todo fenómeno atmosférico inusual de los últimos años. Los ejemplos incluyen las nevadas del pasado invierno en Los Ángeles, los vientos de Escandinavia, una sequía en el medio oeste americano a comienzos de este verano, las sequías de Europa Occidental, una ola de calor en Arizona (¡vaya, qué sorprendente!), una inundación en la India, y el viento invernal especialmente frío de Boston (otra sorpresa), así como muchos otros.
La táctica de Gelbspan, demasiado familiar hoy, simplemente consiste en nombrar cuantos ejemplos de mal tiempo permita su palabra, y después afirmar que el calentamiento global los causó. No hace ningún intento por demostrar que la cifra de peligrosos sucesos atmosféricos haya crecido en realidad. Como evidencia real vinculando el calentamiento global a estos fenómenos, Gelbspan no proporciona absolutamente ninguna. Simplemente lo da como premisa.
“Prepararse para más Katrinas, dicen los expertos”, una noticia publicada por la agencia de noticias francesa AFP, entraba más en detalles. El anónimo autor de la historia observa correctamente que la actividad de los huracanes se ha intensificado y parece probable que continúe así durante un tiempo:
“A comienzos de este mes, Tropical Storm Risk, un consorcio de expertos radicado en Londres, predijo que la región sería testigo de 22 tormentas tropicales durante el semestre de junio a noviembre, la cifra más alta nunca registrada y más del doble de la media anual desde que comenzaran los registros en 1851″.
La noticia también observa, “Ya el 2004 y el 2003 fueron años excepcionales: marcaron los dos años de máximos nunca registrados en la actividad total de los huracanes en el Atlántico Norte”. Eso es bastante cierto. ¿Pero qué significa? El artículo polemiza considerando un posible vínculo con el calentamiento global, como ha sido etiquetado por los defensores de los controles de las emisiones de gases invernadero:
“Este incremento también ha coincidido con un gran incremento en la temperatura de la superficie de la tierra en los últimos años, debido a los gases de efecto invernadero que causan que el calor del sol se almacene en el mar, en la tierra y en el aire en lugar de irradiarse al espacio“.
La caracterización del ascenso de la temperatura de la superficie del planeta en los últimos años como “grande” es ciertamente una exageración. Sin embargo, el artículo sí que señala que la actividad de los huracanes es cíclica y que probablemente siempre lo haya sido:
“Pero los expertos son cautos, observando también que la cifra de los huracanes parece seguir ciclos a lo largo de décadas.
“Cerca de 90 tormentas tropicales — un término que incluye a los huracanes y sus homólogos asiáticos, los tifones — tienen lugar cada año.
“El total global parece ser estable, aunque los límites regionales parecen variar mucho, y en particular parecen estar influenciados por el patrón climático del Niño en el Pacífico Occidental”.
Éstas son observaciones muy importantes. El artículo subraya a continuación, con algo de extensión, los argumentos de los defensores del calentamiento global, que afirman que el calentamiento de la tierra está creando huracanes más intensos, por no decir más de esas tormentas (que son más fácil de medir y que las pruebas no apoyan, como admite el artículo): “Por otra parte, más y más científicos estiman que el calentamiento global, aunque no haga los huracanes más frecuentes necesariamente o haga más probable que lleguen a tierra, los hace más vigorosos”.
La prueba que aduce el artículo para este argumento es coincidente y no es casual, sin embargo, en este punto es claramente especulativa. El artículo dice, por ejemplo, “La intensidad de las lluvias debidas a los huracanes probablemente esté creciendo, como si este incremento no estuviera demostrado aún por la prueba de las estadísticas formales”, escribía Trenberth en la edición norteamericana de la revista Science en junio. Dice que los modelos computacionales ´sugieren un cambio´ hacia intensidades extremas en los huracanes”.
Es decir, Trenberth lo cree, aunque no existen pruebas estadísticas de ello.
El artículo termina con esa nota, lo que es una pena porque hay mucha más que eso. No se dice a los lectores, por ejemplo, que como menciona un artículo en el próximo número de octubre de Environment and Climate News (ECN), un grupo de destacados climatólogos y otros expertos en el cambio climático han destacado “que según un siglo de informes del National Hurricane Center, la década con el mayor número de huracanes en llegar a tierra a Estados Unidos fueron los años 40, y la frecuencia de los huracanes ha decaído desde entonces. También citan datos del Programa Medioambiental de la ONU, procedentes de la Asociación Mundial de Meteorología, que demuestran que la frecuencia de los huracanes ha decaído desde los años 40″.
La noticia de ECN también cita a James J. O´Brien, director del Centro de Estudios de Predicción Océano- Atmosférica de la Universidad Estatal de Florida, argumentando que “la causa más probable de la frecuencia de los huracanes se encuentra en las variaciones del Nexo del Océano Atlántico, el movimiento de la Corriente del Golfo cálida, tomado desde el Atlántico Sur, que reemplaza a las aguas más frías y profundas del Atlántico Norte.
“Cuando el Nexo es fuerte, dice O´Brien, los archivos han demostrado un incremento en los huracanes del Atlántico; cuando es débil, también lo es la temporada de huracanes. Para que un huracán se haga más fuerte, tiene que continuar moviéndose sobre aguas más cálidas que los 80°F, lo que lleva a algunas personas a vincular el calentamiento global con las tormentas. Pero, dice, no hay ninguna prueba científica que apoye que tales áreas de aguas cálidas se estén incrementando de tamaño”.
Cuando hablamos de causar trillones de dólares en gastos y la posibilidad de pagar costes de un pequeño alivio potencial en la intensidad del calentamiento global, es vitalmente importante dejar que los hechos guíen nuestras acciones, y no las especulaciones. Desafortunadamente, la desinformación de los huracanes a propósito de las causas y consecuencias del calentamiento global continúa haciendo que eso sea cada vez más difícil de lograr.
S. T. Karnick es miembro permanente del Sagamore Institute for Policy Research y editor del blog The Reform Club.
Fuente: TechCentralStation