Cuando vemos como es que algunos países crecen y otros no, no nos queda otra opción que ver la receta de aquellos que tienen ingresos per capita 5, 10 o 20 veces mayores que Bolivia.
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Martes, 21 de julio 2026

Cuando vemos como es que algunos países crecen y otros no, no nos queda otra opción que ver la receta de aquellos que tienen ingresos per capita 5, 10 o 20 veces mayores que Bolivia.
Walter Justiniano
Cuando vemos a China, Vietnam o Rusia, con cercano pasado comunista y con recientes crecimientos económicos sorprendentes, nos preguntamos qué hacen estos países para producir riqueza, crear mas ricos entre su población, eliminar pobreza, subir el nivel de vida de sus habitantes.
Para algunos, la respuesta estará en la raza, en las características sociales, incluso alguno dirá que es un tema de clima. Sin embargo, la realidad, la triste realidad, es que esos países simplemente aplicaron políticas responsables, serias y con visión de futuro, abrazando la economía de mercado como debe ser implementada y no como se hizo en los 90 en Latinoamérica, donde las buenas recetas fueron dirigidas por pésimos gobernantes, que hicieron prevalecer los intereses de grupos o de ellos mismos antes de aplicar correctamente los correctivos económicos necesarios para , en una primera etapa, detener la inflación de los 80, crear ambiente propicio para el libre mercado (institucionalidad, competitividad, seguridad jurídica, incentivo a las inversiones, etc) y luego aplicar medidas que generen crecimiento y desarrollo.
En relación a las políticas públicas latinoamericanas, existe la ola de los bonos, las dádivas, los regalitos demagógicos, el papá estado. Siendo que es una zona con niveles de pobreza altos, donde la productividad es baja, donde la creación de riqueza por medio de la industrialización no alcanza niveles deseados y se vive de vender commodities en lugar de transformar la materia prima y comercializar productos elaborados, el estado cree que dar significa entregar la poquísima riqueza que genera el país, normalmente no renovable, con programas asistencialistas que no generan ningún beneficio a mediano o largo plazo, que no sea acostumbrar a grandes cantidades de población a ser limosneros del estado;
Cuando estos estados aplican estas políticas asistencialistas, lo único que están produciendo son más pobres. Estos estados generan pobreza, y no solo eso, condenan a futuras generaciones a vivir en la pobreza. Van consumiendo el capital del país, en una visión cortoplacista exasperante, generando una sensación de bienestar efímero que lo pagarán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
En lugar de dar iguales oportunidades de desarrollo y crecimiento individual, se entregan igual cantidad de dinero a grupos específicos de la sociedad, creando un desbalance y generando una carrera por beneficios sectoriales y de clases, provocando la competencia por el apoyo gubernamental en lugar de generar competitividad en los mercados.
Que quede claro que nadie puede ser insensible a los 58% de pobres que existen en un país como Bolivia, por ejemplo. Todos sabemos que nuestro peor enemigo es la pobreza en Latinoamérica, y que nuestra peor enfermedad es la corrupción. Nuestra peor enfermedad es el principal aliado de nuestro peor enemigo.
A nuestra enfermedad se la combate con una solución técnica y una solución de hábitos: La solución técnica son leyes que identifiquen, juzguen y condenen todo tipo de acto de corrupción, sin ver quien es el inculpado. La solución de hábitos es que nuestras nuevas generaciones crezcan con principios y valores que fortalezcan la transparencia y la honestidad.
Al enemigo hay que combatirlo con el único remedio que ha demostrado poder vencerlo, la economía de libre comercio y sus implicancias políticas propias.
Dar las herramientas que permitan a los individuos generar su propia riqueza, creando un efecto multiplicador, fortaleciendo su autoestima de individuo que genera valor, que produce, que vale.
Dar esperanza de futuro con políticas públicas de largo plazo con resultados comprobados.
Dar la caña, no el pescado. Siendo tan simple, porqué no lo hacemos?
Fuente: HACER
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