El autor de la nota ironiza sobre la actitud de sus compatriotas bolivianos que ante una oportunidad de negocios salen a la palestra con discursos nacionalistas, solidarios y cuasi religiosos sobre la libertad de comercio.
Opinión: Cayetano Llobet T.
Solo a nosotros, defensores fanáticos de lo sacrosanto, se nos ocurre discutir
en vez de vender. En el momento en el que los tres países más importantes de la
región, Brasil, Argentina y Chile enfrentan una de sus más preocupantes crisis
energéticas, lo que hace Bolivia, el más pobre de la región, es plantear un
referéndum: le dicen con la clásica solemnidad del altiplano qué se debe hacer
con las mayores reservas de gas de toda la región. Además, ponemos cara de
pícaros y con sonrisa maliciosa les decimos como en patio de escuela, “yo tengo,
yo tengo, yo no te doy!”. Y cuando se habla del gas a la Argentina se dice, otra
vez con solemnidad- que “tenemos que ser solidarios” ¡No seamos imbéciles… lo
que tenemos que hacer son negocios!.
No me consta, pero me contaron que
en Potosí hay una placa de homenaje “a los patriotas que defendieron el litio”.
Si es cierto sería la mejor, la más lograda de las caricaturas nacionales: el
homenaje a lo que se pierde, la loa a lo que no se logra, la admiración al
fracaso sostenido. Conozco -lo veo varias veces en la semana -a un pobre
individuo que pide limosna en una calle de La Paz: no tiene piernas, le falta un
brazo, es ciego, depende para sobrevivir penosamente, de la moneda que le deja
caer algún transeúnte… ¡y vive cantando su agradecimiento a Dios por todo lo
que le ha dado! Vivimos quejándonos de nuestra pobreza pero lo hacemos
orgullosamente: ¡con discursos!.
¿Argentina quiere comprar gas?
¡Vendamos gas, ya que es una de las pocas cosas que tenemos para venderle! Más
aún: ¿Chile quiere comprarnos gas? ¡Vendamos gas a Chile y tratemos de venderle
las mayores cantidades posibles! Aquellos que piensan con un candor de discurso
de 23 de marzo en la plaza Avaroa que la supervivencia de Chile está en juego
porque ¡no permitiremos que le llegue el gas!, no tienen la más remota idea de
la realidad y de las condiciones comparativas de nuestro país y el
vecino.
Independientemente del ridículo congresal que en acto suicida
-los suicidios están de moda en su recinto- va a capitar ante la democracia
directa, ¿qué se va a preguntar en el referéndum? ¿Si somos razonables y
vendemos o si seguimos siendo orgullosamente imbéciles? Es obvio que los
intereses regionales son distintos y están los que creen en los discursos y los
otros, los que creen en la productividad, en el progreso y la modernidad. ¿Qué
pasa -y se lo planteo al gobierno y al Congreso, antes de aprobar la famosa
consulta- si, por ejemplo, Santa Cruz, Tarija y otros departamentos, deciden no
participar en el referéndum? ¿O deciden que si se ha optado por la democracia
directa, sea por regiones y autonomías? ¿Vamos a seguir sentados en nuestra
garrafa (bombona), jugando con fósforos? ¿Vamos a seguir rifando las pocas
posibilidades que tenemos, en nombre de la solemnidad y los discursos? Seríamos
-por decirlo claro, mal y pronto- ¡solemnemente cojudos!
Gentileza de la Fundación
Libertad, Democracia y Desarrollo (FULIDED)de Bolivia.
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