La posibilidad de que el actual ministro del Interior de Chile, José Miguel Insulza, sea designado Secretario General de la OEA, significaría para Bolivia, según el autor, un motivo de preocupación.
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Martes, 21 de julio 2026

La posibilidad de que el actual ministro del Interior de Chile, José Miguel Insulza, sea designado Secretario General de la OEA, significaría para Bolivia, según el autor, un motivo de preocupación.
Opinión: Carlos Böhrt I.
Las noticias internacionales dan cuenta de las crecientes posibilidades de que
el actual ministro del Interior de Chile, José Miguel Insulza, sea designado
Secretario General de la OEA, lo que, de producirse, significaría para nosotros
un nuevo motivo de preocupación. ¿Qué implicaciones tendría para Bolivia si
Insulza es ungido como cabeza de la OEA? ¿Qué está haciendo el gobierno
boliviano frente a esa posibilidad? Son algunas de las preguntas que rondan las
cabezas de todos quienes recibieron las mencionadas noticias.
Cabe
recordar que desde fines del mes de octubre de 2003 hasta mediados de 2004 el
presidente Carlos Mesa levantó en alto las banderas marítimas bolivianas y llevó
a cabo varias acciones internacionales que parecían formar parte de una
estrategia destinada a restituir, en el mediano plazo, cualidad marítima a
nuestro país. Así fueron presentadas dichas acciones por los voceros
gubernamentales y por el propio Presidente. Gran parte del respaldo social al
régimen se debió precisamente a esas actuaciones. Lamentablemente, en los
últimos seis meses, el activismo de la cancillería boliviana ha cedido paso a un
sepulcral silencio. Ningún funcionario de gobierno de cierta importancia volvió
a tocar el tema, lo que podría estar demostrando que la agresividad de los
primeros meses no pasaba de ser una cortina de humo para ocultar la ausencia de
criterios claros sobre este delicado tema.
¿Qué está haciendo el
gobierno boliviano frente a la posibilidad del triunfo de Insulza? Al parecer,
nada. O, al menos, no se conocen acciones al respecto. A nadie escapa,
seguramente, que no basta anunciar que el voto de Bolivia no beneficiará al
candidato chileno. Eso lo saben todos, dentro y fuera del país. El Presidente y
el Canciller boliviano están obligados —así sea sólo porque esa fue su postura
después de octubre de 2003— a actuar en el hemisferio para impedir que el
aspirante chileno se imponga sobre sus adversarios. Lo contrario significaría
que, después de las inflamaciones patrióticas de la primera mitad de 2004,
Bolivia se habría resignado a ceder el espacio de la diplomacia interamericana a
las iniciativas chilenas.
En el marco de la confrontación verbal entre
los presidentes Carlos Mesa y Ricardo Lagos, desatada por el primero, ¿qué
implicancias tendría la elección de José Miguel Insulza como máximo ejecutivo de
la OEA? En primer lugar, la confirmación de la posición chilena de que todo lo
dicho en La Paz a partir de octubre de 2003 respondía a simples arrebatos
voluntaristas de los responsables de conducir las relaciones exteriores
bolivianas. Una segunda repercusión del eventual triunfo de Insulza consistiría
en la ratificación práctica de la enorme diferencia existente entre las
diplomacias chilena y boliviana. Y la tercera consecuencia, mucho más grave que
las dos anteriores, se traduciría en el cierre del mayor escenario continental
que tradicionalmente ha utilizado Bolivia para mantener vivas sus
reivindicaciones marítimas.
El debilitamiento de las posiciones
bolivianas, a estas alturas, se expresa ya en el respaldo ofrecido por Brasil,
Argentina y Venezuela a la campaña electoral chilena. El presidente Ricardo
Lagos, claro en sus objetivos, viene desplegando toda una ofensiva diplomática
en el continente, particularmente entre los países del bloque caribeño,
destinada a garantizar el triunfo de su candidato. ¿Qué ha hecho Bolivia en
sentido contrario? ¿Qué está haciendo el presidente Mesa para neutralizar, o
equilibrar por lo menos, la estrategia chilena? ¿Acaso el gas no tiene peso
propio en nuestras relaciones bilaterales con Argentina y Brasil? ¿En qué
quedaron los deseos del Presidente venezolano de bañarse en playas bolivianas?
No actuar en la contienda electoral de la OEA transmitirá, de hecho lo está
haciendo ya, a la comunidad americana una imagen de extrema debilidad y de
ausencia de cohesión interna como gobierno, como Estado y, peor aún, como país.
La ausencia de iniciativas diplomáticas dirigidas desde la plaza Murillo
de La Paz demuestra, a todas luces, que Monterrey y los encendidos discursos
pronunciados en diversos momentos en realidad no eran sino una improvisación
más.
Fuente: La Prensa (Bolivia)
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