El cúmulo de palabras y frases ridículas que hemos acuñado en los últimos años para referirnos en forma metafórica a las payasadas de nuestros gobernantes no es otra cosa más que un intento de disfrazar la realidad y esconder los verdaderos alcances de algunas medidas políticas.
Opinión: Roberto Cachanosky
Probablemente no exista mejor indicador para explicar nuestra decadencia como
país que la cantidad de palabras absurdas que hemos inventado en los últimos 20
años. Cuando uno analiza en profundidad esos términos o frases que hemos
inventado y popularizado, se da cuenta del grado de locuras que nuestra
dirigencia política ha cometido y, al mismo tiempo, el intento por esconder
dichas locuras detrás de palabras inventadas que pretenden distorsionar la
realidad.
Desde ya le pido disculpas al lector porque el listado de
palabras que voy a dar a continuación no está presentado alfabéticamente o por
períodos. Casi las escribo a medida que me voy a acordando de ellas. Pero cuando
termine de leerlas, pregúntese si las siguientes palabras y frases no son otra
cosa que un intento por defender lo indefendible o esconder los disparates a los
que es sometido el país. Veamos algunas de ellas y las definiciones que, a mi
juicio, se ajustan más a lo que produjeron que a lo que pretenden mostrarnos los
políticos y los medios de comunicación con dichas palabras:
Pesificación: palabra inventada en la Argentina para no
decir directamente que la gente fue estafada por el Estado. Bajo el argumento de
que íbamos a ser un país normal, los que habían depositados dólares se
encontraron con que el Estado había decidido que ya no tenían derecho a reclamar
los dólares y tenían que darse por contentos con recibir pesos. En los países
normales, pesificación es sinónimo de “confiscación”.
Pesificación asimétrica: frase que intenta esconder la
ignorancia y el grado de improvisación con que actuaron los devaluadores de
2002. Una vez que metieron la pata y no sabían como arreglar el lío que habían
hecho, inventaron la pesificación asimétrica que no es otra cosa que establecer
un tipo de cambio diferente para los activos y pasivos de los bancos. En
cualquier país normal esto puede traducirse con esta frase: “¿qué quieren
inventar?”.
Protesta social: frase con que se
pretende esconder todo tipo de atropello a los derechos de terceros. Fue
inventada por una manga de delincuentes que, mediante palos y capuchas, violan
los derechos de terceros. Por ejemplo, a transitar libremente. En los países
normales, protesta social es sinónimo de delito.
No vamos a judicializar
la protesta social: frase que utilizan los gobernantes que, por conveniencia
política, no están dispuestos a cumplir el mandato constitucional de mantener el
orden público. En vez de decir “no vamos a reestablecer el orden público porque
no nos conviene políticamente” o “no queremos correr riesgos de perder votos”,
utilizan esta frase. En los países normales el funcionario que no judicializa la
protesta social es sometido a juicio por incumplimiento de los deberes de los
funcionarios públicos.
Estilo K: frase
inventada por los medios para no decir directamente que una persona es
prepotente, guaranga y maleducada. En cualquier país normal, Estilo K
significaría que el tipo es un impresentable.
Derechos Humanos: si bien esta frase ya existe en el mundo,
en la Argentina se le ha asignado el significado de que el derecho a la libertad
de expresión, a la vida y a la libertad sólo le corresponde a los progres.
Cualquier persona que no es progre puede ser censurada, matada o privada de su
libertad en nombre de los pobres, de la justicia social y de la revolución
contra la oligarquía.
Democracia: hacia la
década del 80, un charlatán de barricada (el autor se refiere a Raúl Alfonsín,
presidente entre 1983 y 1989) sostuvo que con la democracia se come, se cura y
se educa. El mal uso de la palabra democracia hizo que el país cayera en la
hiperinflación, la gente pasara hambre y la educación terminara siendo
destrozada.
Década perdida: expresión que se
utiliza para no nombrar la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín, que hizo uno de
los peores gobiernos de la historia argentina y luego se alió al duhaldismo para
impulsar una devaluación salvaje que llevó al país a niveles de pobreza jamás
imaginados.
Cartonero: nuevo oficio que
surgió en la Argentina producto del populismo demagógico del peronismo y el
radicalismo. Este oficio consiste en que menores de edad, mujeres y hombres
anden revolviendo los tachos de basura de la calle buscando algo que puedan
vender. En cualquier país del mundo esta actividad es llevada a cabo por los
pobres de toda pobreza. En la Argentina se ha transformado en uno de los
sectores de mayor dinamismo del nuevo modelo productivo.
Corralito: palabra utilizada para decirle a la gente que no
puede sacar la plata que depositó en un banco. Aquí, esta violación al derecho
de propiedad fue “vendida” como la bancarización del sistema económico
argentino.
Mayoría automática: expresión
inventada para decir que un presidente logró tener en la Corte Suprema de
Justicia un grupo de jueces que le votan todo lo que necesita el Ejecutivo. La
mayoría automática es despreciada por toda la dirigencia política y los medios
de comunicación, salvo que esa mayoría automática responda al nuevo titular del
Poder Ejecutivo. En ese caso, el cambio de miembros de la Corte para establecer
una nueva mayoría automática es interpretada como una limpieza del Poder
Judicial y signo de transparencia institucional.
Saqueo: sistema por el cual una mafia política logra
desestabilizar a un gobierno hasta voltearlo. Antiguamente, la dirigencia
política solía golpear la puerta de los cuarteles para derrocar a un determinado
gobierno. Ahora, se organizan legiones de saqueadores de supermercados hasta
lograr crear el clima adecuado para voltear al presidente no deseado por la
mafia de turno.
Desendeudarnos: palabra
recientemente inventada para tratar de sacarse de encima al Fondo Monetario
Internacional (FMI). Mientras a todos los bonistas el gobierno de turno les dice
que les va a pagar cuando quiera, como quiera y lo que quiera, al FMI le dice
que le va a pagar todo lo que le debe y en efectivo para, de esa forma, aparecer
ante el pueblo como el líder de la soberanía nacional.
Superpoderes: invento argentino para decir que estamos en
democracia, pero que el Ejecutivo puede comportarse igual que en una dictadura,
disponiendo de los recursos del contribuyente como mejor le plazca y sin ningún
tipo de control. Antiguamente, los superpoderes no eran otra cosa que la
capacidad que tenía el rey o el señor feudal para violar todos los derechos de
los súbditos, incluido el derecho “a la primera noche” que se arrogaba el rey.
Por ahora, en la Argentina, este último “derecho” no es ejercido.
Déficit cero: invento argentino del año 2001 por el cual el
gobierno dijo de manera elíptica que la plata ya no le alcanzaba más y nadie le
prestaba un peso para financiar el gasto público.
Factor de empalme: otro invento argentino del año 2001 para
decir que se iba a devaluar el peso, pero sin decirlo. Finalmente, este factor
de empalme nunca llegó a aplicarse porque vino otro señor que devaluó a lo bruto
y sin medir las consecuencias de lo que hacía.
Gasto
cuasifiscal: invento de la década del 80 para no decir que el Banco
Central de la República Argentina (BCRA) se estaba endeudando a lo loco y que
por esa deuda devengaba un interés impagable que iba a conducirnos a la
hiperinflación.
Semáforo piquetero: es un
semáforo tan argentino como el dulce de leche. Por medio de este semáforo, el
Estado les indica a los conductores de automóviles que tienen que desviar su
camino porque más adelante hay un grupo de delincuentes que está dispuesto a
romperle el auto y la cabeza si intenta ejercer el derecho a transitar
libremente.
Apertura indiscriminada: frase
que inventaron pseudo empresarios para decir que no quieren competir con
productos de otros países. El objetivo que esconde la lucha contra la apertura
indiscriminada es venderle a los consumidores locales productos de baja calidad
a precios disparatados.
Transversalidad: la
palabra no figura en el diccionario de la Real Academia Española. En la
Argentina, transversalidad significa que se quiere armar algún movimiento
político para sostener el poder, sin saber muy bien para qué lo quieren. Y los
transversales son los que quieren el poder sin saber para qué.
Como dice
el título de esta nota, este es un Breve e Incompleto Diccionario de disparates
argentinos. Por lo tanto, está abierto a modificaciones, correcciones y nuevas
ideas que el lector considere oportuno aportar.
Finalmente, les pido a
los lectores que si tienen otros términos que no están incluidos en este
listado, por favor los mencionen en el Foro de Opinión vinculado a esta nota
(ingresar en “Opine aquí”). Creo que entre todos podemos llegar a armar un buen
diccionario para que los extranjeros puedan entender de qué estamos hablando los
argentinos cuando utilizamos todas estas palabras.
Fuente: Economía para Todos
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