Mano de hierro con guante de seda. Esta parece ser la pauta que marcará la política internacional de EEUU a tenor de las declaraciones del todavía secretario de Estado al diario Financial Times, la primera tras la victoria republicana.
SEGÚN COLIN POWELL
Según Powell, EEUU extenderá la mano a la comunidad internacional cuando
pueda, aunque “el presidente no se adaptará o se retirará, es una continuación
de sus principios, sus políticas, sus creencias”, haciendo hincapié en que Bush
ha obtenido un mandato para seguir una política exterior que se ajusta al
interés nacional de EEUU.
Powell dijo que la política exterior de EEUU ha
sido enérgica en cuanto a sus desafíos, y el presidente seguirá en esa
dirección.
Preguntado sobre asuntos concretos, el secretario de Estado afirmó
que la transición de poder en la ANP, que se produce por la enfermedad de Yaser
Arafat, “presenta la oportunidad para impulsar el proceso de paz en Oriente
Medio”.
Al respecto señaló que “estamos preparados para tomar esta
oportunidad de forma enérgica”, mostrando así la intención de unirse al primer
ministro británico, Tony Blair, en hacer que el asunto de Oriente Medio sea
prioritario. Además, el jefe de la diplomacia estadounidense consideró que el
proceso de paz es visto como un asunto pendiente de su política exterior, pero
advirtió de que aún se necesitan socios responsables del lado
palestino.
España y la UE
En cuanto a las
relaciones con España, según Powell “Estados Unidos está encontrando áreas de
cooperación con España” aludiendo a las diferencias surgidas entre los gobiernos
de Madrid y Washington a raíz de la retirada por el Gobierno socialista de las
tropas españolas destacadas en Iraq.
Refiriéndose a las divergencias
sobre la guerra de Iraq, Powell asegura que Estados Unidos puede superar sus
desacuerdos con Francia, Alemania y Rusia, países que también se opusieron a la
ocupación del país árabe sin el mandato de las Naciones Unidas.
Según él,
el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está “ansioso de tenderles los
brazos” a los europeos, algo que va a transmitirles conforme se reúna con ellos.
Esto demuestra la intención manifestada por el presidente estadounidense de
tener una relación sólida con sus aliados europeos, fijando estas relaciones
como una meta importante “a pesar de cualquier desacuerdo”.
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