Pensamiento y Cultura, Política

Catástrofes naturales: dejar que el mercado haga su trabajo

Medio Ambiente

“¡Va a ser una catástrofe!” Eso sigo escuchando.


 


Los daños de los huracanes Rita y Katrina harán que los precios de la gasolina suban hasta el cielo y destruyan la economía. “¡Es inevitable que esto sea sólo el principio, no el final, de esta crisis de la gasolina!”, me dijo el Senador Charles Schumer, cuando se aproximaba el Rita el pasado viernes. El Demócrata de Nueva York continuó diciendo que “continuamos sacando los pulgares mientras Roma arde… ¡estamos debilitados en todos los sentidos posibles!” Está deseoso de gastar dinero para curar su pánico.

Schumer quiere un nuevo “Proyecto Manhattan” que utilice enormes cantidades de su dinero para financiar “fuentes de energía independientes”. Le recordé que la última vez que el gobierno intentó hacer eso, desperdició billones en el proyecto del combustible sintético totalmente fracasado. Schumer decía que eso se debía a que “los líderes políticos” eligieron los combustibles sintéticos, pero esta vez el Congreso dispondría de “no- políticos” para definir qué proyectos financiar.


 


Seguro. Si no-políticos van a decidir qué proyectos financiar, ¿para qué necesitamos a Chuck Schumer? Ya tenemos un sistema en el que no-políticos deciden qué proyectos financiar. Se llama “mercado”.


 


Si el precio de un barril de petróleo supera los 50 dólares, montones de empresarios buscarán la manera de proporcionar energía más barata. Aparecerán con fuentes de energía alternativas o mejores modos de extraer el petróleo del suelo. A 50 dólares el barril, es beneficioso hasta recuperar el petróleo que se encuentra en las arenas de brea de Alberta, Canadá. Como Peter Huber señala en su libro El pozo sin fondo, los arenales de brea de Athabasca contienen suficiente combustible para cubrir nuestras necesidades durante 100 años. Pero Schumer y otros políticos no confían en el mercado.



Después del Huracán Katrina, el Senador John Corzina, Demócrata de Nueva Jersey, y él invitaron a los reporteros a una gasolinera donde los precios no crecían porque la demanda superara el suministro, sino porque los gasolineros hacían algo delicado. “Más 50 centavos un día, -25 centavos el siguiente, 30 dólares más después”, decía Schumer a las cámaras. “Algo está mal con el mercado”


 


¿Algo mal en el mercado? Yo pensaría que “más 50 centavos un día y -25 el siguiente” muestra que el mercado funciona con mucha eficacia. El negocio del petróleo es enormemente competitivo. Los márgenes de beneficio de las gasolineras son mínimos. Los gestores de las gasolineras tienen que ajustar los precios constantemente para evitar perder clientela por una gasolinera a una manzana a distancia. Cualquiera de nosotros puede ver los precios si ni siquiera bajar de los coches, y a menudo la gente conduce manzanas enteras para ahorrar un centavo.


 


A pesar de las quejas de Schumer de “catástrofe”, los precios de la gasolina hoy no son especialmente altos. Incluso después de que el precio crezca en los últimos años, y después de los elevados impuestos gravados por nuestro petulante gobierno, los precios de hoy (2,75 dólares la normal, según la AAA) son aún menores de los de 1981 (2,86 dólares, ajustando la inflación). Los políticos no te dirán eso, y tampoco la mayor parte de los medios. Cuando los medios hablan acerca de los precios “record” de la gasolina, olvidan normalmente la inflación.


 


Bill O´Reilly, de Fox News, también ridiculizó la idea de que la competición fijase los precios de la gasolina. En su popular programa de televisión, decía, “Alguien dice a tu gasolinera local exactamente qué cargar. Alguien hace eso” ¿De veras? ¿Hay un dictador de precios secreto? ¿Por qué no confía la gente del mercado? Schumer piensa que “expertos” nombrados por el Congreso son la respuesta, pero imagine la cantidad que costaría la gasolina si la produjera gobierno. Al menos 20 dólares el galón. La gasolina no es fácil de fabricar.


 


En primer lugar, el petróleo tiene que descubrirse, después extraerse del suelo… en ocasiones desde el fondo de un océano. La extracción tendrá que torcerse 90 grados, excavar de lado a lado y volver a torcer de nuevo, penetrando a través de cinco millas de tierra. Lo que se extrae finalmente del suelo tiene que transportarse a lo largo de largos oleoductos o llevarse a través del mar en barcos monstruosamente caros, convertirse en tres formas distintas de gasolina, y después bombearse en camiones que cuestan 100.000 dólares cada uno. Después, tu gasolinera local tiene que gastar una fortuna en dispositivos de seguridad para que no te vueles en pedazos. Después de todo eso, el galón de gasolina aún se vende por debajo de la cantidad equivalente de agua mineral Evian.


 


El precio subirá y bajará, y podemos contar con que el mercado nos proteja mejor de lo que nunca podrían hacerlo los políticos.

Fuente: Town Hall.com

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