Política

China es amenaza y Centroamérica, verdadera competencia

“Desde hace mucho tiempo, nuestros empresarios vienen manejando la teoría de que los países asiáticos, entre ellos muy especialmente China, han comenzado a extender sus imperios económicos hacía los otros continentes, basados en conceptos orientales de alta producción, trabajo continuo y muy bajos costos.”

Gabriel Zapata Correa
Señores empresarios colombianos: grandes, medianos y pequeños, sí nos preocupa
la República China, preocupémonos por nuestros hermanos centroamericanos. Ellos
serán, dentro de muy poco tiempo, nuestra más grande competencia en materia de
inversión, transformación y producción.

Desde hace mucho tiempo, nuestros
empresarios vienen manejando la teoría de que los países asiáticos, entre ellos
muy especialmente China, han comenzado a extender sus imperios económicos hacía
los otros continentes, basados en conceptos orientales de alta producción,
trabajo continuo y muy bajos costos.

Se ha hablado incluso de una nueva
colonización de nuestros mercados producto de la inundación permanente de
numerosos productos confeccionados y elaborados en China y sus similares de la
región.

Renglones de la economía colombiana como el textil y de
confección han visto como, desde la implementación de la política neoliberal en
nuestro País, sus productos se han resentido en precios y demanda, obligando el
cierre de prestigiosas empresas que nunca se prepararon para el cambio, el
despido masivo de miles de trabajadores de la gran industria y la
diversificación de producción.

Incluso han sufrido del dumping, doble
facturación y competencia desleal, ya que los productos provenientes del lejano
oriente, en algunos casos, entran de manera ilegal a nuestro territorio,
mientras otros inundan el mercado nacional con bajos precios producto de
subsidios otorgados por su Gobierno.

Sin desconocer el impacto negativo
que ha tenido la colonización oriental en Colombia, esto no es nada comparado
con lo que se viene gestando en Centroamérica.

Allí, la estructura
macroeconómica y de comercio exterior generada desde los mismos gobiernos
legítimamente constituidos, nos debe empezar a preocupar… y mucho.

En
días pasados tuve la fortuna de conocer de cerca las experiencias tributarias y
comerciales que se vienen desarrollando en países como Honduras, Nicaragua y el
mismo Costa Rica.

Nos quedamos prácticamente atónitos al conocer que los
gobiernos de estos países vienen adoptando una serie de regímenes especiales
para favorecer su comercio exterior explotando las bondades y los beneficios
competitivos que tienen las zonas libres, los parques industriales y las zonas
francas.

En cualesquiera de estas naciones, los inversionistas y
empresarios gozan de múltiples beneficios que los invita a invertir. Desde la
exoneración total o parcial de los impuestos de industria y comercio, hasta una
serie de incentivos económicos o “gabelas” que llamamos aquí, hacen atractivo
cualquier iniciativa de negocio que se le ocurra iniciar o patrocinar. Aquí el
gran aliado es el mismo Estado.

Hoy Honduras, es uno de los principales
maquiladores del mundo, ha comenzado a dar un giro de 180 grados en su forma de
aprovechar sus ventajas competitivas, y le empieza apuntar a la integración de
todo el proceso productivo hilandería-textiles-confección. Otros en cambio, le
están apuntando a otras áreas productivas como las telecomunicaciones y los Call
Center.

La variedad es mucha. Por eso, mientras aquí el Gobierno
Nacional se distrae en armar estrategias poco funcionales para contrarrestar la
arremetida del gran pulpo oriental, otro competidor se nos vino encima con una
estructura más completa, más competitiva y más funcional.

Es el momento
entonces de hacer un llamado urgente al Gobierno para que desarrolle nuevas
alternativas de producción que le permita a nuestros empresarios y productores,
enfilar estrategias lógicas y rápidas para poder competir.

Llegó la hora
de otorgar beneficios según el renglón económico de trabajo y la región donde se
dé tal desarrollo. Es urgente fortalecer nuestras zonas francas con políticas
económicas acordes a su razón de ser, exoneración de impuestos si es preciso
para atraer inversionistas, propios y extraños, o flexibilizar los que se
tienen, para poder dinamizar los diferentes renglones económicos de nuestra
economía.

Vale la pena estudiar de cerca la experiencia centroamericana,
si es del caso copiarla, por que la verdad es que nos estamos quedando
estancados en el tema competitivo, y ya no es sólo cuidar a China, también
debemos ponerle cuidado a vecinos mucho más cercanos, que conocen al dedal
nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

Fuente: El Colombiano

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