Política

China lee a Adam Smith y la UE se lo olvida

Cuando se trata de libre comercio, es mejor releer a Bastiat y Smith antes de escuchar a nuestros propios funcionarios.

Editorial
El ministro chino de Comercio, Bo Xilai, definió como “injustas” las
restricciones sobre los productos chinos que Estados Unidos y la Unión Europea
(UE), han impuesto o intentan imponer sobre los productos textiles de China,
país que está experimentando un rápido aumento de sus exportaciones.

Bo,
que realizó esta afirmación en el curso del Foro Global Fortune, que concluyó
ayer en Beijing, afirmó que algunos países desarrollados no se ajustaron a las
estipulaciones marcadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), las
cuales han contribuido en parte al rápido crecimiento a plazo corto de las
exportaciones textiles de China.

Bo recordó que, durante la ronda de
negociaciones mantenidas en 1995 por la OMC, se estableció que las cuotas de los
países desarrollados sobre las importaciones textiles se reducirían dentro de 10
años, y recomendó que las reducciones se produjeran de forma gradual.


Pero Bo sabe que los mandatarios occidentales sufren de esquizofrenia al
hablar de libre comercio. En los foros y las rondas de comercio defienden los
principios del libre mercado como si fueran una reencarnación de Adam Smith
despotricando contra el mercantilismo inglés. Pero cuando regresan a sus
despachos se entregan poseídos al lobby local.

En lugar de increpar a
las empresas por no haber aprovechado los años proteccionistas para ser más
competitivos, salen a decir que las importaciones chinas destruyen puestos de
trabajo, aunque se cuidan muy bien de no decir que los consumidores compramos
mejor y más barato. ¿Por qué defienden a unos pocos en detrimento de miles de
consumidores cautivos?

Ahora, en EEUU, una ley auspiciada por el Senador
Charles Schumer (D-N.Y.) impondría un arancel draconiano de 27.5 por ciento a
las importaciones chinas, debido a su supuesto tipo de cambio injusto. Sin
embargo, como demuestra Daniel T. Griswold, los hechos más básicos de la
economía de EE.UU. refutan el argumento de que el comercio con China ha causado
una reducción neta en puestos de trabajo. Entre 1989 y 2003, la economía
estadounidense creo netamente 20 millones de nuevos puestos de trabajo, mientras
que la remuneración real por hora del trabajador norteamericano durante el mismo
periodo creció en un 19 por ciento.

En otras palabras, la economía
estadounidense no solo ha creado más trabajos desde 1989 sino mejores trabajos.
Sería conveniente que las empresas se modernicen y las legislaciones laborales
flexibilicen sus normativas porque la experiencia demuestra que, tarde o
temprano, es el consumidor y la tecnología quienes se imponen.

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