Colombia enfrenta un desafío diplomático en el nuevo mapa político de América Latina, redefinido por gobiernos de izquierda que alcanzaron el poder al proponer un proyecto social en la región. Analistas y politólogos advierten que el presidente Álvaro Uribe debe ser cauteloso en el manejo de sus relaciones internacionales para no caer en el aislamiento.
Ángela Castro Ariza
Colombia enfrenta un desafío diplomático en el nuevo mapa político de América
Latina, redefinido por gobiernos de izquierda que alcanzaron el poder al
proponer un proyecto social en la región.
Analistas y politólogos
advierten que el presidente Álvaro Uribe debe ser cauteloso en el manejo de sus
relaciones internacionales para no caer en el aislamiento, de cara a este giro
político de sus vecinos del sur.
La politóloga Martha Ardila dice que la
posición del Mandatario nacional, “con un apoyo incondicional de Estados Unidos,
es contraproducente si pasa por encima de la integración latinoamericana”.
La posesión de Tabaré Vásquez en Uruguay, el pasado primero de marzo, se
aprovechó para “unificar posiciones” en torno al fortalecimiento de la
integración regional, que ven como la única solución para los problemas
continentales.
En este orden de ideas, el analista Felipe Botero augura
una etapa difícil para la actual Administración en las relaciones en
Latinoamérica. “Es significativo que Uribe no haya asistido a la posesión de
Vázquez, es un indicativo de dónde está parado”, opina.
Con el ascenso
de la izquierda uruguaya al poder, se consolidó un frente político que aunque
con diferentes matices y visiones, gobiernan Luiz Inácio Lula da Silva en
Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Lucio Gutiérrez en Ecuador y Hugo Chávez
en Venezuela.
Democracia, en
crisis
Ardila, coordinadora del Observatorio en América
Latina de la Universidad Externado de Colombia, subraya que en este viraje a la
izquierda en América Latina convergen muchos factores. “Los gobiernos no han
resuelto los crecientes problemas de pobreza, inequidad y corrupción”,
considera.
Amenaza populista
Frente al actual sentimiento social de rechazo a las políticas
neoliberales, despunta un factor de riesgo: el auge de propuestas populistas,
caracterizadas por una confrontación con los sectores empresariales.
Bolivia es el ejemplo más palpable de la explosión social que inquieta a
América Latina. Las protestas y disputas de los sectores indígena y sindical
contra el Estado en torno al proyecto de ley de hidrocarburos, precipitaron la
renuncia del presidente Carlos Mesa.
Pero Mesa desistió de dimitir tras
lograr un acuerdo con las distintas facciones políticas, mientras La Casa Blanca
sigue de cerca esta inestabilidad que afecta a su “patio trasero”.
Michael Shifter, del Instituto Diálogo Interamericano, con sede en
Washington, advierte que si el cocalero “Evo Morales es electo en Bolivia o el
sandinista Daniel Ortega gana en Nicaragua, la relación con E.U. sería muy
complicada”.
Situación compleja también es la de Venezuela con Chávez,
abiertamente opositor a las políticas de E.U. por leyes polémicas como la de la
tenencia de la tierra o el rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas
(Alca).
Queda claro, entonces, que los triunfos electorales y la
hegemonía de los partidos de izquierda en América Latina envían un mensaje claro
al Gobierno del presidente George W. Bush. Sus aliados estratégicos en la
región, los partidos políticos de derecha, cada día pierden más espacios y es
momento de reorientar sus relaciones con sus vecinos del sur.
El
“gigante dormido” de la izquierda comienza a despertarse en América Latina,
después de un largo letargo al intentar en vano llegar al poder a través de la
lucha armada.
Colombia no es ajena a esta realidad. La nueva tendencia
izquierdista en América Latina se sustenta en la frustración acumulada en los
electores, en muchos países, por el estancamiento o clara crisis de la economía
desde 1998.
En su análisis del triunfo de Tabaré Vázquez en Uruguay, el
diario estadounidense The New York Times reconoció que al igual que en Brasil y
Venezuela ganó el candidato que estuvo más opuesto a las políticas económicas de
Washington.
En el fracaso de las recetas económicas neoliberales que
aumentaron la deuda externa y la pobreza en América Latina, también ha gravitado
la crisis de credibilidad de los partidos.
Fuente: El Colombiano
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