Política

Colombia: nuevos diálogos con los grupos terroristas

Alvaro Valencia Tovar

A tiempo de cerrar el año 2005, aunque con motivaciones y en circunstancias distintas, las que fueran guerrillas Farc y Eln aparentan realizar diálogos con el Gobierno presidido por Álvaro Uribe Vélez. Las primeras, para ocuparse de una posible liberación (no intercambio, por favor) de sus rehenes y de miembros de sus cuadrillas en las cárceles.

El segundo, en la reanudación de un proceso intermitente de conversaciones de paz, adelantadas en años anteriores en distintos países y escenarios. ¿Qué puede esperarse de unos y otros?

Comencemos por las Farc. Hasta el momento de escribir estas líneas, sus cabecillas no han respondido a la oferta de los tres gobiernos aceptados por ambas partes como facilitadores de los diálogos. Ellos se toman su tiempo. Están acostumbrados a las acciones dilatorias porque saben que el tiempo corre a su favor. El Gobierno, en elocuente contraste, aceptó de inmediato la propuesta. Hay quienes critican esta celeridad, a mi juicio sin razón. Aceptar sin demora la propuesta de despeje integral de una parcela del municipio de Florida, en el Valle del Cauca, le dio al Gobierno una ventaja estratégica. Cedía parte de sus objeciones a las demandas guerrilleras pero mantenía el control del área, la vigilancia periférica y la igualdad de términos de presencia armada. Mejor de ausencia tanto militar como de la insurgencia armada. Pero no se exponía a que una negativa de las Farc, le arrebatara la oportunidad de dejar en claro su voluntad de diálogo en busca de una liberación humanitaria.

En cuanto al Eln, la historia de intentos similares es larga. Siempre con intermediación internacional, finalmente irrespetada por el mando errático y cambiante del organismo fuera de la Ley. El último ensayo, muy bien manejado por el diplomático mexicano que fuera embajador en Colombia, concluyó abruptamente con el pretexto de que Colombia había votado contra Cuba en el tema de derechos humanos en la isla. Lo cual no es sino reafirmación de los nexos históricos de Fidel Castro con esa organización armada, cuyos fundadores fueron entrenados en la isla sobre tácticas guerrilleras y terroristas.

Y es en la propia isla donde se abren diálogos de paz y desmovilización, con asistencia de representantes de gobiernos amigos, la de Gabo, que alguna influencia puede tener sobre los empecinados luchadores de una causa anacrónica, aplastada bajo los escombros del muro de Berlín, que sepulta también el imperio comunista de la Unión Soviética.

Quizá en esta oportunidad los auspicios son mejores. El Eln sufre un proceso descendente en su poder de combate, que lo ha puesto ante la disyuntiva de extinguirse o acabar como apéndice despersonalizado de las Farc, con cuyas formaciones de combate ha entrado en feroces enfrentamientos armados en Arauca y Motilandia. Fidel reconoce que la vía armada fracasó en América y esta aceptación frente a sus pupilos en el desastrado proyecto revolucionario, tiene innegable significación.

Ambos procesos implican innumerables obstáculos y dificultades ante las siempre desmedidas exigencias de los alzados en armas, sustentados por el colosal apoyo financiero del narcotráfico. Si tales problemas ocurren con los “paramilitares” que nuca combatieron al Gobierno legítimo, puede colegirse lo que ocurrirá con sus enemigos históricos. Pero ¿Quién quitando, como reza la copla campesina?

Fuente: El Colombiano

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