¿El Tercer Mundo víctima del capital y el libre mercado? Será más bien de su ausencia…
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Lunes, 16 de febrero 2026
¿El Tercer Mundo víctima del capital y el libre mercado? Será más bien de su ausencia…
Editorial
En la revista on line In These Times.com, la escritora hindú Arundhati Roy
escribe un apasionado relato digno de Tolkien titulado “People vs. Empire” en
donde las fuerzas del mercado arrasan con las propiedades de los pobres en el
Tercer Mundo hundiéndolos en la miseria más absoluta. Los orcos de este relato
no podían son otros que las odiosas multinacionales que promueven la inequidad
económica y la desigualdad de los ingresos. El ensayo está espléndidamente
escrito, a pesar de ser falso desde la primera hasta la última línea.
El
tópicazo de la globalización como una nueva modalidad de colonialismo es la
muestra más absoluta de la ceguera que tienen gran parte de los intelectuales
frente a la realidad de los países pobres. Una de las mentiras más frecuentes
que suelen repetir es que los ricos inundan con productos subvencionados a los
consumidores del Tercer Mundo destruyendo sus débiles industrias locales.
Pues, la realidad es muy otra: la mayoría de los países pobres son
profundamente proteccionistas e impiden con uñas y dientes la entrada de
productos foráneos. Hace unos días, este periódico publicaba una nota de opinión
donde se describía la penuria por la que tenían que pasar los ciudadanos
paquistaníes para poder comprar un coche… ¡nacional! Esperas de meses y hasta
años para adquirir a precio de oro un automóvil obsoleto, vetusto y …
¡nacional!
Los villancicos de los anti-globalización repiten hasta el
hartazgo que son “las leyes del mercado y el capital” las que se imponen en los
países periféricos aumentando la brecha entre los ricos y los pobres. Como suele
ocurrir, los hechos desmienten los ruidosos y pegadizos eslóganes de la
pancarta. El gran problema de los países pobres es justamente la ausencia de
capitalismo, la ausencia de capital, el cual actúa como el impulsor de la
productividad del trabajo que permite la riqueza de las naciones.
El
capital es aquello que los países pobres, por sus deficientes políticas en
defensa de los derechos de propiedad, parecen no poder producir. Como nadie
confía en nadie, las posibilidades de inversión se esfuman. Si el Tercer Mundo
fuera como dice la oratoria progresista víctima del libre mercado, aquellos
paupérrimos países encabezarían los rankings de libertad económica que
anualmente publica la Heritage Foundation.
Sucede a la inversa:
cualquier persona inteligente lo pensaría dos veces antes de invertir en tierras
populistas donde la moneda se desprecia todos los días y la corrupción nos
acompaña a cada paso que damos. Ese el “misterio del capital” del que habló el
economista Hernando de Soto al resaltar la enorme diferencia que hay entre tener
una casa y en tener la escritura de esa casa. Los ladrillos no valen nada si no
van acompañados de títulos de propiedad que reflejen ante la ley el valor de
esos activos. Allí radica la diferencia entre los ricos y los pobres, aunque los
anti-globalización sigan sin enterarse.
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