“Por lo que puedo recordar, el único momento en el que una voz destacada atacó a un banco central por ser demasiado inflacionario fue el de The Economist de mayo de 1998, atacando a la Reserva Federal por crear la burbuja tecnológica a través de políticas monetarias inflacionistas, y le pedía que elevara los tipos de interés”.
Políticas Públicas
Una de las características más destacadas del debate económico “corriente” en casi todos los países en casi cualquier momento es la penosa popularidad de la política monetaria inflacionista. Casi nunca se escucha a ningún político destacado o a ningún crítico atacando a los bancos centrales por fomentar demasiado la inflación. En el mejor de los casos se callarán, o dirán estar complacidos con la política corriente actual tal y como está, pero particularmente si el crecimiento se hace de rogar atacarán a los bancos centrales incluso por fomentar la inflación.
A pesar del hecho de que el Banco Central Europeo (ECB) está fomentando la inflación mucho más de lo que debería, no sólo según los estándares Misesianos sino también según sus propias normas políticas, es casi universalmente condenado por los políticos y por los críticos por su reticencia a reducir los tipos de interés incluso más y fomentar la inflación un poco más. Por lo que puedo recordar, el único momento en el que una voz destacada atacó a un banco central por ser demasiado inflacionario fue el de The Economist de mayo de 1998, atacando a la Reserva Federal por crear la burbuja tecnológica a través de políticas monetarias inflacionistas, y le pedía que elevara los tipos de interés.
¿Entonces, qué es responsable de la popularidad de las políticas inflacionistas? Ciertamente no es que la inflación sea universalmente beneficiosa, porque no lo es. En el mejor de los casos, tendrá un efecto puramente redistributivo, beneficiando a algunos grupos a expensas de otros, pero sobre todo, entonces será peor y en última instancia destruirá riqueza. Mientras que algunos aún pueden beneficiarse de ello, el perjuicio para otros probablemente será mayor.
Un motivo de la popularidad de la inflación es que siempre es conveniente para los políticos poder culpar a la “ajustada política monetaria” por un crecimiento poco brillante. De ese modo, la gente no les culpa de sus políticas. Muchos de los que atacan al ECB son políticos de países estatistas del bienestar social con crecimientos lentos variables, como Alemania, Francia o Italia, y George Bush padre culpó como es sabido a la presunta “política monetaria ajustada” de Alan Greenspan de la pérdida de sus elecciones en 1992.
Otro motivo es que la gente que se beneficia de la inflación está mejor organizada y mejor informada de lo que lo está la que sale perdiendo. Dado que los precios de los productos son normalmente menos rígidos que los salarios, el efecto de la inflación a corto plazo es normalmente incrementar los beneficios corporativos al tiempo que reduce la paga real de los trabajadores. Y dado que las corporaciones están normalmente bien organizadas con grupos de presión eficaces, tienen mayor influencia. Mientras tanto, los sindicatos de trabajo, que afirman representar al trabajador, están despistados en la materia, y en la práctica ellos mismos promueven la inflación incluso aunque perjudica a sus miembros.
Esta desorientación está extendida entre los miembros de la extrema izquierda, que normalmente favorecen la inflación con la inocente creencia de que perjudicará a los viejos ricos con mayores activos bancarios y efectivo, incluso aunque los ricos normalmente tienen casi toda su riqueza en activos tangibles como acciones y propiedades inmobiliarias, lo que significa a su vez que se beneficia, de la inflación del precio de los activos generada por la política monetaria inflacionaria. Llamativamente, recientemente apareció un artículo de Mike Whitney en la revista izquierdista Counterpunch que reconocía que la inflación no se encontraba entre los intereses de la gente con ingresos bajos. No obstante, desafortunadamente, es una voz solitaria en la izquierda.
El motivo más importante quizá es, por supuesto, la extensa popularidad de teorías económicas como el keynesianismo, el monetarismo y la economía de suministro, que presentan a la inflación como beneficiosa para la economía – al menos mientras sea moderada. Engañan a la gente en parte, presentando la inflación como algo que se necesita para mantener el crecimiento de la economía. De la “deflación”, como aluden a la caída de los precios, se dice que es la peor calamidad que cualquier economía puede sufrir, incluso si es sólo moderada e incluso si es el resultado de la creciente producción en lugar de la caída de suministro monetario, y por lo tanto, el Banco Central tiene que proporcionar “liquidez” para evitar esto. Del crecimiento del suministro monetario se dice falsamente que es un requisito necesario para la prosperidad.
Otro modo vinculado en el que los economistas pro-inflación popularizan la inflación es el uso de diversos eufemismos para la inflación. Casi nunca dicen que desean una política monetaria inflacionista. En su lugar, dicen que quieren una política monetaria “expansionista” o “laxa” o “estimulante” o “acomodatoria”, o que quieren que el Banco Central “proporcione liquidez”. De ese modo, dan a todo el mundo la impresión de que su política incrementará la producción en lugar de los precios, o de que simplemente están respondiendo a la demanda del mercado y a las señales del mercado.
Otro método más que utilizan los economistas pro-inflación es el método de engaño expuesto por Frédéric Bastiat y Henry Hazlitt: al centrarse solamente en los efectos a corto plazo de la inflación, se alejan de la vista los efectos a largo plazo. Dado que el efecto a corto plazo de la inflación normalmente (pero no siempre) es elevar la producción en la práctica, y dado que los primeros receptores del recién generado dinero pueden ver el efecto inmediato de disponer de más dinero y recibir créditos a tipos de interés más bajos, los efectos de la inflación a corto plazo son positivos. Lo que no se dice es que esto elevará los precios y reducirá por lo tanto el poder adquisitivo de los receptores últimos, que son excluidos del mercado de bienes y servicios por los primeros receptores, y el efecto negativo que tendrá esto sobre el crecimiento. Dado que existe un retraso entre la creación de dinero y el incremento de los precios, no es directamente obvio para todo el mundo que lo primero causa lo segundo. Y los economistas pro-inflación son muy activos negando este vínculo, mientras dicen a todo el mundo que algún factor no monetario causa el incremento específico de los precios.
Hablan del incremento de los precios americanos de la gasolina, o de los nuevos ricos chinos, o de la OPEC, o de compañías avariciosas responsables de los precios cada vez más altos de la gasolina, o de “un mercado de trabajo ajustado”, o que “sindicatos irresponsables” han hecho que los salarios crezcan, lo que a su vez ha forzado a las compañías a incrementar los precios, o que el clima frío ha hecho que los vegetales se encarezcan, y demás. Pero muchos de estos factores “no monetarios” son en última instancia el resultado de incrementos previos en el suministro monetario, e incluso en la medida en que no lo son, los precios no se habrían elevado tanto sin el suministro de dinero previo. Al cortar el vínculo entre el creciente suministro del líquido y el crecimiento de los precios (o la ausencia de precios bajos), los economistas pro-inflación ayudan a que la gente tenga la impresión de que el único resultado de la inflación monetaria son los efectos visibles positivos de los primeros receptores del dinero, al tiempo que niegan su vínculo con los efectos negativos sufridos por los receptores últimos. A causa de estas personas, sólo vemos el efecto presuntamente estimulador sobre la economía, mientras que no vemos el vínculo con la debilidad posterior que causa.
En pocas palabras, vemos que la popularidad de la inflación es el resultado de grupos de presión por parte de intereses especialmente activos, en colaboración con los economistas que engañan al público negando sus efectos negativos.
Fuente: LewRockwell.com
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