Política

Contra las cuerdas

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, se encuentra en una posición incómoda tras las revelaciones sobre las actividades de su hijo en el programa “Petróleo por Alimentos”, en momentos que aparecen en algunos medios de Estados Unidos llamados para que renuncie.

Editorial
Este programa se encuentra en el centro del mayor escándalo de corrupción
relacionado con ayuda humanitaria en la historia de la ONU, y es objeto de
varias investigaciones, entre ellas la de una comisión independiente creada por
Annan y dirigida por Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal
estadounidense.

Según publicó el diario iraquí Al-Mada, habría implicados
en el escándalo 270 individuos y entidades en unos 50 países presuntamente
involucrados en el gran fraude global que resultó ser el citado programa de
asistencia humanitaria de la ONU.

Los orígenes del programa se remontan a
las sanciones que la ONU impuso sobre Irak luego de su invasión de Kuwait en
1990, según las cuáles Saddam debía retirarse del país invadido y desarmarse.
Ante la negativa del dictador, el entonces secretario-general, el peruano Javier
Pérez de Cuéllar, propuso que se permitiera a Saddam exportar acotadas
cantidades de petróleo a cambio de medicamentos y alimentos.

En 1995,
bajo la capitanía de su sucesor en la secretaría general, el egipcio Boutros
Boutros-Ghali, la ONU adoptó la resolución 986 que creó el programa
“Petróleo-Por-Alimentos”, cuyos detalles fueron negociados por el ghanés Kofi
Annán, entonces subsecreatario-general y líder de la primer misión de la ONU
enviada a Bagdad a acordar los términos del programa con Saddam Hussein. Para
cuando Annán asumió como secretario-general de la ONU, en enero de 1997, el
programa “Petróleo-Por-Alimentos” tenía apenas un mes de vida efectiva.


El dinero del programa provendría íntegramente del petróleo iraquí
mediante un gravamen impositivo del 2.2% por cada barril de petróleo que Irak
vendiera, más un 0.8% para financiar las inspecciones de armas en territorio
iraquí. El programa comenzó en diciembre de 1996 y terminó en noviembre del 2003
y en los siete años del programa, Irak exportó 65.000 millones de dólares en
crudo, aportando unos 46.000 millones al programa. Ahora se explica por qué los
inspectores de la ONU jamás encontraron rastros de armas de destrucción masiva
en Irak.

Claudia Rosset, investigadora del Hudson Institute, ha revelado
una oscura trama de corrupción y mafias donde existen varios implicados.
Inicialmente diseñado para asistir al pueblo iraquí, el programa de la ONU
rápidamente se transformó en un negociado colosal para el liderazgo baathista y
sus socios y allegados. El banco elegido para administrar los fondos que
surgirían del programa fue un banco francés, el BNP Paribas, el que tenía como
uno de sus mayores accionistas al iraquí-británico Nadhmi Auchi,
empresarialmente vinculado a Saddam en los años ochenta. La firma auditora fue
originalmente Lloyd´s Register de Gran Bretaña, pero en 1998 fue reemplazada por
la firma suiza Cotecna Inspections, en la que Kojo Annán (hijo de Kofi) era
consultor. Hace unos días, el portavoz de ONU, Fred Eckhard informó que el joven
Annan, ex empleado de Cotecna, siguió cobrando suculentos honorarios como asesor
de la firma hasta febrero del 2004, aunque hacía meses que había renunciado.


Este escándalo se suma a las acusaciones de acoso sexual que pesan sobre
Annan, y a otros asuntos oscuros como la aparición de la caja negra de un avión
en un despacho de la ONU y el lamentable suceso que se supo en estos días sobre
el pago por prostituirse a niñas en el Congo a cargo de Cascos Azules.


Si Kofi Annan fuera el CEO de una multinacional ya hubiera sido forzado
a renunciar muchos meses antes. Pero esto es la ONU y toda parece posible.
Existe evidencia suficiente para exigir que ruede la cabeza de Anann, que a fin
de cuentas no es más que un burócrata bien pagado y de quien sólo recordamos su
estrepitoso fracaso al mando de las fuerzas de pacificación enviadas a detener
el genocidio de Ruanda en 1994. Si Annan es un hombre honorable, debería
renunciar, y si no lo es, debe ser removido de su cargo.

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