Los medios informativos, que ocasionalmente hablan de las bandas de mendigos explotadoras de niños, rara vez narran las acciones de los abusadores, los violentos y pendencieros que acosan a los ciudadanos, en especial a las mujeres. Y que frecuentemente se matan entre ellos.
Era una señora encantadora, según sus vecinos. Pero un mendigo de los que no son afables, sino broncos y provocadores, la siguió, la acuchilló hace cuatro días, la decapitó y exhibió su cabeza por la calle proclamándose “profeta de Dios”.
Ella era Jennifer Mills-Westley, británica de 60 años, jubilada y turista habitual en Tenerife, y él un mendigo búlgaro de 28 años llamado Deyan Valentínov Deyanov, conocido por su agresividad y provocaciones permanentes en la playa de Los Cristianos.
Una vida humana segada —sesgada, dice Zapatero— por un hombre peligroso que había estado a tratamiento psiquiátrico meses antes, y que oficialmente era inmigrante ilegal porque, aunque Bulgaria firmó en 2007 su adhesión al acuerdo de libre circulación de Schengen, sus naturales, como los rumanos, no tendrán derechos plenos hasta el 1 de enero de 2012.
Pero eso sería lo accesorio.
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