“La democracia cesó oficialmente el viernes a las 21:30, cuando el Presidente de la República murió en el intento de respetar y hacer respetar la Constitución. Desde este día en adelante, el Mandatario tiene una nueva banda presidencial “El Estado soy yo”. Bajo esta premisa se arrogó funciones que solo corresponden al Congreso Nacional, fue aún más lejos, e intervino en otra función del Estado en forma directa.”
Democracia
Réquiem. La
democracia cesó oficialmente el viernes a las 21:30, cuando el Presidente de la
República murió en el intento de respetar y hacer respetar la Constitución.
Desde este día en adelante, el Mandatario tiene una nueva banda presidencial “El
Estado soy yo”. Bajo esta premisa se arrogó funciones que solo corresponden al
Congreso Nacional, fue aún más lejos, e intervino en otra función del Estado en
forma directa.
El Mandatario
decidió escuchar al miedo y no a la razón. Desde la represión desproporcionada a
las protestas ciudadanas, hasta la declaración del estado de emergencia,
conculcando los derechos ciudadanos por temor a la simple indignación de
ciudadanos que no aceptan que haya permitido impunemente el regreso de un ex
Presidente y prófugo de la Justicia.
No hay salidas a
corto plazo si el mapa estratégico del Mandatario, trazado con bases ilegítimas,
permanece inalterado: el apoyo irrestricto de las Fuerzas Armadas (gracias a la
reingeniería que él mismo dirigió).
Segundo, el apoyo
de los Estados Unidos, gracias al ofrecimiento del Gobierno de firmar el acuerdo
sobre el artículo 98 (que ofrece inmunidad a los soldados estadounidenses en
este territorio) y a las negociaciones del TLC y, por último, si la red judicial
de defensa creada por el cambio abrupto de la Corte Suprema, el Tribunal
Constitucional y el Tribunal Supremo Electoral (este arreglo inhibe cualquier
acción que pueda tomarse contra él o su entorno cercano) sigue en
funciones.
Pero hay dos
elementos que no han entrado todavía en el análisis presidencial. La estrategia
mediática se está derrumbando. La verdad al revés como esquema de información ha
generado más rechazo e indignación que líneas de apoyo. El desconocimiento y
tergiversación de la realidad son propios del fascismo y los ciudadanos comunes
y corrientes están protestando también contra esta forma de control, tan o más
grave que los gases lacrimógenos.
Los cacerolazos
también son una respuesta ciudadana contra un Gobierno experto en pronunciar la
verdad al revés, en diseñar campañas de publicidad que echan lodo contra todo y
contra todos, en desconocer por completo la insatisfacción y el desaliento. Los
caminos políticos y sociales se le han cerrado y a través del decreto de
emergencia están recorriendo el camino de la fuerza.
El Mandatario
tampoco se ha dado cuenta de que su decreto pone una alarma general a la
Organización de Estados Americanos (OEA) por romper flagrantemente los
principios de la Carta Democrática y al Secretario General de Naciones Unidas,
que ya ha levantado a su manera una tarjeta amarilla contra el Estado
ecuatoriano.
El coronel
Gutiérrez tiene el tiempo que demore la elección del nuevo Secretario General en
el primer caso y, el tiempo que el Secretariado de la ONU envíe emisarios
especiales. Si estas dos cosas suceden, Estados Unidos se verá obligado a
reconsiderar ese respaldo tácito o explícito en el cual el coronel Gutiérrez
reposa.
Quito se ha
convertido en escenario de comuna, porque ni los partidos ni los movimientos
políticos supieron canalizar la expresión ciudadana; y donde ahora la única
demanda es la salida del coronel Lucio Gutiérrez y con él de toda la clase
política. ¿Cuánto más resistirá el Régimen la presión interna y la
internacional?
Fuente: El Comercio –
Ecuador
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