“Todos quieren cambiar la geopolítica. Lula y Chávez “diseñan” un nuevo concepto de alineación política/estratégica para hacerle frente a posibles intromisiones de Estados Unidos en sus asuntos internos.”
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Lunes, 19 de enero 2026

“Todos quieren cambiar la geopolítica. Lula y Chávez “diseñan” un nuevo concepto de alineación política/estratégica para hacerle frente a posibles intromisiones de Estados Unidos en sus asuntos internos.”
Grace Jaramillo
Arman una cumbre árabe-latinoamericana con el fin de crear una nueva estrategia
de contención con el fin de atemorizar a Washington en la mitad de su cruzada
contra las naciones hostiles, entre ellas, Iraq, Cuba y hasta Venezuela. Pero
nada.
Todo simplemente es una escenografía impresionante, pero sin
mayores pretensiones en la real politik internacional en la cual siguen todos
haciéndole el juego al statu quo, con ciertas jugadas de distracción,
convenientes de acuerdo a las circunstancias. Vamos por partes.
La
estrategia de Lula se inscribe en una especie de subimperialismo
sudamericanista, que busca afianzarse en la región ante la silla vacía dejada
por los mismos Estados Unidos. Mientras los ojos de los Estados Unidos están
volcados a los problemas del terrorismo y de Medio Oriente, Brasil funge de
hermano mayor, absolutamente funcional a las necesidades inmediatas del
continente y del país del norte. Veamos solo el ejemplo del Ecuador.
El
Gobierno brasileño fue más allá que el norteamericano en tildar la destitución
del presidente Gutiérrez como inconstitucional y demostrar que puede por sí
mismo y por iniciativa propia, sentar un precedente mucho antes y aún durante la
intervención de una OEA, que vino básicamente por pedido estadounidense.
Brasil quiere convertirse en el candidato por excelencia de los Estados
Unidos para ocupar un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas, dejando de lado las aspiraciones argentinas y posiblemente chilenas.
Reconozcámoslo, Brasil está haciendo méritos. La visita de Condoleezza Rice a
Brasilia demostró que –después de todo- los intereses no son tan dispares. Y,
que en el fondo y en la forma, los dos países tienen la misma idea de cómo deben
marchar las democracias de la región. La estrategia brasileña es conveniente
para todos. Si Brasil demuestra en la práctica que puede “manejar la región”,
Estados Unidos sale favorecido con cero costos. Hasta ahora los sudamericanos
–desde Chávez hasta Lagos- se han cobijado con la esperanza de contención
brasileña, en lugar de quejarse, y todo queda entre compadres.
La
esperanza del eje Lula-Chávez-Kirchnner como una fuerza de contención
anti-imperial es un espejismo más de la izquierda que ve solo lo que quiere ver.
Siendo realistas, a Estados Unidos le preocupa la región, pero ésta no le quita
el sueño. Mientras la OEA sea un muerto que goza de buena salud y se reactive
bajo su mandato, todo estará tranquilo. Después de todo, los acuerdos
bilaterales y trilaterales de todo tipo le siguen funcionando a la perfección.
Y las élites políticas y económicas de los países de la región siguen
dependientes de sus pares en Washington, Miami y Nueva York. Por supuesto que
puede haber sorpresas: Bolivia y Ecuador son dos de ellas, porque son escenarios
que ni EE.UU. ni Brasil han querido todavía entender, donde todo opera sobre una
lógica histórica de pobreza y desigualdad asfixiantes.
Esto siguen sin
entenderlo los adalides de las reformas democráticas que todavía creen que la
calentura está en las sábanas. Ecuador acaba de lograr una tregua, Bolivia sigue
incendiándose.
Fuente: El Comercio –
Ecuador
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