“El coronel Lucio Gutiérrez, presidente improvisado, se complicó de pronto en su papel de Houdini de la política ecuatoriana. Cuando se le tenía ya como un experto en escapar de los peligros y los encierros, se enredó y apareció demacrado, tumbando cortes y amenazando con emergencias.”
Jorge Ribadeneira
Volvió a funcionar ayer la “rectificadora Gutiérrez” y se esfumó el sorpresivo “Estado de Emergencia”. Lo cierto es que el Coronel –quien parecía otra vez a salvo el miércoles- se confundió durante la votación del jueves y se asustó con los ruidos y gritos del viernes. Ya no hay más retros.
La tumbada de la Corte –pase lo que pase- le deja al hombre en una situación más que delicada, casi tambaleante. Su gesto -invadir sin tapujos la jurisdicción de otro poder del Estado- no fue vista como una hazaña sino como lo peor que le puede suceder a un gobernante electo en las urnas.
Esto es, despojarse –aunque sea a medias- voluntariamente del manto constitucional, su mejor defensa. Llamarle dictador no es ya entusiasmo de algunos. Hoy se llenan la boca por millares, más aún los que sienten felices de constar entre los “forajidos”.
El caso Bucaram y la inspiración y rabia de una emisora política hicieron lo suyo, según consta ya en la historia y la anécdota del Ecuador. Gutiérrez rompió más de un pacto pero mantuvo el más complejo, suscrito para ganar la segunda vuelta. Solo eso explica su entusiasmo por el retorno de su ex jefe aunque al final ya no tuvo control sobre la fecha del regreso.
Eso lo decidieron Abdalá y Pichi cuando peligró la Corte de los Milagros. Ahora o nunca, fue el lema de los ñaños. Por añadidura, el “loco que ama” llegó –según sus palabras- más loco que nunca y Quito se llenó otra vez de ira, ocho años después de la vorágine de 1997. ¿Por qué no hizo votar Gutiérrez a los suyos por el cese de la Corte, el jueves? ¿Qué tal si doña Jimena se convertía en el voto 51? Si eso sucedía, estaba a salvo otra vez, con el aporte del semi frustrado paro del miércoles. ¿Temió quedar en las manos del Lyon y sin el apoyo de Bucaram? ¿Salvado pero jodido?
El miércoles, cuando Ayerve proclamaba el fracaso del paro, comenzó el “cacerolazo” de la radio La Luna, bajo la inspiración de un Paco Velasco, adversario implacable de Lucio el tirano desde que éste rompió con Pachakutik. Pero no solo funcionaron Paco y La Luna. Pesó la rabia reprimida del público contra el Gobierno y los políticos, incapaces de solucionar un problema que causa daño al país.
El coronel Lucio Gutiérrez, presidente improvisado, se complicó de pronto en su papel de Houdini de la política ecuatoriana. Cuando se le tenía ya como un experto en escapar de los peligros y los encierros, se enredó y apareció demacrado, tumbando cortes y amenazando con emergencias.
Ahora su gran escape está mucho más difícil que el lunes, el martes, el miércoles y el jueves. Que nunca. La sorpresa del viernes no sirvió para frenar la avalancha. Al contrario, removió todo lo que se había acumulado en 25 meses, incluyendo microfonitis, parientitis, corrupcionitis y el resto.
Lo más lamentable es que se sigue oscureciendo el futuro del país. Además, no cuenta solo lo actual. Vuelven a la memoria los sucesos críticos de los últimos 26 años de vigencia de una pobre constitucionalidad.
Funciona la angustia popular reflejada en la búsqueda de personajes novedosos -un loco, un coronel- y, al mismo tiempo, el anhelo de evitar nuevos derrumbes presidenciales. Una etapa marcada por una lucha entre elementos positivos y negativos de la democracia. Todo mientras la popularidad y la curiosidad sacan a flote la pregunta del día de los nuevos radioescuchas: ¿quién es Paco de La Luna?
Fuente: El Comercio – Ecuador
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR