Aunque los ojos del Departamento de Estado parecen estar puestos en el comportamiento de Chávez en Venezuela y la resistencia de las FARC en la violenta Colombia, un eventual triunfo del Frente Sandinista en la Nicaragua de 2007 los haría voltear raudos hacia este rincón del hemisferio. Eso explica mucho sobre su “cadena de males”, a la que ahora suman al “populismo radical”.
Seguridad
La ven como una amenaza admitida oficialmente y con todas sus letras. El
“populismo radical” en América Latina es para el Departamento de Estado un
peligro tan nocivo, como el terrorismo y el narcotráfico.
“Son
movimientos que socavan las democracias”, dice un alto jefe militar del Comando
Sur de Estados Unidos, quien lo califica además como un eslabón más de “una
cadena del mal”, que la Administración de George W. Bush está dispuesta a romper
en el hemisferio.
Un eventual triunfo del sandinismo en Nicaragua (una
opción política con raíces populistas) durante las elecciones de 2006,
oficialmente no preocupa a Washington, pero despierta su interés.
“No
hablamos sobre especulaciones”, se adelanta a decir Linda Jewell, Vicesecretaria
Adjunta de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, aunque
inmediatamente señala que “Nicaragua es de sumo interés por dos razones: la
continuidad de su sistema democrático y la destrucción de sus misiles
portátiles.
“Es que hay que entender que después del 11 de septiembre,
las cosas han cambiado, el mundo ha cambiado”, advierte Jewell. “Nuestra
seguridad interna depende de la seguridad de nuestros vecinos en la región”,
agrega.
Democracia y
seguridad
Estados Unidos tiene entre las amenazas a la
región, el terrorismo, la droga, el secuestro, el tráfico de personas, la
migración masiva y el lavado de dinero, como amenazas reales a los países que
conforman el hemisferio occidental. Hoy suman dos nuevas: “El populismo radical”
y las maras o pandillas juveniles violentas en otros países de Centroamérica.
“Es que ya no basta la democracia, debe haber seguridad también”, añade
Róger Pardo Maurer, Vicesecretario Adjunto de la Oficina de Programas de
Seguridad Internacional del Departamento de Defensa. “Nosotros apoyamos esa
democracia y trabajamos en conjunto con cada país en esa seguridad”, añade.
Pardo Maurer explica que hay dos mensajes claros en esto. El primero es
de soberanía efectiva. Dice que Estados Unidos busca apoyar a cada país para que
ejerza soberanía sobre sus territorios, y el otro es la búsqueda de alianzas
para combatir el crimen organizado.
Señala como ejemplo los logros
alcanzados en Colombia, un país que hasta hace unos años vivió cercado por las
FARC, el ELN y los paramilitares, todos calificados por Washington como
organizaciones narcoterroristas.
“Colombia es un país que quiere
recuperar su territorio”, agrega Jewell, al mencionar que a meses de finalizar
el Plan Colombia, la Administración de Álvaro Uribe tiene presencia en cerca del
80 por ciento del territorio colombiano. “Eso hace unos años era una utopía”,
agrega.
Guerra a los males
Según los funcionarios, los resultados en Colombia son posibles gracias
a la cooperación estadounidense, que en ese país se calcula en más de 3 mil
millones de dólares en los últimos cuatro años.
De acuerdo con los
cálculos oficiales, la ayuda se ha reflejado en una significativa reducción del
cultivo de coca en Colombia en 2003, y la atención a cerca de 12 mil alzados que
han solicitado su reintegro a la vida civil.
“Es una forma de ligar la
democracia con la seguridad”, agrega Pardo Maurer. El alto funcionario explica
que antes de los ataques de septiembre de 2001, Washington colaboraba de forma
bilateral en la lucha contra el narcotráfico, pero después del 11-S, esa lucha
ha alcanzado niveles aún más complejos.
“Hoy no podemos separar el narco
del terrorismo, ambas son una amenaza al Estado y a la sociedad. Hay una
combinación antisocial, son males que vienen unidos como salchicha. Son amenazas
que en ´las Américas´ no podemos enfrentarlas individualmente, trasciende
fronteras, tenemos que colaborarnos entre sí”, recomienda el funcionario del
Departamento de Defensa.
Dilemas del
hemisferio
Pero Washington alerta de nuevos peligros.
Señala que los grupos “populistas radicales” están desestabilizando a las
estructuras democráticas. En ocasiones, dicen, son gobiernos democráticos los
que con mecanismos “populistas” amenazan la estabilidad del hemisferio.
Lo dijo Condoleezza Rice, primero en Sudamérica y después en Washington.
Indicó que una de las situaciones más difíciles en la región es que quienes
habían sido elegidos democráticamente, se transformaban en gobernantes
antidemocráticos. El blanco de esos señalamientos es el presidente venezolano
Hugo Chávez.
Chávez recién había expulsado a funcionarios
norteamericanos acusados de espiar su Gobierno. Compró aviones de guerra y
armas. Recientemente en Cuba declaró su revolución bolivariana como un régimen
socialista.
En la semana que finalizó, el líder sandinista Daniel Ortega
declaró su simpatía al régimen chavista, con cuyo líder hasta coincidió en Cuba.
Las imágenes de Chávez, Castro y Ortega fundidos en abrazos más que políticos,
le dieron la vuelta al mundo en una especie de muestra de lo que el mismo Chávez
denominó como un cóctel de “comunismo radical”.
“Lo que pasa en
Venezuela es una cosa trágica en estos momentos. Son políticas que van en otro
sentido”, dice Pardo Maurer. Jewell se limita a decir que en el caso de
Nicaragua, hay lazos fraternos, una buena comunicación con su mandatario y el
respaldo total de su gobierno a Enrique Bolaños.
Por supuesto, otro
sería el escenario con los sandinistas en el poder. “Lo que nosotros esperamos
es que en Nicaragua haya continuidad a su sistema democrático”, advierte Jewel.
La jefa de la diplomacia estadounidense fue clara en Colombia, cuando un
reportero le consultó sobre el cinturón de opositores en el patio trasero de
Washington. “Estén seguros que quienes compartan nuestra visión encontrarán un
amigo en Estados Unidos”, dijo Rice, al finalizar su visita de 18 horas en
Bogotá.
Los Sam-7 y la fe de
Washington
Sobre los misiles portátiles en manos del
Ejército nicaragüense, el Departamento de Estado ha declarado su confianza en su
destrucción completa. “Contamos con la voluntad del presidente Bolaños”, dicen.
Esperan que los Sam-7 ya no estén en los inventarios de las Fuerzas Armadas
antes que Bolaños deje la silla presidencial. Por supuesto, el Departamento de
Estado está claro de las dificultades políticas que el Presidente enfrenta y no
lo sorprenderá un cambio de planes.
“Es allí donde funcionan las
alianzas entre nuestros ejércitos”, dice un coronel del Comando Sur. ¿Cuál sería
el papel de este Ejército con un “gobierno populista”, adverso a Washington?
“Ese es un reto, tenemos fe en las alianzas que hemos establecido”,
responde. “Del Ejército esperamos lealtad a su país, a su Constitución, creemos
poder persuadirlos de esa fidelidad y no a la de un movimiento”, agrega.
Aunque se ha manejado que el tema de los Sam-7 ha desembocado en
“relaciones frías” entre el Ejército de Nicaragua y el Departamento de Estado,
la fuente militar dice que se manejan bajo “buen clima”. “Hay colaboración, se
mantiene y así seguirá, es lo que el Departamento de Estado nos ha dicho”,
comentó.
“Salchichas del
mal”
Los últimos meses, versiones periodísticas han
advertido de la posibilidad de que movimientos de izquierda en la región sean
infiltrados por movimientos armados, en una especie de regionalización de su
accionar. Washington la admite por ahora como una conjetura a tomar en cuenta
para la estabilidad del hemisferio occidental.
“Es una conjetura, pero
recuerden que sabemos dónde comienza la salchicha del mal, pero no donde
termina”, dice una voz del Pentágono.
Fuente: El Nuevo Diario – Nicaragua
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