Política

El 60º aniversario de la II Guerra Mundial

En el calendario de fechas conmemorativas de Rusia, el 9 de mayo ocupa un lugar especial. Difícilmente hasta hoy día, pasados los 60 años, en el país se halle una familia no afectada por las llamas de aquella guerra. Las duras pruebas que les tocaron la suerte de los pueblos de la Unión Soviética descubrieron la grandeza del espíritu humano y revelaron numerosos ejemplos de heroísmo, hazaña personal y de verdadero patriotismo.

Educación
Justamente por esto aquella guerra entró en la historia de nuestro país como la
Gran Guerra Patria. Los próximos festejos con motivo del 60º aniversario de la
victoria tienen un significado profundamente simbólico, tanto para la nación
entera como para los ciudadanos.

Además, se quedan las enseñanzas que la
comunidad mundial sacó de los acontecimientos de más de medio siglo, pero que no
han perdido hoy su importancia. No es casual que en vísperas del 60º aniversario
de la victoria en muchos países se desplegaran discusiones agudas sobre el
particular. Además, a menudo no son disputas sencillas sobre la interpretación
de tal o cual suceso de la época de la guerra, sino que son evaluaciones morales
totalmente opuestas de sus resultados que tienen relación directa con la
política europea y mundial actual. Pues la historia es política dirigida al
pasado.

Precisamente por eso, al discutir el tema, somos moralmente
responsables ante quienes pagaron con sus vidas por la derrota del nazismo y
ante las generaciones nuevas que conocen la guerra de los manuales y películas.
La Segunda Guerra Mundial fue verdaderamente un acontecimiento que forma época.
No sólo fue una batalla global que superaba por su envergadura todos los
conflictos anteriores en la historia mundial. En ella entraron en colisión no
sólo los intereses de los Estados, ni siquiera las ideologías diferentes, sino
las visiones diametralmente opuestas e irreconciliables de las propias bases de
la existencia de la Humanidad. Por primera vez en la historia, en esta lucha se
apostaba a la vida de pueblos enteros. Las cámaras de gas y los crematorios de
Oswiecim, Buchenwald, Salaspils y campamentos de la muerte demostraron qué traía
el fascismo y qué futuro le preparaba al mundo el llamado “orden nuevo”.


La esencia de las tentativas de tergiversar la historia de guerra
consiste en la aspiración a atribuir los laureles de los triunfadores a las
democracias occidentales menguando el papel de la Unión Soviética y endosándole
la responsabilidad de desatar por Hitler la Segunda Guerra Mundial. Las
afirmaciones de la “exageración del aporte soviético a la causa de la Victoria”
no resisten ninguna crítica. En 1944 la extensión del frente soviético-alemán
fue cuatro veces mayor que la de todos los frentes en que combatían los aliados
de la URSS.

En aquel mismo período en el Frente Este combatían hasta 201
divisiones enemigas, mientras que a las tropas angloamericanas en aquel entonces
se les oponían de 2 a 21 divisiones. Incluso tras la apertura de la Segunda
Frente en Europa Occidental los aliados tenían 1.500 mil efectivos y los
alemanes, 560 mil. En aquel mismo tiempo en el frente soviético-alemán estaban
concentrados 4.500 mil efectivos alemanes contra los cuales combatían 6.500 mil
soldados soviéticos. Las tropas hitlerianas sufrieron sus pérdidas principales
en los combates contra el Ejército Rojo: el 70% de los efectivos y el 75% de
todo el material bélico (tanques, cañones y aviones).

Winston Churchill
escribía: “Fue justamente el Ejército Ruso el que sacó las tripas a la máquina
de guerra germana”. Ya en nuestros días le hace eco George Bush, quien dijo en
los festejos dedicados al 60º aniversario del desembarco de los aliados en
Normandía: “De no haber Rusia, no habría nada de eso”.

En 1945 no
dividíamos la victoria en tanto por ciento. Ni la dividimos ahora. Junto con
nuestros aliados conmemoramos el 60º aniversario de la apertura del Segundo
Frente y juntos festejaremos el Aniversario de la Victoria en Moscú. La Segunda
Guerra Mundial fue ganada por todos los aliados de la coalición antihitleriana.
Fue nuestra Victoria común. Pero nadie tiene el derecho a menguar el precio que
pagó nuestro país y nuestro pueblo durante la guerra ni a aminorar la escala de
los crímenes de los nazi, tanto más darles carácter heroico.

El
resultado principal de la guerra no sólo es la victoria de una coalición sobre
la otra. En rigor, es la victoria de las fuerzas de la creación y civilización
sobre las fuerzas de la destrucción y barbarie, la victoria de la vida sobre la
muerte. La guerra pasó a ser una gran tragedia para los pueblos de Europa y el
mundo, independientemente del bando a que se atenían sus Estados. Evaluando los
resultados de la guerra no se puede admitir la confusión de las referencias
morales. El presidente Vladimir Putin, interviniendo el 27 de enero de este año
en Oswiecim, dijo que son amorales las tentativas de pasar a limpio la historia
de la Guerra y igualar los derechos de las víctimas y los verdugos, los
libertadores y los ocupantes.

Junto con el pueblo, nuestra diplomacia
recorrió su camino hacia la Victoria. La creación de la coalición antihitleriana
puede ser llamada con razón el éxito diplomático más grande de sus tiempos. A
los adversarios del fascismo les unió la comprensión de que era necesario
contrarrestar el mal en común, sin escatimar fuerzas ni admitir compromisos,
concesiones o acuerdos por separado algunos. Esta enseñanza sigue siendo vigente
también en nuestros días.

La experiencia de la hermandad de armas
internacional en los años de la Guerra adquiere un significado nuevo cuando la
humanidad afronta de nuevo el reto global, esta vez de parte del terrorismo
internacional que no es menos peligroso y pérfido que el fascismo. Y no es menos
despiadada. Entre sus víctimas ya figuran miles de personas inocentes. Las bases
de la civilización otra vez se vieron amenazadas. El terrorismo, al igual que el
fascismo, no tiene nada que ofrecer al mundo, salvo la violencia y el desdén por
la vida humana, así como la disposición para pisotear todas las normas de la
moral humana, hasta las más elementales, en aras de conseguir sus fines
maniáticos.

Al igual que hace 60 años, es posible combatir semejante
amenaza únicamente sobre la base de la solidaridad y la confianza mutua. Los
“dobles estándares” con respecto al terrorismo son igualmente inadmisibles como
las tentativas de rehabilitar a los cómplices fascistas. Nuestro deber ante
quienes pagaron con su sangre por la salvación de la humanidad del fascismo
consiste, ante todo, en poner una barrera segura en el camino de las ideas de la
intolerancia, la superioridad racial, étnica o religiosa, detrás de las cuales
se ocultan las pretensiones de la dominación mundial que sirven de terreno para
las nuevas amenazas. La unidad de los países de la coalición antiterrorista, el
desarrollo armonioso de las relaciones entre las diversas etnias y confesiones,
la tolerancia y el respeto mutuo, el mantenimiento de la diversidad cultural y
el diálogo constructivo y abierto de las civilizaciones: esas son las
condiciones principales para combatir las fuerzas del odio, separatismo y
extremismo.

Parecen no menos importantes las enseñanzas de la Segunda
Guerra Mundial desde el punto de vista de la estructuración del orden mundial
después de la Guerra. Los resultados de la Guerra ejercieron un impacto profundo
sobre las relaciones internacionales. Incluso ahora, pasados los 60 años, cuando
el mundo ha cambiado muchísimo, los elementos del orden de postguerra siguen
manteniendo su importancia para garantizar la paz y seguridad en nuestro
planeta. La aspiración a librar la humanidad de las desgracias de la guerra
inspiró los países de la coalición antihitleriana crear un mecanismo global para
garantizar la paz y seguridad en el mundo: la Organización de las Naciones
Unidas. La Carta de la ONU se hizo base, aceptada por todos, del Derecho
Internacional contemporáneo y código fundamental de conducta de los Estados y
organizaciones internacionales. Sus principios y normas que pasaron las pruebas
de la “guerra fría” son actualmente una base sin alternativa para formar el
nuevo orden mundial seguro y justo de la época de la globalización.

El
60º aniversario de la victoria no debe ser pretexto para la confrontación ni
servir para ajustar las viejas cuentas y ofensas mutuas. Es simbólico que la
Organización de las Naciones Unidas declarara el 8 y el 9 de mayo Días de la
Memoria y Reconciliación. En este contexto, se celebrarán los actos festivos en
Moscú. Participarán en ellos más de 50 Jefes de Estado y de Gobierno y los
dirigentes de las organizaciones internacionales más importantes. Importa que la
próxima fiesta contribuya a la unión de todos los países y pueblos y sirva para
reforzar nuestra solidaridad de cara a los desafíos globales del siglo XXI.


* El autor es Embajador de Rusia en Nicaragua. Fuente: La Prensa – Nicaragua

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

No se encontraron resultados

Menú