En Chile no sólo los usuarios están preocupados. Se especula con paros del sector de la CUT a la vez que los gremios empresariales se quejan de las posibles pérdidas económicas. Médicos y epidemiólogos alertan por un incremento del 30% de gripes y resfrió si no mejoran las frecuencias.
Consecuencias del Transantiago
El gobierno de la Presidente Bachelet enfrenta una crisis global. No sólo ha debido asumir el segundo cambio de su gabinete en menos de 13 meses de gestión, sino que debe hacer frente a las severas críticas que provienen tanto de los partidos de oposición –muchos ya en campaña para el 2009- como de la sociedad chilena, muy disconforme con la implementación del sistema de transporte público.
Bachelet, a quien desde sus propias filas acusan de falta de liderazgo, reconoció hace una semana, ante la prensa chilena, que pensó en detener el nuevo modelo debido a las constantes críticas de los usuarios, pero que luego sus asesores le garantizaron que todo funcionaría bien. Finalmente, la crisis salió del radio urbano y se convirtió en global.
La Central Unitaria de Trabajadores, que en 2005 había paralizado el 40 por ciento de la fuerza laboral, generando un gran caos en Chile, advirtió hoy que de no existir un cronograma claro de soluciones irá al paro. En este sentido, el Ministro del Interior, Belisario Velasco, reconoció que el déficit en la oferta de colectivos no se revertirá antes de junio, pero que se prevé implementar soluciones temporales.
En Chile aseguran que el mal funcionamiento del Transantiago no afecta solamente al usuario del mismo. Los gremios empresariales y expertos económicos advirtieron que hasta el crecimiento será afectado. Se calculan pérdidas de hasta 400 millones de dólares mensuales, de no corregirse la situación
También, y teniendo en cuenta que el año lectivo recién comienza en Chile, especialistas y autoridades del Colegio Médico señalaron que la crisis en el transporte público puede incrementar en un 30% la contaminación invernal por influenza, debido a las miles de personas que colman el tren subterráneo y los cientos de usuarios que esperan en filas para tomar un bus en los puntos críticos de la ciudad, donde a veces la demora ha llegado a superar las dos horas de espera.
El Transantiago fue ideado para modernizar un servicio que aportaba el 70 por ciento de la contaminación capitalina y que era operado por cientos de microempresarios, que fueron reemplazados por diez consorcios.
Santiago exhibe niveles que superan ampliamente las normas internacionales de tolerancia de monóxido de carbono, ozono y material particulado grueso, lo que obliga a sus habitantes a vivir con restricciones de uso para los automóviles, el cierre de fábricas y la prohibición de practicar deportes en días de emergencia ambiental.
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