Nuestro mundo en el siglo pasado y en éste había conocido a algunos grandes como Churchill. Pero ninguno de ellos había llenado tan satisfactoriamente al hombre de nuestra centuria como S.S. Juan Pablo II, quien ha dejado un Legado de proporciones universales
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La crítica histórica y los pueblos han clasificado a tres de ellos con el nombre
del “Grande: León el Grande (440-461); Gregorio el Grande (591-604); y Nicolás I
el Grande (858-867). Y muy respetuoso de lo que los expertos le atribuyan en el
futuro, me atrevo basado en los hechos de un excepcional Pontificado, de que su
legado es de proporciones fuera de serie para llamarle, espero con toda
propiedad: Juan Pablo II El Grande.
Juan Pablo II, es indudablemente el
ser que en nuestra época se ha encontrado personalmente con el mayor número de
seres humanos, al haber visitado pastoralmente 104 países. Innumerables fueron
las personas a las cuales estrechó la mano, a las cuales habló en sus idiomas,
con las cuales rezó y a las cuales dio su Bendición Apostólica. Si su elevado
oficio creaba distancias, él irradiaba cercanía. Inclusive las personas más
sencillas, incultas, pobres nunca recibieron de él una impresión de
superioridad. Parecía que todos le conocían desde largo tiempo, como si hablaran
con un amigo o familiar cercano. Las encuestas indicaron el arrastre arrollador
que tuvo entre la juventud que le recibía desbordada por todo el mundo.
Casi todos le conocieron en el tiempo que pasó, incluidas personas de
otras denominaciones, razas, culturas que en su trance a la eternidad reconocen
como un ser humano excepcional. Me imagino que el Santo Padre aún en estado
agónico fue el motivo para que posiblemente centenares de seres humanos se hayan
convertido a la fe católica o hayan regresado. Su rostro, su manera
característica de, hablar, su profunda inmersión en la oración, su alegría
espontánea, su gran sentido del humor, se han grabado indeleblemente en la
memoria.
Ha sido el verdadero Papa de los tiempos modernos, con una
mezcla misteriosa de gran avanzada pero basada en los valores tradicionales,
destacándose como: Profeta, Misionero, Apóstol, Evangelizador, Comunicador de
Primera Clase, Políglota, Espiritual, Cerebral Promotor de la Justicia Social
repitiendo incansablemente; “sin justicia social no habrá paz”.
Nuestro
mundo en el siglo pasado y en éste había conocido a algunos grandes como
Churchill. Pero ninguno de ellos había llenado tan satisfactoriamente al hombre
de nuestra centuria como S.S. Juan Pablo II, quien ha dejado un Legado de
proporciones universales, en especial:
El respeto a la vida, opuesto a
la cultura de la muerte, enfatizando la santidad de la vida, la oposición a la
pena de muerte. La ética de la vida; la oposición a las guerras dando campo a
las negociaciones. Fue un instrumento a la caída del partido comunista en Europa
del Este, exponiendo su propia vida. Fue moderno; pero conectado profundamente a
los valores tradicionales. Siempre propició la unión con las Iglesias Cristianas
y fue muy abierto en su relación con los Judíos. Actuó siempre con mucho amor y
generosidad; pero con gran firmeza. Su espíritu de oración profunda y
sunimitable carisma le dieron una aureola antes desconocida, convirtiéndolo en
uno de los Pontífices más populares en la historia de la Iglesia, porque supo
quién era y qué era lo que debía hacer.
Tuvo la fortuna de ser persona
muy querida dentro y fuera de la Iglesia. Es en realidad un ser querido que
estamos perdiendo. Todos le recordaremos en su papa-móvil, como el Papa viajero
por todos los continentes. Iluminó a la Iglesia con un centenar de documentos,
con una gran devoción al Santísimo Sacramento y un amor filial y contagioso a la
Santísima Virgen María ante la cual se tornaba como un niño.
Por todo
esto, que los historiadores y críticos analizaran gradualmente, en un
Pontificado riquísimo, hoy nosotros los que estuvimos siempre en comunión con
él, le decimos con las Escrituras: “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu
Señor”.
Fuente: Diario de las
Américas
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