David Horowitz y Peter Collier
Conforme se acercan las elecciones de otoño, los Demócratas han desvelado su plataforma para la guerra de Irak: arrebatar la derrota de las garras de la victoria.
En el preciso momento en que los documentos capturados en el lugar de la muerte de Zarqawi indican que al-Qaeda manifiesta estar perdiendo su guerra contra el futuro iraquí y está tan desesperada que su única esperanza de prevalecer es meter a Estados Unidos en guerra contra Irán; en el preciso momento en que el gobierno democráticamente electo de Irak se está estableciendo como régimen en funcionamiento, y es cada vez más capaz militarmente de involucrarse con éxito contra los insurgentes -en este momento crítico para el futuro de Irak y de Oriente Medio, más de tres cuartas partes de los Demócratas de la Cámara han votado contra una resolución para “completar la misión”.
Por primera vez en la historia americana, un partido político relevante quiere que América huya de una guerra que estamos ganando.
Hemos llegado a una disyuntiva histórica. Lo que hace que los Demócratas rechacen responder afirmativamente a esta guerra para liberar un pueblo musulmán, romper el control de la sangre y el autoritarismo en la región más conflictiva del mundo y derrotar al terror en su frente central no es simple perversidad o juego de posturas antes de las elecciones de otoño. La elección de la capitulación por parte de los Demócratas tampoco es simplemente un reflejo -como tantas otras posturas que sostienen- de su odio patológico a George Bush. En gran medida de hecho, su odio insensato a Bush es odio a lo que representa esta guerra: América tomando las armas contra un mar de problemas tan turbulento como cualquiera que haya afrontado antes; América lleva la libertad al corazón del terror.
Que George Bush crea que América puede actuar sin disculparse, sin tambalearse de culpa que sus críticos están convencidos que mancha su historia, es el motivo por el que los Demócratas odian a Bush.
Es todo lo que el Partido Demócrata puede hacer para evitar apoyar públicamente la afirmación de la extrema izquierda del motivo por el que estamos en Irak: “Sangre por petróleo”. Y los Demócratas están ciertamente de acuerdo con la afirmación maligna de Michael Moore, aunque no está dispuestos a repetirla en tantas palabras, que los insurgentes iraquíes luchan contra una potencia ocupadora y que son por tanto el equivalente moral a los Minutemen de América.
Los líderes Demócratas nos harán creer que su presente derrotismo, que elaboran cínicamente como política de estado, es un reconocimiento puntilloso de los hechos sobre el terreno en Irak. Querían que Estados Unidos tuviera éxito, pero a causa de la propia mendacidad belicosa de Bush, se vieron forzados a reconsiderar ese apoyo. Aún así, Nancy Pelosi, la mujer que será portavoz, atacaba la guerra el 13 de abril del 2003, el día en que las tropas americanas derruían la estatua de Saddam Hussein. Apenas habían transcurrido dos meses desde que toda la cúpula Demócrata atacase al Presidente por “mentir” acerca del esfuerzo de Saddam por comprar uranio fisionable en Niger. La guerra contra la guerra había comenzado incluso en el primer atisbo de éxito. En cuestión de unos cuantos meses, Ted Kennedy estaba afirmando, que “La guerra del presidente ha resultado completamente innecesaria, insensata, falta de escrúpulos y sin cabeza”.
Teniendo en cuenta opiniones tales como éstas -la versión de los Demócratas de las obligaciones morales- las dificultades que ha experimentado Estados Unidos en Irak han sido para ellos un sueño hecho realidad. Su presente postura -América estaba destinada a fracasar- apenas queda a un paso de la postura de Noam Chomsky- América se lo ha buscado.
Y el resultado de estas posturas puede verse en el modo en que los Demócratas y sus aliados de los medios se han venido manejando. Para la administración Bush y las tropas de la coalición en Irak, las batallas han sido por Bagdad, Faluya, Mosul o Basora, todos conflictos con el enemigo sobre el terreno. Para los Demócratas y sus aliados de los medios ha sido Abú Ghraib, Guantánamo, Haditha o Níger. Todo batallas entre líneas contra nuestras tropas y su comandante en jefe. Para la administración Bush, el premio gordo ha sido Zarqawi, el decapitador en persona. Para los Demócratas ha sido Scooter Libby. La administración Bush falló con Osama bin Laden por los pelos; los Demócratas apenas fallaron con Karl Rove. La estrategia de la administración Bush es derrotar a las fuerzas del terror. Los Demócratas están llevando a cabo una guerra psicológica encaminada contra la moral americana -el factor decisivo de la guerra.
No es difícil concluir que los Demócratas quieren que América sea derrotada en Irak, y no es solamente su oportunismo electoral el que lo exige, sino su visión del mundo. Esto demuestra lo distinto que es el Partido Demócrata del que era hace una generación, cuando asumía con orgullo la directiva moral de la Guerra Fría contra la Unión Soviética. Los Demócratas actuales no guardan ningún parecido con los John F. Kennedy, Hubert Humphreys o los Scoop Jacksons, que vieron este conflicto previo en los mismos términos tajantes en los que Bush ve el presente conflicto, y cuyos momentos descorazonadores eran mucho más duros que los reveses que ha sufrido Estados Unidos en Irak. Tales hombres serían expulsados del Partido Demócrata hoy y condenados como excéntricos por su patriotismo.
La opinión del mundo de los Demócratas actuales fue creada hace una generación en la primera guerra que perdió América en el frente nacional, y no ha cambiado desde entonces. Al margen del timorato y a regañadientes apoyo de los Demócratas a la guerra en Irak -apoyo rápidamente retirado- y al margen de su insistencia ingenua en que los activistas “pacifistas” también “apoyan nuestras tropas”, los líderes de la izquierda del Partido Demócrata – Kennedy, Kerry, Carter, Gore, Pelosi, Murtha — vieron la guerra en Irak desde el principio como otro Vietnam. Cuando quiera que haya posibilidades de uso de la fuerza americana contra un enemigo que pueda contraatacar, para los Demócratas siempre es el año nuevo vietnamita.
Desde el comienzo de esta guerra han esperado impacientemente – por no decir ansiosamente- que las tropas americanas se hundieran en una “vorágine” en el desierto. Para ellos, un gobierno elegido democráticamente por alrededor del 80% de un pueblo es tan corrupto e ineficaz como lo eran los diems en Saigón hace alrededor de 40 años. Un incidente en Haditha es para ellos otro May Lai incluso antes de que la investigación para saber lo ocurrido realmente haya terminado. En todas y cada una de las declaraciones, los Demócratas se hacen eco del grito de guerra que dejó McGovern de 1972: “América, ven a casa“. Vuelve a casa a la derrota y la impotencia que siempre deberían haber contenido a los americanos antes de hacer del mundo un lugar mejor. Vuelve a casa para contemplar los pecados de la arrogancia y el imperio que se originan con la fundación de la nación. Vuelve a casa incluso si significa invitar a aquellos que te odian a despreciarte, o si significa que sigan con sus atentados suicida o sus envenenamientos en el metro o aviones de pasajeros secuestrados empotrados contra monumentos nacionales y hogares.
El General de Hanoi Nguyen Giap, el Clausewtiz de los Demócratas, dijo célebremente que su país no podría ganar sobre el terreno de batalla lo que no se hubiera ganado en las calles de América. Divide políticamente y conquista militarmente. Eso es lo que sucedió entonces. Eso es por lo que los líderes Demócratas están trabajando para que suceda hoy. En los años 60, los veteranos del Partido Demócrata contemplaron las tropas pacifistas en las calles de América desde el margen con resignación melancólica; los Demócratas de hoy han puesto toda la pasión narcisista y la insensatez moral del movimiento pacifista en el centro de su partido y las cámaras del gobierno, donde intentan implementar la estrategia de Giap por segunda vez. ¿Cuán diferentes son las diatribas de Pelosi, Reid, Murtha y Kennedy de las del lugarteniente de Osama bin Laden, Aymán al Zawahiri: “Oh, pueblo americano. Tu gobierno fue derrotado en Vietnam… tu gobierno ahora te lleva a perder una nueva guerra donde perderás dinero y a tus hijos“?
El ámbito preciso del declive de los Demócratas hasta la retirada puede encontrarse en el descenso de Teddy Kennedy con respecto a su hermano John. Ningún presidente durante la generación de la Guerra Fría hizo sonar el llamamiento a las armas de manera más elocuente que él, advirtiendo a los enemigos de la libertad que América “pagará cualquier precio, llevará cualquier carga, atravesará cualquier dificultad, apoyará a cualquier amigo, se opondrá a cualquier enemigo, con el fin de garantizar la supervivencia y el éxito de la libertad“. Pero eso era antes de que el movimiento pacifista lanzado por radicales americanos se saliera con la suya, antes de que Teddy y sus colegas hubieran capitulado de manera burlesca su autoridad moral y actuado al margen de sus agendas poniendo fin a la ayuda de América a los regímenes anticomunistas de Camboya y Vietnam.
Lo que los Republicanos llaman “deserción” está sacado directamente del libro que los Demócratas aprobaron una vez que hubieran dejado atrás a sus Humphreys, Jacksons y Jack Kennedys: suspender el compromiso y huir del caos que provoca esta acción. A continuación celebrar el desastre como triunfo moral.
La ola de radicalismo anegó la candidatura presidencial del Demócrata George McGovern en 1972 y el eslogan de su campaña, “Trae a casa a América”, que si hubiera tenido éxito habría reforzado a los enemigos de la libertad por todo el mundo. McGovern perdió las elecciones con el mayor margen de la historia americana, pero en las cenizas de la derrota, sus aliados y él fueron pudieron volver a establecer las normas que gobernaron el Partido Demócrata y dotaron de poder a las fuerzas radicales que han ingresado en él.
La distancia recorrida por los Demócratas a lo largo de la última generación está plasmada en alguien que se ha convertido en su alfa y su omega, otro J.F.K. que primero fue soldado en la guerra de Vietnam y después un detractor, primero partidario de la guerra en Irak y después un opositor. Mientras los Demócratas se habían alejado estratégicamente de las robustas políticas exteriores de John F. Kennedy hacia el 2004, eran conscientes de que la mayoría de los votantes no se habían desplazado con ellos. Por tanto, buscaban un candidato que pudiera proyectar una imagen “patriótica” o incluso militar. Como veterano condecorado que había votado a favor de la guerra de Irak pero que estaba patrocinado por su crítico más feroz, y que había comenzado a alejarse de ella, John F. Kerry parecía el hombre para el puesto.
Al ser presentado en la Convención Demócrata, el candidato saludó a los fieles y declaró, “Me llamo John Kerry y me presento para el deber”. Ninguna convención en los últimos tiempos había sido el escenario de fanfarria militar mayor. Kerry llegó con “la banda de hermanos”, veteranos de Swift Boat que habían mostrado su heroísmo bajo fuego en la guerra de Vietnam -una guerra librada treinta años antes de convertirse en el tema más emotivo de la convención. Pero la campaña de Kerry no parecía apreciar que Vietnam había terminado siendo la única guerra perdida de América, y que la carrera militar de Kerry había terminado promoviendo y celebrando esa derrota.
Otros veteranos de Vietnam no compartieron las opiniones de la visión de Kerry. Muchos despreciaron a un hombre al que asociaban con Jane Fonday otros activistas pacifistas que habían celebrado una victoria comunista y la derrota de América. No recordaban a Kerry por su servicio militar, sino por sus opiniones ampliamente difundidas en televisión de que sus camaradas de armas eran realmente “criminales de guerra” que merecían ser llevados a juicio.
En un momento que mostraba al Kerry pacifista en toda su gloria, C-Span volvió a emitir el segmento del 30 de junio de 1971 del Dick Cavett Show, en el que un joven Kerry hacía frente a otro veterano de Swift Boat llamado John O´Neill. La guerra aún resonaba en Vietnam mientras hablaban. En un intercambio que nos recuerda a los sucesos actuales en Irak, Kerry y O´Neill se descubrieron:
CAVETT: Nadie ha dicho que vaya a haber un baño de sangre si nos vamos, lo que es un cliché que escuchamos un montón de veces…
O´NEILL: Creo que si nos vamos prematuramente antes de que se establezca un gobierno viable en el sur de Vietnam, el historial del Norte en el pasado y el historial del Viet Cong en la zona en la que serví en la Operación [ininteligible] demuestra claramente que eso es precisamente lo que sucederá en ese país…
KERRY: No creo que haya interés por parte de los norvietnamitas en intentar masacrar a la gente una vez que la gente haya acordado retirarse… me doy cuenta que habrá algunos asesinatos políticos, y que pueden tener lugar. Y creo que cuando sopesas eso frente al hecho de que Estados Unidos se ha cobrado hoy alrededor de 18.600 personas a través de su propio programa Phoenix, que es un programa de asesinato, y cuando equilibras eso frente a la moralidad del tipo de bombardeo que estamos llevando a cabo en Laos y el tipo de destrucción conjunta del país de Vietnam, que supone alrededor de 155.000 civiles fallecidos al año, entonces creo que hablar de 4000 o 5000 personas es una locura en términos del argumento total y de lo que estamos intentando en el sur de Asia.
En otras palabras — en opinión de Kerry –cuando comparamos al enemigo vietnamita, los americanos fueron los mayores asesinos y los terroristas a temer, mientras que los comunistas solamente estaban resistiendo una ocupación extranjera de su país y no estaban interesados en masacrar a nadie. La historia ha demostrado lo equivocado que estaba Kerry (y lo acertados que estaban John O´Neill y los americanos que se opusieron a Kerry allí). Los demócratas de Kerry en el Congreso votaron a favor de suspender la ayuda militar y económica a los regímenes del sur de Vietnam y Camboya. En cuestión de cuatro meses desde la suspensión, ambos regímenes cayeron. Los victoriosos comunistas en Vietnam y sus protégés en Camboya procedieron entonces a masacrar a más de 2 millones y medio de campesinos indochinos, justamente como Nixon y otros habían advertido que harían. 100.000 fueron ejecutados sumariamente en Vietnam -veinte veces lo que Kerry había dicho a los americanos que harían- mientras que un millón huyó, la mitad de los cuales falleció intentando escapar.
Pero estas elecciones no son parte del actual currículum de los Demócratas. Este desastre moral y humano que facilitaron en Vietnam es recordado como una victoria moral para el sentimiento “pacifista”. Y por tanto entonan una vez más el “Vuelve a casa, América”. Tiran de las riendas esperando conectar las lecciones falsas de Vietnam con Irak — “contando los modos muy trágicos en que convergen”, decía Kerry en la conferencia Take Back America – en una congregación de los mismos veteranos pacifistas que nos trajeron Vietnam.
Sí, convergen, pero no sobre el campo de batalla, donde América está ganando y el terror del frente de Zarqawi está fracasando. Convergen aquí en casa, donde el anti-movimiento espera lograr la mayoría en el Congreso este otoño y suspender el apoyo a las fuerzas de la libertad en Irak. Esperemos que el pueblo americano no les escuche y cometa el mismo error dos veces.









