“Dejando de lado por un momento la cifra de bajas humanas mucho más importante, desde un punto de vista energético, el Katrina golpeó en el peor lugar posible. Con aproximadamente el 25% de la producción petrolera de la nación y el 16% de la capacidad refinera de la región del Golfo, el impacto del huracán se sentirá nacionalmente, al menos durante un mes o dos, y probablemente bastante más. Pero ambos porcentajes podrían haber sido y deberían haber sido menores”.
Ben Lieberman
Bajo cualquier circunstancia, el Huracán Katrina tendría un impacto notable en el bombeo de crudo. No obstante, al alcanzar la región petrolera y refinera más grande con diferencia de América en un momento de precios altos y suministros ya ajustados, los efectos han sido amplificados. Por supuesto, el daño inducido por el clima a la infraestructura es inevitable, pero el impacto del Katrina sobre los productos derivados y refinados no tendría que ser tan fuerte, y hay lecciones a aprender del próximo debate acerca de la energía.
Dejando de lado por un momento la cifra de bajas humanas mucho más importante, desde un punto de vista energético, el Katrina golpeó en el peor lugar posible. Con aproximadamente el 25% de la producción petrolera de la nación y el 16% de la capacidad refinera de la región del Golfo, el impacto del huracán se sentirá nacionalmente, al menos durante un mes o dos, y probablemente bastante más. Pero ambos porcentajes podrían haber sido y deberían haber sido menores.
Con respecto al petróleo, el Golfo Occidental de México no sólo es la única zona con petróleo de América alejada de la costa, sino que es la única zona alejada de la costa que no afronta límites federales severos a la extracción. Hay gas natural y petróleo en el Pacífico, Atlántico, y en el este del Golfo (que no fue tan mal alcanzado por este huracán particular), pero estas áreas son objeto de moratorias federales que restringen la extracción. Alaska también tiene reservas petroleras significativas, tanto dentro como lejos de la costa, pero algunas partes de ellas, incluyendo la parte que se estima en 10 billones de barriles ubicada en una pequeña zona del Arctic National Wildlife Refuge (ANWR), son actualmente objeto también de restricciones.
Si América fuera a hacer un uso más sensato de este petróleo, habría en conjunto una mayor producción, un menor precio (hasta qué punto más pequeño es objeto de debate), y mucho menos vulnerabilidad de la que sufriría cualquier otra región bajo un desastre natural. En lugar del 25% de la producción petrolera doméstica de la nación, el Katrina solamente habría puesto en peligro el 20 o el 15% o menos, y el sector habría sido tan dañado.
Un argumento similar se aplica a la capacidad refinera. Debido en parte a las costosas regulaciones federales, la capacidad refinera de Estados Unidos es muy ajustada. No se ha construido ninguna refinería nueva desde 1976, aunque los inversores de una propuesta de nueva instalación en el suroeste atraviesan actualmente el proceso de aprobación de un año de duración. Las expansiones de la capacidad en las refinerías existentes han luchado por mantener el ritmo con cada vez más demanda, y afrontan una larga y aún creciente lista de exigencias regulatorias. Algunos dentro de la industria dicen que los billones que se gastan en el cumplimiento de las regulaciones han desviado recursos que de otra manera se habrían empleado en expansiones adicionales. Una oleada de demandas federales iniciada al final de la administración Clinton alegando que muchas expansiones de las refinerías eran ilegales tampoco ha mejorado el panorama.
Incluso bajo condiciones ideales, las refinerías de la nación apenas son adecuadas para cumplir la demanda. Producir suficiente potencia de extracción es particularmente precario durante el verano, cuando la demanda se encuentra en su punto más alto y se encuentran en vigor varias exigencias sobre el combustible en verano. De hecho, en las semanas previas a que el Katrina golpease, algunos episodios de reducción inesperada a instancias de relativamente menor importancia en unas cuantas refinerías norteamericanas fueron más que suficiente para causar un notable incremento en el precio tanto en el petróleo como en los productos terminados.
Así, en la cima de una situación ya precaria, las numerosas refinerías de Louisiana se ven ahora o dañadas o sin electricidad, y otras se encuentran sin acceso inmediato al crudo. Es probable que esto redunde en unos precios nunca vistos en la gasolina y el diesel en las próximas semanas. De haber habido más capacidad refinera por la nación, el efecto del Katrina sobre los suministros de combustible probablemente habría sido inferior, de duración más corta y menos extendido.
Normalmente, al aprobar la legislación energética como hizo Washington el mes pasado, se ignoran los temas energéticos del año posterior — y algunos consideran que esto es bueno. Esta vez, sin embargo, será muy diferente, dado que los precios de la energía y especialmente de la gasolina continuarán siendo una elevada prioridad cuando el Congreso vuelva después del Día del Trabajo. El debate será retomado donde quedó la Energy Policy Act del 2005.
Desafortunadamente, esta ley energética no contiene nada que vaya a ayudar a corto plazo, y solamente algo que puede demostrar ser beneficioso a largo plazo. Pero sí que tiene unas cuantas medidas que pueden servir como primeros pasos útiles.
En particular, aunque la ley no cambia ninguna de las restricciones de extracción lejos de la costa, sí que autoriza el primer inventario de la historia de recursos energéticos costeros utilizando técnicas de exploración altamente precisas. Fuentes de industria creen (y los activistas anti-extracción probablemente temen) que podamos descubrir considerablemente mucho más petróleo y gas natural lejos de nuestras costas del que se cree que existe actualmente. Ésta información podría y debería llevar a un debate serio acerca de si deberían levantarse la restricciones.
Una buena noticia es que la extracción ANWR es probable que sea aprobada como parte del proceso presupuestario, más que como ley energética.
La nueva ley energética también contiene provisiones limitadas para impulsar la expansión de las refinerías y el aligeramiento de las regulaciones de la gasolina que hacen que producir las diversas formulaciones de combustible exigidas por ley sea más difícil, pero estas medidas podrían expandirse. En el punto anterior, la EPA anunció recientemente que dice adiós temporalmente a unas cuántas regulaciones problemáticas sobre la gasolina y el diesel. Esto debería facilitar producir y suministrar combustible, especialmente en las zonas peor afectadas. Si esto funciona, el Congreso debería considerar modos permanentes de simplificar el actual bloque de especificaciones de la gasolina y el diesel.
El Huracán Katrina nos golpeó en el peor lugar y momento, y reveló la vulnerabilidad de la infraestructura energética de la nación. Ello debería subrayar la necesidad de reforzar la existencia de un sistema que apenas es adecuado incluso bajo la mejor de las circunstancias.
El autor es analista de la Heritage Foundation.
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