Economía y Sociedad, Oriente Próximo

En Líbano hay más refugiados sirios que en toda Europa

Beirut. Mientras Europa se alarma ante la avalancha de refugiados sirios, no hay que olvidar que la gran mayoría han buscado cobijo en los países vecinos. El Líbano, con una población de 4,5 millones, ha recibido 1,2 millones de sirios. Su experiencia puede enseñar algo en Europa.

¿Quiénes son los “sirios”? ¿Adónde van? ¿Por qué eligen Europa como destino?

Los refugiados sirios en el Líbano tienen distintos puntos de vista sobre el régimen de los Asad que han dejado atrás, un régimen que ha durado 40 años (el padre del actual presidente ocupó el poder desde 1970 hasta 2000, año en que lo sucedió su hijo Bachar). Si preguntamos a un cristiano o a un alauita (menos del 10% de la población entre las dos confesiones), nos dirán que fueron tiempos de relativa paz donde su seguridad estaba garantizada y el país iba hacia adelante, que ambos presidentes eran cultos y sabían cómo dirigir a un pueblo “inculto”, en palabras de un reconocido médico sirio refugiado en el Líbano.

Si hacemos la misma pregunta al 90% de la población siria restante, en gran parte musulmanes sunitas, encontraremos variadas opiniones, a favor y en contra; pero aquellos que no lo apoyaban por tratarse de un régimen dictatorial y no representativo de la mayoría fueron planificando su revolución, que comenzó en 2011.

Expulsados de su país por la guerra

Según varios testimonios unánimes recogidos en el Líbano, había que manejarse con cuidado, nunca dar opinión sobre el presidente a extraños, evitar hablar de él en familia y jamás oponerse. Un consejo muy sabio para quienes saben que de lo contrario los espera la cárcel, la tortura y el anonimato. Un mínimo ejemplo son los miles de libaneses secuestrados por el régimen de Asad durante la guerra del Líbano, en la que Siria entró a “poner orden”. Personas que no se sabe si están vivas o muertas porque el sistema es borrar el nombre del preso y ponerle un número a cambio, con el que se lo llamará

Por eso había que pensárselo bien antes de manifestarse en contra. Los primeros refugiados fueron precisamente intelectuales que se opusieron a la supresión de la libertad de expresión, a la falta de representación política y a la opresión. Llegaron al Líbano y fueron socorridos por diferentes organismos que no podían registrarlos oficialmente y les otorgaron protección.

Poco a poco la situación se volvió insostenible cuando parte del ejército sirio desertó y comenzaron los enfrentamientos armados y las persecuciones. Hacia fines de 2012 el panorama comenzó a cambiar y aparecieron los primeros grupos extremistas bajo el nombre de Jabet el Nosra. La población fue convirtiéndose en rehén de un conflicto en el que no querían participar y donde los combates ya no respetaban hospitales, escuelas ni comercios.

Seguir viviendo en Siria significaba sentir el terror al escuchar los bombardeos en barrios vecinos, viendo morir a cientos de personas inocentes. La opción era huir. Para los que aún resisten y prefieren quedarse porque no tienen a dónde ir, el desafío cotidiano consiste en sobrevivir al miedo y al hambre, esperando recibir agua y comida cuando esto llega al mercado. El agua corriente está completamente contaminada y el servicio de electricidad funciona algunas horas al día.

Más de 11 millones fuera de casa

Según los últimos datos de la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la guerra civil en Siria ha expulsado fuera del país a más de 4 millones de personas y ha causado otros 7,6 millones de desplazados en el interior del país.

Los millones de desplazados de hoy son los que no se sumaron a los combates para defenderse de Asad, o de los rebeldes o de los extremistas, y los que viendo la imposibilidad de sacar algo bueno de todo esto decidieron retirarse y proteger a sus familias.

Los refugiados son personas que perdieron a sus padres, a sus hijos, mujeres o maridos, personas que eran alumnos de colegios, profesores universitarios, ingenieros, médicos, estudiantes, personas que se iban a casar o acababan de hacerlo, que estaban construyendo su casa o que heredarían la de sus padres, personas como cualquier otro ciudadano de cualquier país.

Los que huyen son personas de lengua árabe y de confesión, en su mayoría, musulmana sunita. Lógicamente, se sentirán más cómodos donde puedan hacerse entender y comprender a los demás y donde puedan practicar su religión en un entorno propicio. El mejor refugio serían, pues, los países árabes.

Un refugio precario

Paradójicamente, el más generoso es siempre el más pobre, o el que tiene menos.

Los refugiados han encontrado un lugar provisorio donde quedarse en los países vecinos, en Turquía, en Jordania y en el Líbano, a lo largo y ancho del país, entre libaneses, en casas, en campos de refugiados, por todos lados.

De estos tres países el más pobre, pequeño y superpoblado, el Líbano, es el que ha recibido la mayor cantidad.

Es un país con una longitud de 210 km y una anchura máxima de 80 km, de 4 a 5 millones de habitantes, la mayoría viviendo en edificios construidos a lo largo y ancho de la montaña, con poco urbanismo.

Los servicios públicos son precarios, incluso para los nacionales. Los ciudadanos tienen acceso a electricidad solo algunas horas al día, según la región en la que vivan, y para completar el resto del día se utiliza un generador que funciona con combustible. Esto hace que las personas tengan un presupuesto doble de electricidad.

El agua que llega a las casas no es potable: es solo para uso externo, limpieza, servicios, etc. Para beber agua hay que comprar agua purificada. Doble presupuesto de agua.

Entre otras cosas, el sistema político está compuesto por diferentes partidos confesionales que no logran ponerse de acuerdo en lo más elemental de la organización nacional, produciendo una enorme sensación de frustración. Reflejo de esto es la actitud del gobierno desde el inicio del conflicto en el vecino país. Se dejó entrar a todo el que quisiera, pero no se hicieron registros oficiales y no se facilitó ayuda a las ONG para evitar que esas personas decidieran instalarse.

Esto puede explicar porque el Líbano es un país que no se basta a sí mismo, tiene muchos problemas internos y si le faltan recursos para abastecer a sus propios ciudadanos, no se le puede exigir que ayude más a los refugiados. Así y todo, existen muchísimas organizaciones privadas que buscan fondos en el exterior para poder ayudar a los refugiados. La falta de coordinación oficial entre ellas y la escasez de recursos hace que compitan para obtener fondos y seguir ayudando.

Los sirios anónimos

A pesar de todo, en el Líbano hay 1,2 millones de personas de nacionalidad siria registradas por ACNUR, sin contar los miles de iraquíes que no dejan de llegar desde 2003, cuando su país quedó sumido en el desastre gubernamental y el terrorismo.

A los registros oficiales habría que añadir los cientos de miles de sirios no registrados, que prefieren mantenerse al abrigo de alguna ONG, o trabajar por cuenta propia. Estas personas eligen el anonimato normalmente por ser opositoras al régimen y estarían en peligro si dieran sus nombres y dirección. Por eso, el número que se maneja extraoficialmente es de unos dos millones de refugiados sirios.

Aquellos que no están registrados por Naciones Unidas no viven en tiendas de campaña ni reciben ayuda de organismos internacionales. Por el contrario, viven en edificios en construcción, sin agua ni baño, con la única seguridad de que el padre de familia es albañil en esta obra y se le permite instalarse hasta que se acabe la construcción.

Muchísimos otros viven en casas acogidos por los primeros que se refugiaron en 2011 que llegaron a alquilar, sumando varias familias en espacios reducidos, con la consiguiente falta de intimidad.

La actitud de los libaneses fue un poco difícil al principio, porque todavía existe el recuerdo de la invasión siria al final de la guerra con Israel y sus nefastas consecuencias para los que se opusieron. Pero poco a poco en algunas zonas fue cambiando la actitud, se sumaron muchos más voluntarios a las ONG, existen más campañas para ayudar y el hecho de participar en las escuelas y en las universidades libanesas hace que los jóvenes descubran a otros jóvenes también llenos de ideales y que tienen una historia. El enriquecimiento es mutuo. Los jóvenes están estrechando lazos que sus padres no tuvieron.

Los sunitas ricos de los países del Golfo

Los que pueden intentan emigrar a Europa. Esto suscita un gran interrogante.

¿Por qué huir hacia unos países que no comparten su lengua, ni su religión y que están intentando salir de sus propias crisis económicas, como los países de la Unión Europea? ¿Por qué no intentan llegar a países ricos de la región –como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos– con los que comparten lengua y religión sunita y que además tendrían la capacidad económica para ayudarlos?

Recientemente se ha acusado a los países del Golfo de falta de colaboración en el problema de los refugiados, a lo que han respondido explicando los millones de dólares destinados a la causa desde el inicio del conflicto. En concreto dicen haber dado 530 millones de dólares repartidos entre Turquía, Líbano y Jordania. Y aseguran que han recibido a más de 100.000 sirios desde el 2011.

Quizás lo más sensato sería intentar terminar con los causantes del problema y no con sus consecuencias. Si los refugiados huyen del Estado Islámico con su barbarie y del antiguo régimen con su dictadura, habrá que acabar con el más peligroso (el Estado Islámico) y luego forzar al dictador a formar un gobierno democrático.

Este artículo está en Aceprensa.

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