Economía y Sociedad, Política

Endesa y el escándalo ENEL

La maniobra de intervención contra el mercado es tan descarada que ni la dócil CNMV ha podido digerirla. De ahí la doble decisión de autorizar a E.ON a mejorar su oferta, para no ser perjudicada por el ilegítimo anuncio de ENEL, y por otra, fijar un plazo no inferior a seis meses tras el desarrollo ordenado de la OPA de E.ON para una eventual autorización de la OPA de ENEL.

Carlos E. Rodríguez
Fue el anterior ministro de Justicia y actual candidato socialista a la presidencia de Canarias, Juan Fernando López Aguilar, quien puso de moda aquello de la “colusión de política y negocios”, para referirse a determinados enriquecimientos espectaculares que no derivan de la iniciativa, el riesgo y el esfuerzo empresariales, sino de la utilización del poder político para hacer grandes negocios con poco riesgo, bajo el paraguas del control de los resortes del poder, y a cambio de que parte de los beneficios fueran a parar, bajo hábiles paraguas y disfraces, a los políticos que aseguraban ese control. En realidad, colusión es sencillamente la acción y el efecto de pactar en perjuicio de terceros. Así, en la denuncia de López Aguilar, políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos pactarían para repartirse un gigantesco pastel de negocios, en perjuicio de la generalidad de los ciudadanos, de los intereses legítimos de los empresarios honrados y de la imagen de los políticos en general. Puede haber colusión sin que el político perciba un tanto económico directo.

Sucede que los dos amigos europeos de Rodríguez Zapatero, su correligionario alemán Schroeder y el gaullista francés Chirac, son ejemplos destacados de esa “colusión de política y negocios”. El primero, al servicio de los intereses energéticos de Rusia, ha sido bien retribuido por Putin tras ser despedido de la cancillería por sus compatriotas, y el segundo afronta múltiples asuntos cuyo recorrido judicial empezará en cuanto deje de estar protegido por la inmunidad del Elíseo. Así que nuestro esforzado negociador con ETA tiene buenos maestros en las complejas artes de la colusión.

Para encontrar algo tan vergonzoso como la actuación de La Moncloa en el tema de Endesa, habría que remontarse a las prácticas de los caciques políticos del primer tercio del siglo XX o a las de algunos famosos ministros de la primera década de la dictadura franquista. Ya que los fieles del presidente se declaran tan republicanos, lo que es bien legítimo, no puedo evitar reproducir, por su llamativa actualidad, algunas frases de la denuncia que el Manifiesto republicano de 1931 lanzó contra el poder político que derribaba: “Nos ha conducido al deshonor como Estado (…), la fuerza ha sustituido a la ley, la violencia se ha erigido en autoridad y la obediencia se ha rebajado a sumisión, la incapacidad se pone donde la incompetencia se inhibe, la jactancia hace veces de valor, y de honor, la desvergüenza”. No, no tema el lector que vaya a referirme a la negociación con ETA, ni a la reciente decisión en el caso Otegui, ni siquiera a De Juana Chaos… No, no, nada de política. Pensemos en economía, pensemos en “colusión de política y negocios”, pensemos en Endesa.

Primero fue el asombroso intento de regalar la primera eléctrica española, Endesa, a una pequeña y meritoria empresa energética bajo control financiero catalán, Gas Natural, como parte de pago de un respaldo parlamentario estable a la minoría socialista en el poder. La expresión “regalar” es correcta, porque el pez pequeño se comería al grande mediante una ingeniosa “colusión de política y negocios”, a saber, Gas Natural compraría Endesa prácticamente gratis, por el delicioso expediente de mezclar unos papelitos con los recursos procedentes de la propia venta de recursos de la compañía comprada, mejor valdría decir, asaltada.

Para sorpresa de Rodríguez Zapatero, Endesa resistió con gallardía y más firmeza y eficacia de las que cabía imaginar, al asalto del protegido escualo. Los responsables de Endesa fueron debidamente “tentados”, pero supieron resistirse e impedir que los accionistas de la gran empresa energética fueran conducidos al Auswitz financiero que el Gobierno les había preparado, lo que dio tiempo a que, en Alemania, alguien pensara en dimensión europea y llegara la OPA de E.ON.

Fue entonces cuando el ministro Montilla -hoy flamante presidente de la Generalitat, una vez perdidas las elecciones catalanas y conseguida en la divertida práctica de la “colusión” la mayoría que los ciudadanos le negaron- descubrió curiosas habilidades de trilero para sortear las reglas del mercado y levantar barreras a E.ON. En vez de cubiletes y dados manejaba disposiciones legislativas y organismos reguladores puestos en manos de estricta disciplina política, a ver si conseguía alejar, aunque fuera por cansancio, a la Comisión Europea. Las prácticas intervencionistas no es que se alejaran de los usos y normas propios de la UE, es que sólo les faltó un poco de verborrea criolla para haber alcanzado los niveles sublimes de un autócrata centroamericano.

Tampoco esto dio el fruto esperado y deseado por Rodríguez Zapatero. Ya no estaba su amigo Schroeder -dedicado a los negocios tras el éxito de la “colusión”-, a Chirac nadie sensato le sigue en Bruselas, y la “mafia de Estado” de Putin sobrevuela desde las estrellas estas pequeñeces locales. El intervencionismo político sobre la economía casa mal con las reglas de Bruselas, y si además se practica con torpeza y prepotencia, ni los pocos amigos pueden echar un mano.

Así que el Ministerio de Industria, la Comisión Nacional de la Energía, los ilegales apaños legislativos y todo el largo etcétera de trampas y arbitrariedades, y por tanto, en última instancia, el Gobierno español, fueron puestos en solfa una y otra vez en las instancias de la UE. La Comisión se enfadó, el tribunal europeo frunció el ceño y abrió trámites, Angela Merkel cantó las verdades del barquero a Rodríguez Zapatero y en definitiva, la OPA de E.ON siguió su curso. El espíritu de la libertad prevalecía sobre los rancios usos del intervencionismo.

Pero también es cierto que el poder político da mucho de sí, y para qué engañarnos, en España, bastante más que en los países de nuestro entorno. Póngase a cocinar ese caldero en los fogones de La Moncloa, añádanse una pizca de sugerentes tentaciones y unas ramitas de otros asuntos paralelos, salpiméntese con unas gotas de oportunas advertencias…¡y voilá! Ahí está, lista para ser servida, la compra de acciones de Endesa por la empresa pública italiana ENEL y por alguna o algunas privadas españolas, con más la conveniente financiación adicional de quien esté en posición de ganar y perder mucho en la jugada. El diseño no es imaginativo, incluso es tosco y descarado si se quiere, pero funciona, y esto es lo que cuenta.

El caso es que Endesa es una empresa privada, mientras que la italiana ENEL es una empresa pública, de capital público y bajo control de gestión del Ministerio de Economía de Italia. Pero, eso sí, como ENEL y Acciona declararon que no lanzarían una OPA y que no estaban concertados, parecía normal permitirles comprar acciones en el mercado, bien que algunas de las vías para hacerlo resultaran, por lo menos, sospechosas. El caso es que, sólo entre ENEL y Acciona, están relativamente cerca de la mayoría de acciones, y enseguida vino la segunda vuelta de tuerca, con el anuncio de que ENEL y Acciona quieren a su vez lanzar una OPA con mejor precio que la de E.ON.

La maniobra de intervención contra el mercado es tan descarada que ni la dócil CNMV ha podido digerirla. De ahí la doble decisión de autorizar a E.ON a mejorar su oferta, para no ser perjudicada por el ilegítimo anuncio de ENEL, y por otra, fijar un plazo no inferior a seis meses tras el desarrollo ordenado de la OPA de E.ON para una eventual autorización de la OPA de ENEL. Falta por saber lo que haya de cierto en la algo más que rumoreada concertación en La Moncloa. De ser cierto sólo parte de lo que se dice, sería “la colusión” con mayúsculas, la más importante del último medio siglo de vida política y económica de España. Y ello incluso aunque no haya, que así lo asume este comentarista, extornos económicos de ningún tipo hacia la valva política de la “colusión”.

No terminan ahí las señales de alarma. El PP ha hecho algunas advertencias que, vengan de donde vengan, no pueden tomarse a humo de pajas. Por ejemplo, si ENEL toma el control de Endesa ¿se había “renacionalizado” la primera empresa energética española? ¿Y cómo es posible que ejerza derechos políticos sobre la principal empresa española de energía el gobierno de un país extranjero? Esto tiene suficiente enjundia como para que Rodríguez Zapatero lo explique bien claro en el Congreso. El tema afecta a la soberanía nacional y por tanto excede el ámbito de competencia del titular de Industria y corresponde al propio presidente del Gobierno.

Aún sería mucho más grave que una situación de esa índole hubiera nacido de una negociación en La Moncloa, en la que hubieran intervenido el propio Rodríguez Zapatero y colaboradores suyos. Nos encontraríamos entonces no ya sólo ante responsabilidades políticas, sino incluso también ante responsabilidades legales a investigar y dilucidar. Lo que no cabe duda es que el Gobierno, y su presidente de manera específica y personal, vienen actuando en este asunto al margen del principio de transparencia, esencial en una democracia. Podemos estar ante un escándalo de dimensiones históricas, que erosiona la base misma del edificio de la convivencia democrática. Por el bien de todos, incluso del Gobierno y de su presidente, al punto que se ha llegado es necesario que ENEL saque totalmente las manos de España.

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