Política

España renuncia a sus intereses

Siguiendo la tradición socialista de los años de Felipe González, este Gobierno ve en Marruecos un oasis de una fraternidad inexistente.

EDITORIAL
El Gobierno español ha vendido una veintena de carros de combate M-60 a Marruecos, a condición de que no se utilicen contra las plazas de soberanía española. Otro detalle del Gobierno socialista con Marruecos que merece ser analizado con cierta profundidad con el objetivo de tratar de entender qué concepción tiene Rodríguez Zapatero con la política exterior española.

Desde una primera impresión, la venta a precio simbólicos de antiguos aunque muy buenos carros de combate a Marruecos podría ser interpretado como un paso más en la “normalización” de las relaciones con el reino alauí. Sucede, sin embargo, que mientras Marruecos ha mostrado una firme convicción respecto a la defensa de sus intereses, España, bajo el dictamen de Miguel Ángel Moratinos, no ha dejado de hacer concesiones.

El gesto de España con Marruecos en un signo evidente de apoyo a Marruecos en la cuestión saharaui, y un patente desplante hacia Mauritania y Argelia, país que por otra parte es un suministrador fundamental de energía para España.

Siguiendo la tradición socialista de los años de Felipe González, este Gobierno ve en Marruecos un oasis de una fraternidad inexistente, la amistad de un país que tiene muy en claro cuáles son sus intereses y que aprovechará todas las debilidades que la actual administración española le provea. ¡Qué lejos quedaron esas declaraciones de José Bono, entonces presidente de Castilla – La Mancha, cuando decía que “Marruecos no es un país amigo, sino una dictadura encubierta, una país dominado por las mafias” (El País, 22/08/01) Sin duda, aquellas palabras de Bono eran más realistas y tenían más sentido que la sensiblería amistosa que despliega Zapatero hacia el régimen agresivo, nacionalista y autoritario de Mohamed VI.

¿Se han olvidado en la Moncloa de las pretensiones marroquíes de anexarse Ceuta y Melilla y los espacios marítimos de Canarias y Alborán, como las exigencias sobre las aguas territoriales en litigio y la invasión a Perejil? Y es que, incomprensiblemente, Zapatero ve a Marruecos como un socio fiable y la realidad es que es todo lo contrario: una dictadura inestable con una diplomacia muy hábil que tiene muy en claro lo que quiere.

Entregar el Sahara y unos cuantos tanques a modo de preservar una precaria estabilidad es la peor manera de hacer política exterior. España debe actuar con convicción y sin miedos, abordando los problemas y no esquivándolos con ofrendas militares. La falta de convicción mostrada con este gesto hacia Marruecos es un signo de debilidad que aumenta el aislacionismo al cual nos sigue conduciendo la política exterior de este Gobierno.

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