Los analistas apostaban a que un dólar débil beneficiaría a la economía europea sin tener que recurrir a un ajuste de los tipos de cambio. El nuevo escenario financiero está mostrando realidades muy distintas.
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Lunes, 16 de febrero 2026
Los analistas apostaban a que un dólar débil beneficiaría a la economía europea sin tener que recurrir a un ajuste de los tipos de cambio. El nuevo escenario financiero está mostrando realidades muy distintas.
editorial
El euro volvió en estas navidades a mostrar su robustez frente al dólar
alcanzando el nuevo récord histórico de 1,36 dólares. El presidente del Banco
Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, ha asegurado en diversas ocasiones
que las últimas alzas del euro y los movimientos bruscos en los mercados de
divisas “no son bienvenidos”. Sin embargo, Trichet es consciente que la
depreciación del dólar está ligada al fuerte déficit de las cuentas públicas
norteamericanas, tanto a nivel del comercio exterior como a nivel
fiscal.
Algunos expertos especulan que la primera economía mundial se
está viendo favorecida por el descenso en la cotización del dólar, ya que de
esta forma se vería facilitada la financiación de los elevados déficits
comercial y presupuestario que arrastra la economía de EEUU, uno de los factores
que más inquietan a los inversores. Lo que no está claro es si la caída del
dólar frente al euro puede afectar al motor de la economía mundial en su
conjunto dado que últimamente se ha visto un escenario que ha dejado perplejo a
más de un experto.
Un hecho evidente es que el dólar tiene gran
aceptación mundial, tanto por parte de los bancos centrales, como de las empresas
y los individuos particulares y esto le ha otorgado una fortaleza extra en
momentos de debilidad. El dólar es estable, líquido, fácil de convertir y nunca
pasa de moda. Es la moneda símbolo de la globalización, mediante la cual se
realizan transferencias y giros desde los ordenadores de todo el mundo. También
ha gozado de la aprobación del turismo mundial, el comercio ilegal chino, los
traficantes de armas ucranianos y los dictadores africanos. El dólar ha sido la
moneda “no oficial” del Tercer Mundo y esta confianza hoy no
presenta signos de declive.
No obstante, la situación es paradojal
por dos motivos. Meses atrás, los ministros de finanzas europeos hablaban de las
ventajas que supondría un euro fuerte para contener los precios. Y se
infravaloraba su efecto negativo a corto plazo sobre el crecimiento considerando
las ventajas a largo plazo para atraer inversión internacional. El punto es que
en ese momento se apostaba por una desaceleración económica mundial debida no
sólo a la caída del dólar sino a la subida de los precios del petróleo. Contra
todos los pronósticos, la economía mundial ha crecido. Ahora Europa necesita un
dólar fuerte.
La otra paradoja es que, en contra de lo que dice la lógica
de los parámetros económicos, la debilidad del dólar va pareja a una carrera
vertiginosa de los tipos en Estados Unidos. El pasado 15 de diciembre, la
Reserva Federal subió 25 puntos básicos el precio oficial del dinero, para
dejarlo en el 2,25%, es decir, por encima de los tipos de la Eurozona, que se
encuentran en el 2%. Esta subida no ha evitado que el euro continúe su escalada
particular respecto al dólar.
En suma, los exportadores europeos
probablemente tendrán que seguir lidiando con las actuales condiciones. Eso
implica un redoblado esfuerzo, particularmente en lo tocante a sus ventas al
mercado norteamericano. Y no les quedará más remedio que hacer frente a sus
competidores, ya sea abaratando costos de producción, o apostando por la calidad
de sus productos.
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