Política

Europa: La crisis de identidad luego del “no” francés

“Hoy Europa ya no se encuentra en la cima del mundo. Obviamente, muchos de sus políticos creen aún que Europa es una superpotencia económica fuertemente competitiva, que sólo espera superar al arrogante imperio americano, que está tan absorto haciendo dinero y extendiendo esa peligrosa enfermedad, la libertad, que es sólo cuestión de tiempo que caiga.”

Relaciones Internacionales
Hace 100 años, Europa se encontraba en el centro del mundo. Los británicos
controlaban un vasto imperio — el estandarte que encabezó un sistema de libre
comercio floreciente. Al sur de Europa, el antes Mar de la Prosperidad, el
Mediterráneo, se estaba quedando atrás. El Imperio Otomano se deshizo
rápidamente debido a la falta de desarrollo, de renovación, a la ingenuidad y a
la no menos competitiva interacción con el resto del mundo. El imperio fue
etiquetado [como] “el enfermo de Europa”; pronto se vino abajo y sobre sus
restos se fundó el moderno estado turco.

Hoy Europa ya no se encuentra en
la cima del mundo. Obviamente, muchos de sus políticos creen aún que Europa es
una superpotencia económica fuertemente competitiva, que sólo espera superar al
arrogante imperio americano, que está tan absorto haciendo dinero y extendiendo
esa peligrosa enfermedad, la libertad, que es sólo cuestión de tiempo que caiga.
Obviamente, Europa permanece preparada entonces para reanudar su papel como
superpotencia económica global. No es necesario decirlo, será una superpotencia
muy humana y empática, muy tolerante con los regímenes opresores. Pero no con
alguien, no con aquellos que no cumplen el último criterio ambiental, que no
apoyan la total protección a la mano de obra o que no garantizan los derechos de
los animales y las plantas.

Ahora mismo, los gobiernos europeos luchan
por hacer sostenibles sus presupuestos. Incluso aunque el crecimiento global se
encuentra en un récord del 4%, se supone que los legisladores de Europa tienen
que poner su mejor cara ante una tasa de crecimiento anual del uno por ciento.
Temen antes que nada a los derechos sociales, a salvar especies sin descubrir, y
no olvidemos el derecho a gastar mucho más de lo que ingresamos. Puede que hasta
la fecha, Europa se encuentre un poco por detrás de los americanos, pero dado
que sabemos, a causa de la Gran Depresión de los años treinta, que el
capitalismo no es un sistema político viable, es sólo cuestión de tiempo que se
venga abajo de nuevo.

Mientras tanto, los legisladores europeos han
descubierto un nuevo modo de solucionar las inclemencias económicas. Los métodos
no son nuevos, tampoco particularmente originales, pero han demostrado su valor
antes. Si las cifras no encajan en realidad, entonces [es] la realidad la que
debe encajar en las cifras. El Pacto de Estabilidad iniciado para proteger al
Deutsche Mark [marco alemán] contra la irresponsabilidad fiscal de los estados
miembros del sur, ha sido redefinido en un Pacto de Flexibilidad que indica que
los déficit ya no están determinados económica, sino políticamente. La Agenda de
Lisboa, que garantiza que Europa va a ser la economía más competitiva del mundo
hacia el año 2010, ha entrado ahora en su etapa final de cinco años. Ese periodo
debe provocar un escalofrío familiar en la espalda de nuestros nuevos estados
miembros del este de Europa, tan cálidamente bienvenidos el año pasado y cuya
única ventaja competitiva, la mano de obra barata, ha sido rechazada con tamaña
resolución por la economía más competitiva del mundo hoy.

Mientras la
india o China se desarrollan rápidamente y con altas tasas de crecimiento
económico, los europeos se hunden más profundamente por el desagüe social.
Tienen fe en que el estado del bienestar es la mejor de las creaciones de la
humanidad, y que las reformas sociales son imposibles dado que más del 50% del
electorado, o es empleado público, o está financiado públicamente por las
transferencias sociales. En Dinamarca, el 61% de la población depende de la
nómina pública, sólo para dar al lector una idea de la viabilidad del trabajo de
la reforma social en el parlamento de Dinamarca; obviamente, un sólo error y
fuera, si algún político fuera tan atrevido.

Visto desde esa perspectiva,
es bastante difícil creer cómo Europa va a salir de su posición como el enfermo
más reciente del mundo. El próximo rechazo francés al nuevo tratado de la UE lo
dice todo. Los franceses están mortalmente aterrados a causa de la perspectiva
de recibir más inmigrantes en Europa, que o bien van a poner más presión en los
sueldos, o en los sistemas de seguridad social, o más probablemente en ambos. La
idea de dejar ingresar a una Turquía musulmana en la Unión asusta al francés
medio. En vísperas del no francés, fácilmente uno puede sentarse y esperar la
reacción de un americano inocente que visite París el 14 de julio: “Pero mamá,
el emperador va desnudo”.

*La autora es asociada de la institución
MarkedsCentret de Dinamarca.


Fuente: TechCentralStation

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