Política

Evo Morales, el líder indiscutido de algunos indígenas

“…el discurso indigenista y ecologista de Morales es mera retórica para satisfacer a la opinión pública internacional…”


La decisión de construir una carretera a través del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) ha terminado significando para el gobierno del presidente Evo Morales una crisis política de cierta gravedad, en buena medida por culpa de su propia torpeza en el manejo del tema. Pero también ha servido para clarificar las cosas en el panorama político boliviano.

Los indígenas de la región comenzaron hace casi sesenta días una marcha hacia la ciudad de La Paz argumentando que no han sido consultados sobre el proyecto tal como lo establece la Constitución. Añaden que el trazado de la carretera conllevará un grave daño medioambiental, y una amenaza para su estilo de vida y para sus propias comunidades, que se verán invadidas por colonos de otras regiones del país.

Como en ningún momento hubo una propuesta seria para dialogar con los indígenas por parte del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), los marchistas han rechazado detenerse. El gobierno ha intentado frenar la marcha deslegitimándola con acusaciones de connivencia con la derecha, EE.UU., el imperialismo, etc., y con insultos a los indígenas. Al final hizo un intento de bloqueo y represión de la marcha que fracasó y que ha desprestigiado a Morales, que dice –sin ser creído, lógicamente– no ser responsable de lo sucedido.

Indigenismo para la galería

Lo primero que ha quedado en evidencia en esta crisis es que todo el discurso indigenista y ecologista de Morales es mera retórica para satisfacer a la opinión pública internacional. Lo que interesa al gobierno es el desarrollo del país al estilo socialista: carreteras, hidrocarburos, minería, etc., con una preponderante intervención estatal.

A la vez, el estilo autoritario de Evo también ha quedado patente. A pesar de la oposición cada vez mayor al trazado de la carretera, el MAS sigue impulsando la construcción a través de una campaña mediática y de la aprobación en el Parlamento de una ley. Y es que Evo no está acostumbrado a dialogar y a ceder… ni siquiera con los que se supone que son sus propias bases.

Esto no es tan ilógico como puede parecer. Morales es sin duda un líder indígena, pero los indígenas de las tierras bajas que protagonizan la marcha nunca han sido incondicionales en su apoyo al MAS. Tienen además un gran recelo hacia los llamados colonizadores: indígenas quechuas y aymaras que se trasladan del altiplano a los llanos en busca de tierras, y que con frecuencia terminan convirtiéndose en cultivadores de coca. El Movimiento al Socialismo se ha apoyado siempre más en estos últimos que en los primeros, no solo porque el presidente es parte de los colonizadores-cocaleros, sino también porque son mucho más numerosos que los habitantes de las tierras bajas.

Las inéditas elecciones de miembros del poder judicial que se celebrarán el domingo 16 de octubre serán –como todas las anteriores– un nuevo plebiscito a favor o en contra de lo que el MAS llama “proceso de cambio”. La oposición –a falta de candidatos propios– ha hecho campaña para que se vote nulo. El MAS ha ido perdiendo progresivamente la simpatía de las clases medias de las ciudades a lo largo de su gestión, lo que sumado a la dudosa legitimidad de las próximas elecciones –todos los candidatos son cercanos al partido de gobierno– posiblemente se refleje en un descenso del apoyo a Morales en las ciudades y en el crecimiento del opositor Movimiento Sin Miedo, una alternativa de izquierda más del gusto urbano. La crisis del TIPNIS simplemente hace más probable este escenario de descontento de las clases medias con el “proceso de cambio”.

Sin embargo, el apoyo de los indígenas del altiplano –la principal base de poder del MAS– es casi seguro que se mantendrá inalterable. La opción que han hecho por Morales está al margen de los errores o aciertos de su gestión: su carisma, por el momento, está intacto. Para ellos los desaciertos –si es que existen– son culpa del entorno del presidente, y no de Evo mismo, cuyas decisiones se acatan sin demasiado debate. La construcción de la carretera a través del TIPNIS no se discute, y los indígenas de las tierras bajas son unos títeres en manos de la derecha o de ONG ambientalistas: este es el discurso oficial y el que han adoptado los habitantes del altiplano.

En definitiva, solo la opinión pública internacional y una parte de la izquierda boliviana y mundial pueden sentirse desconcertadas con las actitudes de Morales en la reciente crisis. Y estas opiniones no son muy importantes para Evo y el MAS comparadas con la que realmente cuenta, que es la del altiplano. En este contexto, si el gobierno cede o no a las demandas de no hacer la carretera, tiene poca trascendencia.

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