Millones de franceses desoyeron ayer la jornada de trabajo no remunerado decretada por el Gobierno con motivo del lunes de Pentecostés, fecha tradicionalmente festiva en el país galo. Las huelgas de transporte decretadas en las 40 ciudades más importantes de Francia obstaculizaron decisivamente la iniciativa del Ejecutivo.
Otro contratiempo para el Gobierno de Jean-Pierre Raffarin
Las encuestas vaticinaban que la mitad de los franceses se quedaría en casa, y
la cifra podría ser incluso más alta en la Administración Pública, entre quienes
hicieron huelga, quienes optaron por coger vacaciones y quienes pactaron otra
fecha con sus empleadores. Los franceses optaron por desobedecer la ley aprobada
por el Gobierno para obtener 2.000 millones de euros que dedicar a la tercera
edad y los capacitados, mostrando de nuevo su descontento con la política social
del Ejecutivo.
El entorno del primer ministro intentó restar importancia
a las cifras del paro e hizo saber que se trató de una “jornada tranquila de
actividad”. “Sólo han trabajado los asalariados de las pequeñas y medianas
empresas, pero porque están obligados”, contrapuso el presidente del sindicato
CFTC, Jacques Voisin. Las huelgas de transporte decretadas en las 40 ciudades
más importantes de Francia han conseguido enturbiar la jornada de trabajo no
remunerado decretada por el Gobierno en este lunes de Pentecostés para financiar
un plan de ayuda a ancianos y minusválidos. Este día era hasta ahora festivo en
Francia.
Los sindicatos, opuestos a la medida, han conseguido
obstaculizar el transporte público en un buen número de ciudades. Lo que podría
suponer que más del 50% de los franceses, como estaba previsto en las encuestas,
haya decidido quedarse en casa, aunque todavía no se cuenta con datos
oficiales.
La llamada “jornada de solidaridad”, adoptada por ley, fue
impulsada por el Gobierno conservador de Jean-Pierre Raffarin, a raíz de su
criticada gestión de la canícula de 2003, que mató a casi 15.000 personas, en su
mayoría ancianos. “El mismo Gobierno que nos da lecciones de solidaridad es el
que luego reduce los derechos de millones de trabajadores en Francia”, criticó
duramente Bernard Thibault, el secretario general de la Confederación General de
Trabajadores (CGT), primer sindicato de Francia. Anulaciones de
vuelos
Las convocatorias de huelga en los transportes urbanos de 89
ciudades de todo el país se tradujeron en una circulación casi nula de
autobuses, tranvías o metros en Estrasburgo, Lille o Burdeos, mientras que la
situación era cercana a la normalidad en otras como París: sólo en tres de las
14 líneas de metro había menos frecuencia de convoyes y en dos de las seis de
trenes de cercanías.
Las huelgas de los controladores aéreos y de otros
colectivos en los aeropuertos acarrearon anulaciones de vuelos (se tenía noticia
de siete cancelados con España por la mañana) y muchos retrasos, sobre todo para
los aviones con salida desde París, Marsella o Niza.
Las convocatorias de
paro contra esta jornada de trabajo no remunerado afectaba a otros servicios
públicos como la enseñanza, correos (uno de cada tres empleados en huelga), la
Administración (sólo la mitad de los funcionarios en el Ministerio de Sanidad,
por ejemplo) pero también a grandes empresas del sector privado que habían
decidido trabajar normalmente, como Total, PSA o Carrefour.
Otras, en
previsión del caos que se ha confirmado, habían optado por mantener cerradas sus
puertas y descontar a sus asalariados un día libre, y algunas (como TF1, Shell o
Merck) les dieron fiesta sin ninguna contrapartida.
El hecho es que desde
primeras horas de la mañana la circulación dentro de las ciudades era muy
inferior a la de un día laborable normal, aunque superior a la de un festivo, y
el ministro de Sanidad, Philippe Douste-Blazy, admitió “momentos un poco
difíciles” en la aplicación del carácter laborable de la jornada.
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