“La mayoría de los votantes de Francia y Holanda esta semana rechazó la constitución europea propuesta. Seguramente iban a haber diversas razones en juego, pero ambos resultados reflejaron un rechazo común a la élite europea y a la creencia de que las decisiones importantes deben volver a los pueblos de los estados miembros.”
Relaciones Internacionales
Los franceses pudieron haber votado no por las razones equivocadas el domingo, pero al menos lo hicieron, [en un] 55-45 por ciento. El masivo documento de 350 páginas pretende ser un método de dinamizar la toma de decisiones en los 25 estados de la Unión Europea. No hace nada de eso, sino que es una licencia para la consolidación y la extensión del poder centralizado de Bruselas y una disminución clara del poder de los estados miembros.
No es una constitución en absoluto, es simplemente un libro de normas para limitar el poder y determinar la validez procesal de lo que quiera que los políticos competentes ofrezcan al electorado. No debe ser la propia política. Pero el documento europeo es poco más que un programa para una Europa democrática social, incluyendo una Carta de Derechos Fundamentales que no garantiza [las] libertades individuales frente al estado, sino que impone hasta más responsabilidades de bienestar [social] sobre el gobierno.
La característica más importante de la constitución es su virtual eliminación de la competición jurisdiccional entre los estados miembros. Al afirmar la primacía del derecho europeo sobre el de los estados, la constitución excluye los experimentos por parte [de los estados]; y tendría idénticas políticas sociales, fiscales y medioambientales. Así que es un adiós al descarte de Gran Bretaña de la absurdamente anticompetitiva Directiva de Horario de Trabajo, que limita a un trabajador a 48 horas de trabajo a la semana. La mejor protección de la libertad no está escrita en documentos constitucionales.
Como bien saben los americanos, éstos siempre serán distorsionados para fines izquierdistas-liberales por tribunales activistas, y el Tribunal Europeo de Justicia no es un protector más genuino de la ley de lo que la constitución propuesta es un arnés al gobierno. “Salir”, es decir, abandonar un régimen incómodo, siempre tendrá “voz,” es decir, presión política constante, votaciones y sucedáneos. La constitución europea imposibilita deliberadamente la salida.
La ironía es que los franceses aprueban todo esto. Lo último que quieren es competición desde regímenes ex comunistas para sus mercados laborales fuertemente protegidos, cuyos ciudadanos ya han experimentado [formas] incluso más serias de colectivismo. A lo largo de la campaña de referéndum, los franceses fueron constantemente advertidos contra el modelo anglosajón de mercado libre, seguridad social mínima y bajas regulaciones. Esto era contrastado con el modelo “social” francés, presuntamente benigno. Los opositores a ese modelo eludían precisar que Francia también sufre un crecimiento absolutamente mínimo y una [tasa de] paro del 10%, y subiendo. Aun con todo, un portavoz del gobierno francés describía veladamente el pasado fin de semana el modelo de libre mercado como “el nuevo comunismo”.
Holanda muestra su temperamento
Los eurófilos sufrieron ayer una derrota aún más sonora cuando los holandeses rechazaron la constitución por un margen contundente de 62-38. Aparte del argumento de los socialistas, los holandeses tuvieron básicamente dos motivos para su show de independencia — [el] económico y el social.
Holanda ha tenido quizá la más abierta de las economías europeas y una moneda estable, el Florín, pero el país ha sufrido gravemente por la adopción de la divisa euro, que entró a destiempo. Esto llevó a la inflación y a un boom insostenible de la propiedad. Holanda tenía prohibido elevar los tipos de interés para controlar [la inflación], y trató sus problemas económicos mediante un recorte masivo del gasto personal y gubernamental. Los holandeses estaban pues naturalmente furiosos cuando Alemania y Francia violaron flagrantemente las normas que garantizaban hacer estable al euro (el Pacto de Estabilidad y Crecimiento). Los economistas del mercado libre de Holanda dicen ahora que su economía era mucho más estable y segura sin ningún lío europeo. Hoy es objeto de booms y auges. Los holandeses tampoco [se vieron] animados a votar Sí por el hecho de ser los mayores contribuidores per cápita al presupuesto europeo.
Pero es en el campo social donde se presentan los problemas más serios: los holandeses han tenido problemas con en la creciente inmigración islámica, incluyendo algunos ataques bien conocidos de fundamentalistas contra ciudadanos holandeses nativos. Esto ya ha forzado a los partidos políticos a contener ansiosamente la inmigración. La prensa y la opinión “progresistas” ya han demonizado esta opinión como racista. Esto es claramente un área en la que los holandeses quieren hacer sus propias leyes y no verse frenados por leyes de ámbito europeo. Esa es quizá la verdadera razón por la que objetaron tan decisivamente a la constitución. El país posee una tradición liberal sólida y genuina que se remonta a los días de Spinoza, y no quieren verla perjudicada por el fundamentalismo religioso que es protegido por el esatz [sucedáneo] de progresismo de la Unión Europea. Como en tantas áreas de la vida pública, el electorado de Holanda piensa que una sociedad libre es preservada mejor mediante estados pequeños, pequeño gobierno y una economía libre. Las mismas cosas que ha pisoteado la élite Euro desde 1957 (la fecha de la firma del Tratado de Roma original).
Europa y el futuro
A la luz de los resultados del referéndum francés y del holandés, los líderes europeos se encuentran en desbandada. Pero cualquiera que sean los motivos específicos de su disensión, las poblaciones de los estados miembros están teniendo al menos la oportunidad de hacer saber sus opiniones. Aparentemente, existe una repulsa general hacia las pretensiones de los políticos europeos de dirigirse al pueblo. La opinión parece ser que si los franceses quieren continuar sus políticas anti-mercado, se les debería permitir: las leyes de la economía operarán con el tiempo, inexorable y más decisivamente que las opiniones de la élite Euro. También, los electorados de Francia y Holanda se dan cuenta de que la expansión de la Unión Europea no ha incrementado la libertad del autogobierno, sino que ha llevado a un fuerte incremento de la centralización. Los europeos no quieren ser gobernados por los caseros de Bruselas.
¿Pero, qué hay de los países que todavía no han hablado?. La élite está sugiriendo ya seguir adelante a pesar de los resultados de Francia y Holanda. ¿Pero por qué?. El proyecto no puede avanzar sin que todos los países estén deacuerdo. ¿Así que, por qué molestase con el costoso proceso de referéndum?. Quizá si todas las restantes naciones están deacuerdo, la élite estampe el sello de goma en el proyecto y permita a Francia y Holanda una segunda oportunidad para pillarlo bien: han hecho eso antes. Pero esta vez uno diría que este tipo de Euro-dulzura no funcionará. Si se les pregunta de nuevo, la gente bien puede dar hasta una negativa más contundente.
Por un abanico de razones, la gente esta claramente enferma [de recibir] los dictados de una élite irresponsable, y si [bien] la gente no siempre apoya el mercado libre, los sucesos de la semana pasada han demostrado que aún son individualistas. Debemos estar agradecidos por ello. Si debe de ser democracia, entonces dejemos que sea una democracia directa. Las élites pueden manipular muy fácilmente la democracia representativa.
Fuente: FEE
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