Política

Impresiones tras las elecciones al Parlamento Vasco

Cualquier interpretación de los resultados electorales en las elecciones autonómicas vascas queda irremediablemente empañada por un hecho: el mantenimiento y fortalecimiento de la representación de ETA-Batasuna en el nuevo Parlamento Vasco.

Santiago Abascal Conde

 Sin embargo, no es la subida
en escaños de esta organización lo realmente preocupante. La preocupación radica
en la aparente resignación y la imagen de impotencia del Estado de Derecho
generada por el Gobierno de la Nación ante el intento fructífero de ETA-Batasuna
de quebrar la respuesta de la legalidad democrática concurriendo a las
elecciones con una lista camuflada.


 


ETA-Batasuna
en el Parlamento Vasco


 


Con la participación en las
elecciones del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV), el daño causado a
la Ley de Partidos y al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo es
evidente. Su consecuencia es la crisis de la política antiterrorista como
política de Estado y del mensaje fundamen
tal que el Pacto Antiterrorista había
asentado: que la política antiterrorista se mantendría, gobernara quien
gobernara. Aunque aparentemente exista un incremento de votos de Batasuna, eso
no es real. Ese incremento se debe en mayor medida a la participación más baja
que a un destacable incremento en el número de vascos que justifican y apoyan el
terrorismo. De hecho, el PCTV ha obtenido sólo siete mil votos más que los
143.139 que obtuvo Batasuna en mayo de 2001.


 


Inicialmente, Batasuna pretendía
participar –a modo de señuelo– en el proceso electoral bajo su propia
denominación. No fue posible; era demasiado evidente y la Junta Electoral ni
siquiera admitió la candidatura de una coalición previamente ilegalizada. Aukera
Guztiak, una lista preparada al efecto, hizo las veces de suplente en el nuevo
intento. Pese a las iniciales reticencias a actuar de la Fiscalía y del
Gobierno, finalmente la lista fue impugnada y tanto el Tribunal Supremo como el
Tribunal Constitucional, por unanimidad, declararon la ilicitud de las
candidaturas de Aukera Guztiak.


 


Pero una nueva lista, de un
partido desconocido hasta entonces, el Partido Comunista de las Tierras Vascas
(PCTV), ya había sido presentada. Iniciada la campaña, todos los indicios
apuntaban al intento del PCTV de suceder a Batasuna-ETA. Las Fuerzas de
Seguridad del Estado comenzaron a acumular las pruebas que demostraban las
sospechas. El Partido Popular pidió infructuosamente la reunión del Pacto
Antiterrorista. El Gobierno, sin embargo, se negó a reunir el Pacto y, refugiado
en la pretendida superioridad de su interpretación garantista, desoyó los
informes policiales optando por no actuar contra los nuevos herederos de ETA. La
debilidad de la posición argumen
tal del Gobierno se demuestra en la
grotesca excusa en la que ha tenido que refugiarse: responsabilizar al Gobierno
del Partido Popular de la “legalización” del PCTV. Cuando este partido se ha
convertido en disfraz de Batasuna no fue en el año 2002, sino en abril de
2005.


 


Nada ha parecido suficiente para
que se sometiera a los tribunales el enjuiciamiento de la candidatura del PCTV.
Ni los informes policiales que afirmaban la absorción orgánica y programática
del PCTV por parte de ETA, ni los miles y miles de carteles con los que un
partido –inexistente y minúsculo hasta ese momento– invadía las paredes de todas
las localidades del País Vasco, ni la coincidencia inequívoca entre los
apoderados e interventores del PCTV y los de la ilegalizada Batasuna, ni la
declaración política de la cabeza de lista del PCTV en la que asumían los
postulados de Batasuna, ni la negativa a condenar el terrorismo, ni la petición
de voto de Otegui para el PCTV.


 


El
constitucionalismo y el nacionalismo: compartimentos
estancos


 


Si
hubiera que elegir una observación esencial sobre el comportamiento electoral de
los vascos en estas elecciones, habría que concluir que el constitucionalismo
–si todavía puede encuadrarse en esa categoría política al PSE-EE– y el
nacionalismo, a pesar de las estrategias de los partidos, no intercambian sus
votos o, al menos, no lo hacen con tanta facilidad como se podría suponer. En
ese sentido, constitucionalismo y nacionalismo han constituido compartimentos
estancos respecto a las anteriores elecciones autonómicas.


 


El
mapa electoral ha ido cambiando históricamente en el Parlamento Vasco. Los
grupos nacionalistas fueron sumando apoyos desde 1980 hasta 1986. A partir de
esa fecha, la tendencia se invirtió, y el conjunto del nacionalismo comenzó a
perder apoyo electoral de manera suave pero no interrumpida hasta las elecciones
autonómicas de 1998. Y desde ese año hasta el 2005, en el escenario electoral
del País Vasco, se mantiene invariable la misma relación de fuerzas entre
constitucionalistas y nacionalistas, siendo esta relación ligeramente ventajosa
para los nacionalistas en las elecciones autonómicas y, por el contrario,
ligeramente desfavorable en las elecciones a Cortes
Generales.


 


Este
estancamiento de los bloques constitucionalista y nacionalista en el mapa
electoral vasco entre 1998 y 2005 permite concluir que no se produce un
intercambio de votos significativo entre ambos bloques/familias, limitándose los
flujos electorales al interior de cada bloque. Es decir, el Partido Socialista
crece a costa del Partido Popular –y viceversa–, y los herederos de ETA se
nutren del descenso de la coalición PNV-EA, y viceversa.


 


Teniendo
en cuenta que el descenso de diez puntos de participación respecto a las
elecciones de 2001 ha perjudicado por igual a nacionalistas y
constitucionalistas, y tomando como referencia los porcentajes de voto válido,
el nacionalismo vasco (PNV-EA, PCTV y Aralar) ha pasado del 52,5 % al 53% de los
votos, mientras que el constitucionalismo ha descendido del 40,6% al 40,1% de
los votos. La coalición de Javier Madrazo, por su parte, ha pasado del 5,5% al
5,4% de los votos. Es decir, los movimientos electorales son apenas
perceptibles. En conclusión, cabe afirmar que la ansiada transversalidad –que sí
se produce en las elecciones generales y que puede decantar el “empate
infinito”–, no se ve por ningún lado de unos comicios autonómicos a
otros.


 


 ¿Fracasa el
soberanismo?


 


Numerosos
medios de comunicación y algunos dirigentes políticos se han apresurado a dar
por muerto y fracasado el Plan Ibarretxe. Movidos, quizás, por la aparente
desventura electoral de su promotor, que ha pasado de tener 33 parlamentarios a
tener 29, se han adelantado a los acontecimientos.


 


Siendo
cierta la pérdida de votos y escaños de quien ha bautizado con su nombre a la
estrategia nacionalista de subvertir el orden constitucional, no es menos cierto
que, en términos históricos, el resultado de la coalición PNV- EA ha aguantado
la prueba (recuérdense los 27 diputados que tenía en
1998).


 


En
cualquier caso, la pérdida de escaños de la coalición PNV-EA ha ido a beneficiar
al radicalismo nacionalista, abiertamente separatista, del PCTV –que pasa de 7 a
9 escaños– y de Aralar, que entra en la cámara vasca con un parlamentario. Y
hemos de tener en cuenta que los partidos que apoyaron el Plan Ibarretxe siguen
ostentando la mayoría absoluta parlamentaria, pero con la diferencia de que la
relación de fuerzas entre los nacionalistas que apoyaron el Plan se ha decantado
a favor de los más radicales y que se han convertido en determinantes para la
investidura de Ibarretxe como Lehendakari.


 


No
es descabellado prever que la condición del PCTV para apoyar la investidura de
Ibarretxe vaya en la línea de exigir “mejoras nacionalistas” en el Plan y un
acortamiento de los plazos para someterlo a referéndum. Por lo tanto, es
absolutamente precipitado proclamar la derrota del Plan Ibarretxe, siendo mucho
más realista suponer que el PNV, condicionado por los apoyos precisos para su
perpetuación en el poder, se verá forzado a acelerar la ruptura.


  


Y
hay algo más que no debe olvidarse. Si, como se afirma desde el Gobierno, no hay
pruebas que vinculen al PCTV con ETA, ¿cómo podrá negarse el juego institucional
que Ibarretxe, por ejemplo, quiera dar a ETA-Batasuna en un futuro Gobierno
autonómico? Esas acusaciones ya sólo tiene derecho a formularlas el Partido
Popular. De hecho, el nacionalismo vasco ya se está escudando en el aval
ofrecido por el Gobierno para blanquear cualquier pacto con el PCTV y reclamar
su derecho a contar con este partido en la ecuación de la que deba salir el
Gobierno de la Comunidad Autónoma. Por lo tanto, parece un ejercicio de
voluntarismo o de diversión afirmar que el proyecto soberanista alentado por el
lehendakari en funciones está irremediablemente condenado al
fracaso.


 


La inutilidad de
la estrategia nacionalista del PSE


 


Mientras
el nacionalismo vasco se radicaliza, la estrategia electoral y política del
Partido Socialista ha sido acercarse a los postulados ideológicos y al terreno
simbólico del nacionalismo vasco. Jugando en el terreno ideológico de éste,
desde la apelación al País Vasco como “comunidad nacional”, hasta la
presentación de un Plan supuestamente alternativo al de Ibarretxe –redactado por
un nacionalista–, pasando por el alejamiento emocional y simbólico del concepto
de España y por la presión –de la mano de los nacionalistas– contra el gobierno
del Partido Popular en la Diputación Foral de Álava, el PSE había diseñado una
estrategia para hacerse con el voto nacionalista.


  


Dicha
estrategia ha sido absolutamente inútil en términos electorales para atraer a la
masa de votantes del nacionalismo tradicional del PNV y EA, e incluso ha sido
perjudicial porque ha empujado a una parte de los votantes socialistas a dar su
confianza al Partido Popular. El PSOE ha salido claramente perjudicado respecto
a las elecciones generales del 2004, habiendo conseguido mantener únicamente el
80% de sus votantes, mientras que el PP ha logrado la fidelidad de un 89% de sus
votantes en las generales.


 


Por
ello, se puede concluir que la estrategia pseudo-nacionalista del PSE no sólo no
ha tenido réditos políticos sino que ha ocasionado costes. Quizás donde estos
costes han sido más acusados ha sido en Álava –provincia en la que el PSOE logró
vencer al PP en las generales y en las europeas de 2004–, donde el PSE ha sido
derrotado en esta ocasión por el Partido Popular. Por si esto fuera poco, el PSE
no ha logrado igualar los resultados del PP en el País Vasco durante los
gobiernos de José María Aznar. No es irrelevante, en el plano simbólico y en el
electoral, que Jaime Mayor Oreja, con una política que fue abiertamente crítica
y de confrontación ideológica con el nacionalismo, obtuviera más de 50.000 votos
y un escaño más que los que ahora ha logrado Patxi López. Tampoco lo es que en
aquella ocasión el PP obtuviera 6 escaños de ventaja con respecto al PSE y que
ahora, en cambio, el PSE sólo haya aventajado al PP en 3 escaños. Se puede
concluir, en justicia, que la ambigüedad y el acercamiento al páramo intelectual
del nacionalismo no funcionan, que Emilio Guevara y el Plan López se han
demostrado inservibles para captar el voto nacionalista, y que, como era de
esperar, el mensaje socialista provoca desconcierto y confusión en las propias
filas socialistas.


 


El PP vence a los
pronósticos


 


En
términos electorales, era de esperar un intercambio de papeles entre el Partido
Popular y el Partido Socialista. El partido que ostenta el Gobierno de la Nación
tradicionalmente lidera –en votos– las fuerzas constitucionalistas en la CAV y
obtiene la segunda posición electoral. Y así ha sido. El PP del País Vasco ha
cedido la segunda posición al PSE. Y sin embargo, los respaldos ciudadanos no se
han intercambiado de forma radical. El PP ha superado holgadamente las
expectativas de las encuestas que le daban 13 escaños –los que hasta ahora tenía
el PSE–, alcanzando los 15 escaños que le sitúan cómodamente sobre un amplio
suelo electoral.


  


En
cualquier caso, los resultados del PP son sólo aceptables si los comparamos con
los de 2001, pero son verdaderamente esperanzadores, y marcan un cambio de
tendencia, si los contrastamos con las elecciones generales de hace un año. En
todas las elecciones autonómicas vascas constituye casi una tradición electoral
el descenso de los partidos de ámbito nacional, en votos y en porcentaje,
respecto a las elecciones generales. Lo habitual es que PP y PSOE consigan
movilizar sólo a un 85% de su electorado para las elecciones al Parlamento
vasco. Desde ese punto de vista, como hemos indicado más arriba, el PP ha
conseguido mantener mejor el tipo que el PSE en relación con marzo de 2004.
Mientras que el PSE ha obtenido el 80% de sus votos de entonces, el PP ha
conservado casi el 89% de los mismos. Y eso, sin duda, apunta una tendencia al
alza del PP del País Vasco.


 


En
ese sentido, el resultado cosechado por el PP en Álava resulta muy
significativo. El 11 de marzo de 2004, el PSE superó al PP holgadamente en esta
provincia, y volvió a hacerlo en las europeas de junio de 2004. En esta ocasión,
en cambio, rompiendo con claridad una tendencia, el PP ha superado por un
estrecho margen al PSE. En cuanto a la fidelidad de voto respecto a las
generales, en Álava se acentúa lo indicado para el conjunto del País Vasco,
habiendo conservado el PP en este territorio el 89% de sus votantes de 2004
mientras que el PSE sólo retiene al 76,6%. Pero en el terreno simbólico, el
resultado del PP en Álava es más digno de atención porque sólo consigue ser
superado por una coalición de dos partidos (PNV-EA) que no podrían derrotarle
por separado.


 


La
explicación del sólido comportamiento electoral del PP hay que buscarla en
diversos factores, que tienen que ver con el mensaje claro, nítido y fiable del
PP, que contrasta con el mensaje de acercamiento al nacionalismo del PSE, así
como en el progresivo desgaste de José Luis Rodríguez Zapatero entre los
electores a los que les inquieta el rupturismo nacionalista. Pero hay otra
explicación que no puede pasar desapercibida: el factor María San Gil. Es
difícil encontrar datos cuantitativos que prueben el tirón electoral de la
candidata del PP, pero la coincidencia en que San Gil ha sido un revulsivo
electoral para el PP del País Vasco es generalizada en medios políticos y
periodísticos.


 


La esperanza
urbana


 


Exceptuando
la solidez del suelo electoral del PP del País Vasco, pocos son los motivos para
el optimismo ante el panorama electoral vasco. No obstante, hay un motivo para
la esperanza del cambio, hay una razón muy poderosa para seguir pensado que la
derrota del nacionalismo en la urnas es posible y que la alternancia democrática
en el Gobierno Vasco puede ser un hecho: la for
taleza
de los partidos constitucionalistas está en las áreas urbanas más pobladas y la
for
taleza
del nacionalismo está en las áreas rurales menos pobladas. Y existe una certeza
básica en Sociología electoral: la dirección de los grandes cambios políticos y
sociales es marcada por la evolución de población urbana.


 


En
estas elecciones autonómicas, si tomamos como referencia las
capi
tales
vascas y las localidades con más de cincuenta mil habitantes, vemos que el PP y
el PSE obtienen un 50,7% de los votos válidos mientras que los nacionalistas
sólo alcanzan el 41,8% de los mismos. En cambio, si elegimos como referencia los
pueblos con menos de cincuenta mil habitantes, la relación de fuerzas se
invierte bruscamente, obteniendo las fuerzas nacionalistas el 65,5% de los votos
frente al 28,2% de los constitucionalistas.


 


 


 


Pero
también el optimismo exige una matización. Ese principio sociológico según el
cual quienes consiguen liderar las áreas urbanas finalmente consiguen liderar
los cambios sociopolíticos en el conjunto del territorio, no termina de hacerse
realidad en el País Vasco. Ya en 1998, los constitucionalistas eran claramente
mayoritarios en las áreas urbanas, y sin embargo no han conseguido provocar ese
vuelco electoral que traiga el deseado cambio político. Pero eso no significa
que ese principio básico sociológico haya fallado en esta ocasión. Significa
sólo que hay otras variables con las que no habíamos
contado.


 


Una
de ellas es fundamen
tal
y debe hacernos matizar nuestro optimismo y nuestra esperanza: miles de jóvenes
–normalmente población urbana y preparada– abandonan cada año el País Vasco en
busca de mejores retos laborales, al encuentro de la igualdad de oportunidades,
buscando –quizá– una vivienda más barata o probablemente eligiendo un lugar
donde el ejercicio de la libertad de expresión no acarree problemas ni
discriminaciones.


 


En
efecto, el censo electoral desciende en el País Vasco. Entre 2001 y 2003 miles
de personas dejaron el País Vasco, normalmente población joven y urbana que
podía impulsar el cambio. Y eso, sin duda, dificulta la posibilidad de cambio
político y facilita el enquistamiento del mapa electoral a favor de la
permanencia del nacionalismo en el poder.


 


 Fuente: FAES

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