Política

Joseph Weiler, un europeísta crítico

Para el gran público Joseph Weiler es el jurista judío que defiende las raíces cristianas de Europa. Pero la aportación principal de este constitucionalista a la idea de Europa es la articulación del discurso sobre los medios y los ideales en la integración europea.

El 27 de octubre el Gran Canciller de la Universidad de Navarra ha otorgado el Doctorado Honoris Causa a tres destacadas personalidades del mundo de la cultura: el pintor y escultor español Antonio López, el Cardenal de Budapest Peter Erdö, y el profesor de la Universidad de Nueva York Joseph Weiler. Una semblanza personal e intelectual de este último ha sido publicada en la revista Nuevas Tendencias del Instituto “Empresa y Humanismo” (nº 84, oct 2011, pp. 27-40), de la que recogemos algunos párrafos.

La simplificación informativa y una hermenéutica simple corren el riesgo de hacer que Weiler sea presentado como “el judío que defendió a Italia (y ganó) en el caso de los crucifijos en la Escuela pública ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos”. Con ser un mérito sobresaliente, me parece que esta lectura sería pobre, e incluso distorsionaría el perfil del homenajeado pues su aportación principal a la comprensión de la idea de Europa proviene de su capacidad para articular el discurso técnico sobre los medios, con el de los fines o ideales de la integración europea.

Hijo de un rabino judío, Weiler nació en Sudáfrica, y comenzó sus estudios en Gran Bretaña, para realizar después el doctorado en Italia. (…) Terminada su tesis sobre El sistema comunitario en el Instituto Universitario Europeo (EUI) de Florencia, Weiler siguió viviendo en la ciudad italiana, donde ejerció como profesor en el EUI entre 1978 y 1985. Allí comenzó a desarrollar su particular interpretación de la naturaleza jurídica sui generis de la Unión Europea.

(…) Desde Italia, Weiler se desplazó a Estados Unidos, donde ejerció como profesor en Ann Arbor (Universidad de Michigan) hasta 1992. Fueron años muy fecundos en su producción científica, que culminaron con la presentación de su ensayo “The Transformation of Europe” como último ejercicio para su admisión en Harvard. En esta Universidad fue nombrado Manley Hudson Professor of Law, y Jean Monnet Chair.

Un experto en el constitucionalismo europeo

Durante esos años consolidó su fama internacional, cuyo fruto más maduro es el libro The Constitution of Europe, donde actualiza y compendia sus artículos sobre teoría de la integración europea. Allí encontramos la exposición más completa de Weiler sobre los medios de la integración; y sus principales artículos sobre los fines de la Comunidad.

El cuadro general resulta ser una original y fascinante interpretación de la naturaleza jurídico-política de la Comunidad Europea como un modo de superar los excesos del nacionalismo estatista. Para Weiler, la arquitectura constitucional de Europa refleja de modo muy acertado la articulación de los principios de unidad y respeto a la diversidad, sin pretender legitimar políticamente su validez por ser fruto de una voluntad constituyente de un supuesto demos europeo.

El sociólogo Anthony Giddens, famoso por su labor como fontanero intelectual de “la Tercera Vía” de Tony Blair, ha escrito que “la mejor manera de comprender la naturaleza constitucional de la UE es en los términos propuestos por Joseph Weiler”.

Desde el año 2001 hasta la actualidad, Weiler pertenece a la New York University, donde ha sido nombrado University Professor –el máximo grado académico en Estados Unidos. (…)

Defensor de las raíces cristianas de Europa

Entre los especialistas en derecho comunitario o derecho constitucional la obra de Weiler es bien conocida, aunque no siempre bien comprendida. Para el gran público, como apuntamos al principio, puede ser sin más “el judío que defiende las raíces cristianas de Europa”. El constitucionalista despierta mucha curiosidad en la opinión pública y en algunos ambientes intelectuales por su peculiar posición sobre el papel del cristianismo en el ordenamiento constitucional de los países europeos. Y esta vertiente de su obra, articulada con el conocimiento experto sobre las instituciones europeas desde una perspectiva multidisciplinar, hace de él una figura única.

Efectivamente, Joseph Weiler es de los pocos autores que se ha atrevido a abordar las cuestiones sobre el ethos y el telos de la integración europea ab intra de la comunidad académica especializada. Existe naturalmente una abundante literatura histórico-cultural, filosófica, política y hasta teológica sobre la identidad de Europa, y los valores que le son propios. Pero no encontraremos ningún autor que trate a la vez, con igual profundidad y autoridad científica, de los medios y de los fines. (…)

Este proyecto intelectual viene respaldado por una pluma extraordinaria: una de las características que distingue la obra de Weiler es su brillantez expositiva. (…)

Un maestro y dos “escuelas”

Weiler ha congregado en torno a sí una auténtica escuela con ramificaciones en numerosos países. Una de las iniciativas más destacadas en este sentido es la metodología del programa Total Law que se imparte en diversas sedes, y en la que colaboran muchos de sus discípulos. Al contemplar la figura de Weiler uno tiende a creer con algo más de entusiasmo en la posibilidad de un Derecho Global, cuyos principios y práctica trasciendan las fronteras de los Estados.

Weiler ha llevado adelante un proyecto intelectual muy singular, tendiendo puentes entre áreas de conocimiento que sufren las consecuencias de un prolongado divorcio. Esto es lo que late detrás de la siguiente observación que ya se ha insinuado: el interés por nuestro autor proviene de dos grupos diversos.

Por un lado están los discípulos y especialistas, juristas en su mayor parte, que acuden a beber de las fuentes para orientarse en el estudio especializado sobre la integración europea. Entre ellos disfruta, efectivamente, de un prestigio casi mítico. Por el otro lado, podemos identificar los entornos intelectuales y medios de comunicación –en general cercanos a la tradición cristiana– que dirigen su mirada a Weiler por su positiva valoración del papel de la religión en la sociedad pluralista. Cada uno de estos “grupos” se centra en un aspecto de la obra del profesor de NYU, dejando a un lado –no por desprecio sino por desconocimiento– la otra vertiente de su pensamiento.

De este modo, al fragmentar su obra se pierde de vista precisamente lo más genuino de nuestro autor: la articulación entre medios y fines. Esa fractura merece salvarse mediante la construcción de un puente entre ambos extremos.

Un hombre que lee la Biblia

Aunque su personalidad y su formación son muy ricas, no es errado afirmar que buena parte de los rasgos distintivos de Weiler respecto de los habituales académicos universitarios –incluido ese aire misterioso y fascinante de su obra– le viene por su profunda formación bíblica. Incluso en su estilo magisterial hay algo de la tradición rabínica. Efectivamente, está muy presente en toda su producción la referencia a los relatos de la Escritura, de los cuales extrae enfoques hermenéuticos que resultan iluminadores para comprender la realidad social: por ejemplo, el contraste entre la idea de contrato y la Alianza. Y esto lo hace sin complejos, a pesar de que sorprenda encontrar esas referencias en un texto científico. En este sentido, su obra es una excepción en el ambiente académico, y tiene algo en común con el proyecto intelectual de René Girard.

El hijo del rabino no tiene reparos en mostrar su admiración por las enseñanzas de los Romanos Pontífices, en quienes encuentra un esfuerzo similar por proyectar la luz del mensaje evangélico sobre los problemas contemporáneos, para mostrar vías de solución, como puede verse en su texto de la obra Dios salve la razón. Una buena muestra la tenemos en su ensayo Una Europa cristiana, donde plasma su empeño por defender no el cristianismo como religión, sino la tolerancia constitucional hacia las diversas fuentes de la identidad europea, incluida la cristiana. (…)

La lectura repetida de los textos sagrados sostiene a Weiler en su particular compromiso con la Justicia, tanto en la tarea intelectual como en la práctica forense. Esta determinación le hizo ocuparse pro bono de la defensa procesal de la causa del Estado italiano ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo en el caso Lautsi sobre los crucifijos en la escuela pública. Y lo hace no por una defensa militante de la religión –siempre advierte de que la libertad religiosa es también libertad frente a la religión–, sino en defensa del pluralismo propio de la cultura política europea. (…)

El conocimiento de su obra con esta perspectiva completa podrá contribuir además –en el ámbito del derecho constitucional, y más allá– a la consolidación de una metodología de las ciencias sociales que supere los márgenes de la razón meramente instrumental. De esa manera se ayudaría también a que la formulación ético-política de los principios del derecho natural adquiriera la necesaria conexión con la realidad práctica, no solo para evitar la queja ineficaz, sino ante todo para conjurar el peligro del fundamentalismo moralizante, cuya sombra es siempre el mejor argumento a favor del relativismo moral y jurídico.

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