Política

Juan Pablo II y su lucha contra el autoritarismo

“Siempre estuvo en contra de los regímenes autoritarios, los comunistas en particular, y no sólo por haberlos sufrido en carne propia o por ser sistemas que profesan el ateísmo y persiguen a la Iglesia, sino asimismo porque consideraba que oprimían al hombre, negándole su plena libertad y la ejecución de sus derechos”.

María Teresa Ramos
Es de recordar en esta hora la dimensión y liderazgo político de Karol Wojtyla.
Fue un punto de referencia de la conciencia y moral democrática del mundo
contemporáneo. Una palabra que bien caracteriza su legado es “libertad”. Fuese
en su rol de Sumo Pontífice o como simple ciudadano polaco, su lucha por la
democracia, la libertad y la economía libre fue firme y permanente. Siempre
estuvo en contra de los regímenes autoritarios, los comunistas en particular, y
no sólo por haberlos sufrido en carne propia o por ser sistemas que profesan el
ateísmo y persiguen a la Iglesia, sino asimismo porque consideraba que oprimían
al hombre, negándole su plena libertad y la ejecución de sus derechos.


Desde niño solía rezar por la conversión de la Alemania nazi y de Rusia.
Luego, junto a la Iglesia Católica, tuvo un papel fundamental tanto en la caída
del régimen comunista que gobernó a Polonia hasta 1989, apoyando al movimiento
Solidaridad de Lech Walesa, como en la creación de una democracia de tradición
occidental en ese país. También el Papa contribuyó a la lucha en contra del
comunismo en el resto de Europa oriental y en la caída del Muro de Berlín. Lo
hizo en forma pacífica, ya que nunca propugnó un levantamiento opositor abierto
y violento. No podía ser de otra manera, era un adalid en el sostenimiento de la
paz mundial. De modo que aunque comprendía la dinámica del marxismo y los
autoritarismos tanto intelectual como personalmente, su lucha contra ellos
seguía una línea no guerrerista, de resistencia pacífica. Pero hasta Gorbachov y
Margaret Thatcher reconocieron que sin su apoyo simbólico y moral el colapso
comunista no habría sido posible.

Para América Latina, al que
consideraba el “continente de la esperanza”, siempre solicitó una verdadera
democracia, considerándola el proyecto político más armónico con la naturaleza
humana. Así lo manifestó a varios dictadores aunque con respeto e hidalguía.
Cuando visitó Cuba en 1998 abogó por los prisioneros políticos, por el estado de
Derecho y por la apertura democrática.

A través de gestos, sermones y
encíclicas, durante todo su pontificado Juan Pablo II logró inspirar a millones
de personas que vivían bajo dictaduras de toda índole. A ellas les repetía las
palabras que pronunció en su primera homilía en la plaza de San Pedro: “Luchad,
¡No tengáis miedo!”.

Fuente: El Universal – Venezuela

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