Bill Clinton se negó a matar a Bin Laden en diez ocasiones por prejuicios legalistas. Recién llegado su sucesor, Bush II, el todavía vivo terrorista voló las Torres Gemelas. Zapatero felicitó a Obama: ¿aplaude que se ajusticiara así al que, según afirma, fue el inductor de los atentados del 11M, 191 muertos, 1.858 heridos?
A usted quizás le parezca mal, pero la mayoría de los estadounidenses, demócratas y republicanos, afirman que a Bin Laden está bien ejecutado o asesinado, como usted quiera, en una acción de guerra.
Los alrededor de 250 millones de los 310 millones de estadounidenses que aprueban el tiro en la cabeza del terrorista son gente generalmente decente, incluso ejemplar en muchos aspectos de su vida.
Y entre sus padres y sus tatarabuelos, bastantes entregaron su sangre para librar del nazismo a los exquisitos europeos que protestan por la muerte sin juicio de Bin Laden.
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