Nicholas Wapshott, periodista y escritor británico, realiza un interesante recorrido por la época más reciente para explicar el enfrentamiento intelectual entre dos gigantes de la economía, cuyas doctrinas han recobrado, debido a la crisis actual, un nuevo protagonismo
El lector no iniciado en la materia tal vez encuentre demasiadas referencias a economistas de aquel momento (como Robbins, Friedman, Kahn y Knight), a los que no tiene por qué conocer. Pero esas alusiones ayudan bastante a entender el entorno político, social y personal en el que se movieron ambos protagonistas.
Keynes, según el retrato ofrecido en estas páginas, procedía de una familia de clase media y a los treinta años se relacionaba ya con los grandes políticos del momento, la aristocracia y los círculos millonarios. Su poder sobre la opinión pública fue enorme: todas sus ideas suscitaban ecos, se discutían acaloradamente y terminaban imponiéndose.
Tanto por ideas como por temperamento, Hayek era lo contrario. De origen checo y noble, su familia se movía en el ámbito académico. Esto hace que se incline siempre más por lo científico que por el protagonismo político: era un estudioso, un erudito, y no un hombre de acción ni con inquietudes activistas.
Las relaciones entre Keynes y Hayek fueron cordiales. Keynes tuvo al principio más influencia que su coetáneo, sobre todo a raíz de la publicación de la Teoría general del empleo, el interés y el dinero en 1936. Hay factores que explican su éxito; en particular, la esperanza de remontar el ciclo tras la depresión de 1929, y sus medidas de corte más intervencionista. Pero es importante señalar que también Keynes orquestó la recepción de su libro, con talento y con la entusiasta ayuda de sus seguidores y discípulos. Cuando Keynes brillaba más alto, Hayek intentó criticar su teoría, pero perdió protagonismo y cambió la orientación de su trabajo.
Fue en 1944 cuando Hayek irrumpió con más fuerza gracias a la publicación de Camino de servidumbre, su obra más conocida, donde sostuvo que el socialismo económico ni trae prosperidad ni libertad y que el sistema más eficaz para el bienestar es el liberalismo. El texto, más político que económico, le catapultó a la fama rápidamente y se ha convertido en un libro clásico en teoría política.
Aunque en el libro de Wapshott se deja claro desde el comienzo que la visión de ambos autores es diferente, también se explican algunas de sus semejanzas, y esto es tal vez el aspecto más interesante del análisis. Por ejemplo, los dos subrayan la necesaria presencia del Estado para la supervivencia del mercado, aunque con importantes matices; los dos fueron brillantes y los dos siguen teniendo seguidores hoy día, en un momento en el que se debate de nuevo entre intervención o mercado.
Tenían, sin embargo, diversas formas de entender al hombre. Keynes consideraba que el individuo debía tomar medidas ante los problemas sin pensar demasiado en el mañana; Hayek creía que el hombre estaba destinado a vivir según las leyes naturales de la economía del mismo modo que estaba obligado a vivir según el resto de las leyes naturales, porque el mercado tiene su propia lógica. La obra deja sin aclarar quién es el vencedor definitivo de este duelo, quizás porque los dos, en parte, llevaban algo de razón, y ninguno del todo.
Ver también el artículo de Carlos Goedder publicado por El Diario Exterior
Autor: Nicholas Wapshott
Deusto.
Barcelona (2013).
400 págs.
19,95 € (papel) / 13,99 € (ePub).
Traducción: Ana García Bertrán.
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