Política

La “Alianza para la Prosperidad y la Seguridad” no abordó todos los temas

Según Victor Kerber, no puede decirse que el pacto de la Comunidad Norteamericana sea un “gran paso” para promover el desarrollo económico de Norteamérica y hacerla más competitiva frente a Europa y Asia. Los verdaderos temas de preocupación son de índole económica. Mientras los mandatarios festinaban su pacto, el Dow Jones y la BMV se desplomaban.

Libre Comercio
Con un apretón de manos los mandatarios de las tres naciones de América del
Norte sellaron otro pacto, no destinado éste a ampliar las capacidades del TLCAN
sino a cerrar filas en la lucha común contra el terrorismo.

Bajo el
pomposo precinto de “Alianza para la Prosperidad y la Seguridad”, Vicente Fox y
el canadiense Paul Martin nada pudieron hacer más que avalar la agenda propuesta
por George Bush.

Los temas prioritarios para México y Canadá
sencillamente se pasaron a segundo plano. A los canadienses les interesaba
llegar a puntos de acuerdo sobre las importaciones de carne de res a Estados
Unidos, sujetas a inspecciones inusuales con el pretexto de que podrían contener
el mal de las vacas locas. Para México sigue siendo importante que se apliquen
reglas claras para el comercio transfronterizo, ya que ni nuestros camiones de
carga pueden ingresar a territorio estadounidense, ni tampoco es correcta la
aplicación de cuotas contra ciertos productos mexicanos como el cemento.


Por supuesto, el consabido acuerdo migratorio con el cual la
administración foxista nos ha querido suministrar atole con el índice desde sus
días de campaña, volvió a recibir un afable rechazo con el dedo medio. No puede
decirse entonces que el pacto de ayer represente un “gran paso” para promover el
desarrollo económico de los tres países y hacerlos más competitivos frente a
Europa y Asia, como lo señaló días atrás el subsecretario de Relaciones
Exteriores, Gerónimo Gutiérrez, quien prometió que se discutirían las medidas
para facilitar el movimiento de hombres de negocios; aumentar la cooperación en
materia tecnológica, energética y de telecomunicaciones, y contar con estándares
fitosanitarios comunes, pero ninguno de estos temas trascendió en Waco, Texas.


El compromiso asumido por los dos países rémoras del gran tiburón, en
cambio, los impele a colaborar con la campaña antiterrorista de Bush hasta el
extremo de que los gobiernos de Canadá y México tendrán que legislar en forma
análoga a la Ley contra el Bioterrorismo promulgada en Estados Unidos en junio
de 2002. Deberán además colaborar con la oficina nacional de inteligencia cuyo
director es John Dimitri Negroponte, aquel que siendo embajador de Estados
Unidos en México recomendó en 1991 que el TLCAN sería un buen instrumento para
contener el activismo de México en política exterior.

Tampoco debemos
esperar una reforma migratoria en el corto plazo. Es una brutal fantasía.
Debemos, al contrario, prepararnos para enfrentar mayores complejidades dada la
insistencia creciente en diversos círculos relacionados con la seguridad de EU,
de que entre los miles de migrantes mexicanos que a diario cruzan la frontera se
están colando algunos terroristas.

El pacto de los tres amigos, en suma,
satisface al gobierno de Washington más que a sus socios. Servirá para
robustecer la cruzada antiterrorista que por su lado Condoleezza Rice pregona en
su gira por el sur y este de Asia, y contribuirá a que se enaltezca la
propaganda con la que Bush adormece al público estadounidense.

Los
verdaderos temas de preocupación para América del Norte son de índole económica.
El dólar no es estable y en general la economía que funge como locomotora de la
región está endeble. La inflación para febrero en EU rebasó lo esperado con 0.4%
en el Índice de Precios al Consumidor. La Reserva Federal ha tenido que
incrementar de nuevo la tasa referencial de interés en 0.25%, y el déficit
fiscal y presupuestal supera ya los 400 mil millones de dólares, con una deuda
pública de 7.8 billones.

Todo esto que debería estar en el interés
primordial de una cumbre como la de Waco se soslayó. Pero ya ve, mientras los
mandatarios festinaban su pacto, Dow Jones y la BMV se
desplomaban.

Fuente: El Universal –
México

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