La Constitución Europea contribuye, en su contenido, a reforzar los derechos sociales y potencia la democracia participativa a través de mecanismos para un diálogo permanente. De igual forma contribuye a consolidar la lucha por la paz, el multilateralismo, la resolución pacífica de los conflictos y la cooperación internacional para el desarrollo.
A favor del Sí
La Construcción del Muro de Berlín, iniciada el 13 de agosto de 1961, vino a
significar una nueva división en la ya dividida Europa. Muy pocos entonces
apostaban a una Europa unificada, sin embargo millones de personas vieron
resplandecer una ardiente esperanza cuando miles de manifestantes, el 9 de
noviembre de 1989, inician el derrumbe del muro de Berlín.
El camino
recorrido por los Estados que hoy integran la Unión Europea ha sido, en todos
los terrenos, desigual y combinado. También lo han sido los progresos y
retrocesos alcanzados por su s poblaciones. Las circunstancias que han rodeado
la historia les ha permitido llegar, a unos más temprano que otros, a
condiciones más democráticas.
Hoy día las poblaciones de los Estados de
la Unión Europea puden circular, estudiar, trabajar y residir libremente en
cualquier país de una Europa sin fronteras. Sus libertades, sus derechos humanos
y sociales tienen a fortalecerse, a pesar de los desesperados esfuerzos de
algunos nostálgicos de los autoritarismos y totalitarismos.
Los países de
la Unión Europea, y con ellos sus poblaciones, ven mejorar sus carreteras, su
agricultura, sus escuelas, sus universidades, los intercambios de todo tipo. El
progreso comienza a llegar a más y más personas en lo que podría considerarse
“el mayor espacio de democracia, libertad, respeto de los Derechos Humanos y
defensa de la legalidad internacional en el mundo”. Claro que no todo es color
de rosa en la nueva Unión Europea, pero al menos la calidad de vida es muy
superior a la que nosotros nos atrevemos siquiera a soñar para nuestro pequeño
país de escasos tres millones de habitantes.
La Constitución Europea deja
claramente establecido en su primer artículo: “La Unión se fundamenta en los
valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado
de Derecho y respeto de los Derechos Humanos, incluidos los derechos de las
personas pertenecientes a minorías.Estos valores son comunes a los Estados
miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación,
la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y
hombres” (artículos 1 y 2 de la Constitución Europea)
Este solo postulado
recoge los objetivos de una Carta Común de Derechos Fundamentales que
contribuyen a consolidar una sociedad donde se respeten los valores sociales y
humanos. Aquí en nuestro Panamá del “ahora es cuando”, la superemparchada
constitución militarista, alabada por los del Pacto MAMI y por los tránsfugas
del grupo dinamizador de Visión 2020, no recoge en ninguno de sus 327 artículos,
nada parecido.
La Constitución Europea contribuye, en su contenido, a
reforzar los derechos sociales y potencia la democracia participativa a través
de mecanismos para un diálogo permanente de los ciudadanos con sus
instituciones. De igual forma contribuye a consolidar la lucha por la paz, el
multilateralismo, la resolución pacífica de los conflictos y la cooperación
internacional para el desarrollo. Establece la solidaridad y el compromiso que
debe prevalecer para la movilización en la ayuda a cualquier Estado miembro que
sufra una catástrofe natural o sea víctima de un ataque terrorista.
Y
cómo pasar por alto el proceso constituyente que han seguido los integrantes de
la Unión Europea para alcanzar esta nueva Carta Fundamental. Las poblaciones de
25 Estados han tenido o tendrán un grado de participación en la difusión,
discusión, votación, aprobación de la Constitución que dota a la Unión Europea
de un sinnúmero de instrumentos necesarios para “la pronta culminación del
espacio europeo de libertad, seguridad y justicia”.
Los defensores,
promotores y amantes del constitucionalismo no podemos menos que congratularnos
de este importante paso de Europa, que abre nuevos caminos a la humanidad.
Huérfanos de una voluntad política de hacer las cosas de la mano del
progreso, abrazados como están la casi totalidad de los dirigentes
político-partidistas, gremiales y cívicos a una desmesurada ambición
personalista, nos queda, por los menos a los panameños que luchamos por una
Asamblea Constituyente, la satisfacción de ver que, bajo otros cielos, la
humanidad avanza y como parte de ella los que luchamos por la libertad también,
a pesar de la mentalidades mediocres y liliputenses que aún dominan en nuestro
espacio nacional.
Fuente: PANAMÁ
AMÉRICA-EPASA
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR