Política

La derrota en el Senado termina con el liderazgo de los Kirchner

No lo esperaba nadie, menos el Kirchnerismo. La amplia mayoría en el Parlamento, no sirvió para sostener un capricho ilógico. El oficialismo se jugó a todo o nada, y perdió todo

Análisis de nuestra corresponsal en Argentina











Vicepresidente argentino votó contra los Kirchner

Acostumbrados a gobernar por imposición más que por consenso, el Kirchnerismo tuvo en la madrugada del jueces un revés que quedará en la historia de los argentinos. No sólo porque el gobierno no logró imponer su voluntad en un Parlamento mayoritariamente oficialista, sino porque el golpe de gracia lo dio el Vicepresidente de la Nación: Julio Cleto Cobos, es decir, el mismo Ejecutivo.

Después de usar, gozar y abusar de un poder absoluto por más de 5 años, el Kirchnerismo consumió, en menos de 7 meses, todo o casi todo su capital político.

La ceguera y la soberbia política de un gobierno que no conoce los consensos ni las diferencia ideológicas, ubicó a la pareja presidencial en su peor momento, con una administración débil a la que le resta gobernar tres años y medio más.

Tan sólo seis meses atrás, el Kirchnerismo contaba con más del 56% de aprobación social, había ganado las elecciones de octubre con el 45% de los votos emitidos, no contaba con una oposición visible ni articulada y al contar con mayoría absoluta en ambas Cámaras (142 de 257 en la Cámara de Diputados y 45 de 72 en la Cámara de Senadores) podía aprobar, armar y desarmar cualquier ley, incluso de Reforma Constitucional.

¿Qué pasó para que el poder Kirchnerista se consumiera abrumadoramente? Se jugó a todo o nada, como siempre acostumbró el Kirchnerismo, y se perdió todo, o por lo menos, gran parte de lo que se tenía.

Se perdió cuando el gobierno negó, una y mil veces la galopante inflación. Los retoques y dibujos del INDEC sentaron las bases de una desconfianza social creciente.

Se perdió cuando todo aquel que pensaba distinto fue tachado de desestabilizador y golpista. En este punto, su política de defensa de los Derechos Humanos fue desdibujada. Todo el que piensa distinto, es golpista para los Kirchner. ¿Qué sentirá una verdadera víctima de la dictadura de los 70 al ver que se subordina la lucha de más de 30 años a todo aquel que no piensa como el gobierno? Se monotematizó sobre este tema, y una justa causa se convirtió en muletilla política.

Se perdió cuando el país dejó de garantizar reglas claras. Cuando fue más seguro invertir no en Chile -que hace tiempo nos supera en estabilidad- sino en Uruguay, Brasil e incluso Perú, que son países latinoamericanos donde sus gobernantes, han sabido aprovechar y sacar su rédito de una Argentina que parece estar desconectada del mundo, desconociendo la importancia que implica para cualquier tipo de inversión, la necesidad de contar con seguridad jurídica.

Se perdió cuando el gobierno equivocadamente pensó que afectar la producción y la propiedad privada del sector más productivo del país, no traería consecuencias adversas.

Se perdió cuando el gobierno no supo diferencias los intereses de todo un sector muy heterogéneo. Lo único que logro fue unir posiciones tan históricamente disímiles como la de Federación Agraria (FAA) y Sociedad Rural (SRA). “Nos une el espanto” se escuchó varias veces.

De siete meses de una “supuesta nueva etapa” en el Kirchnerismo, más de cuatro fueron consumidos por un conflicto innecesario que debilitó al gobierno nacional y que dividió y enfrentó a la sociedad toda, que no dudó en retomar las cacerolas y salir a las calles y rutas en varias oportunidades.

Frente a esto, un gobierno empecinado en no reconocer problemas, en negar la realidad y en generar y proponer actos y más actos de barricada a fin de mostrar fuerza. “Hay que pegar mejor y más fuerte”, esa fue la consigna.

No lo esperaba nadie, menos el Kirchnerismo. La victoria pirrica obtenida en la Cámara de Diputados semanas atrás donde se logró la media sanción al proyecto de retenciones, esperaba lograrse la madrugada del jueves donde no hubo reparo ni discreción en presionar, primero, al legislador santiagueño que empató la votación y luego, al vicepresidente Cobos que la definió.

Cuando a mediados de junio la presidente Cristina de Kirchner envió el proyecto al Congreso, dijo hacerlo para dotarlo de mayor “institucionalidad”.  Claro, se espera otra respuesta del Parlamento que no se dio.

Después de más de cuatro meses de una profunda crisis política, social y económica, que perjudicó a todos, no sólo al gobierno nacional, es de esperar que la mandataria argentina, tenga un gesto de grandeza, derogue la resolución de retenciones móviles y comience a gobernar bajo los parámetros del respeto a los derechos individuales, las instituciones y el consenso social. Sólo de ella depende recuperar la estabilidad institucional y la paz social para llegar al bicentenario nacional, con una República fortalecida.

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