Si nuestros gobernantes y sociedad ecuatoriana siguieran los sabios consejos escritos por los autores de “Economía del Sentido Común”, Ecuador no formaría parte del Tercer Mundo y existiría abundancia colectiva.
Guillermo Arosemena
Durante siglos se pensaba que la economía no era capaz de crear riqueza, ni solucionar los problemas sociales, la gente estaba destinada a vivir en condiciones infrahumanas. La tierra no rendía lo suficiente para dar de comer a la población, que para fines del siglo XVIII se aproximaba a mil millones de habitantes. El trabajo productivo se hacía usando la fuerza bruta, por la ausencia de maquinarias y equipos. Con trabajos extenuantes, millones de indígenas fallecieron en las minas de plata de San Luís de Potosí en Bolivia, en época de la colonia. El mundo estaba condenado a desaparecer.
Gracias a un sistema económico que usó la innovación y ciencias – capitalismo-, surgió la tecnología que ha generado abundancia durante los últimos dos siglos y lo seguirá haciendo a mayor escala en el futuro. Actualmente la tierra alimenta a más de 6 mil millones de habitantes y sobran millones de toneladas de cereales y demás alimentos.
En todo el mundo, la producción anual de fármacos ayuda a salvar y extender la vida a millones de personas. Como ejemplo, el año pasado se vendió más de 72 millones de prescripciones de Lipitor. La producción de acero, cemento y madera, sirve para construir decenas de millones de casas en todos los continentes. Quién se hubiera imaginado hace 15 años que una empresa del Tercer Mundo -Cemex- se convertiría en la tercera cementara más grande del mundo. La proliferación de las ciencias y carreras técnicas y universitarias, crean abundancia de conocimientos, etc. El ser humano está encontrando la forma de sustituir recursos agotables. Sin duda alguna que se puede vivir en abundancia, por existir los medios para producirla.
Toda esta abundancia de bienes, ha ayudado a borrar de la mente de la mayoría de las personas, el mal concepto que se tenía de la economía. De 6 mil millones de habitantes, 4 mil millones viven dignamente. El resto, en su mayoría de origen asiático, está saliendo de la pobreza. Los que están tomando más tiempo son algunos países africanos y latinoamericanos. ¿Qué detiene a estas dos regiones, cuyos impedimentos no se dan en los asiáticos? La respuesta se encuentra en innumerables libros que se han publicado a través de los últimos 230 años, siendo uno reciente, “Economía del sentido común, lo que cada uno debe saber sobre la riqueza y prosperidad”, escrito por tres distinguidos estudiosos del desarrollo económico: James Gwartney, Richard Strout y Dwight Lee; traducida al español y publicada por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política. Esta obra explica en términos muy sencillos lo que las personas y Estados deben hacer para prosperar y crear abundancia.
Si nuestros gobernantes y sociedad ecuatoriana siguieran los sabios consejos escritos por los mencionados autores, Ecuador no formaría parte del Tercer Mundo y existiría abundancia colectiva. En el primer capítulo, los autores se refieren a 10 elementos claves de la economía, encontrándose entre ellos el comercio con su intercambio de bienes y servicios, inversiones, instituciones económicas sólidas, ganancias e incentivos. Sucede que muy pocas de estas condiciones tenemos en Ecuador. Ni los regímenes anteriores y peor el actual, han tenido interés en fomentar el comercio. Recientemente, en uno de los titulares de un diario de Guayaquil, se mencionaba que el ministro de Economía había comentado que para él el comercio era secundario y el presidente Correa mantuvo como tema de campaña no firmar el TLC con Estados Unidos. Irónicamente, el presidente socialista Tabaré Vázquez, presidente de Uruguay acaba de llegar a un acuerdo con Estados Unidos para un tratado comercial entre los dos países. Esta última nación tiene un TLC con Chile, donde sí hay gobierno socialista vanguardista.
Otro capítulo se refiere a las 7 fuentes del crecimiento económico: sistema jurídico, mercados competitivos, límites a la regulación gubernamental, eficiente mercado de capitales, estabilidad monetaria, bajas tasas impositivas y libre comercio. En nuestro país existen muy pocos de estos determinantes del desarrollo. Nunca ha existido seguridad jurídica, hay innumerables casos de violación de los derechos constitucionales desde 1830. Por la ineficiencia del Estado y trabas que impone, además de fomentar la corrupción, hay que hacer engorrosos y costosos trámites para todo. La incapacidad administrativa estatal nos ubica entre 30 y 40 puestos más abajo que Colombia y Perú, y 70 más que Chile, en el indicador “Hacer negocios”, elaborado y publicado por el Banco Mundial. Respecto al mercado de capitales, el ecuatoriano no logra despegar, a pesar de los esfuerzos de los directores de las bolsas de valores. Las leyes y actitudes de los empresarios, no ayudan a dinamizarlo. Hace 100 años había el mismo número de empresas de capital abierto, que en la actualidad. En otros países, fue exponencial el incremento de empresas transadas en bolsa. La única fuente de crecimiento que tenemos es la estabilidad monetaria surgida de la dolarización, sin embargo, los seguidores del actual gobierno no tienen interés en mantenerla.
En el tercer capítulo que se refiere a la claridad del pensamiento económico y función del gobierno, los escritores explican que es obligación de este último, promover el progreso económico, por lo que el gobierno no debe excederse en impuestos, ni inmiscuirse en actividades que son de competencia exclusiva del sector privado. Afirman que la planificación central, característica de la era soviética, lejos de favorecer el crecimiento, lo detiene. Vietnam es uno de los últimos países de modelo soviético, que está terminando con esta forma ineficiente de planificar la prosperidad. Se refiere a los límites que debe haber tanto en el poder legislativo como en los grupos de interés para que busquen el bien común y no el individual como frecuentemente ocurre en Ecuador, cuando los profesores, médicos y otros funcionarios públicos hacen paros, se toman calles, avenidas y carreteras, paralizando el país. También los autores comentan sobre la competencia dentro de las instituciones públicas, tan importante como en el sector privado. Si quienes nos gobiernan siguieran las recomendaciones de la “Economía de sentido común”, no tendríamos pobreza.´
Artículo publicado originalmente por Diario Expreso.
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