Economía y Sociedad, Política

La fallida estrategia de Mandelson en el conflicto textil

“Después de todo, la industria europea sólo había tenido una década para hacerse a la idea. Como hombre de posición que es, Mandelson cedió a la presión e hizo exactamente eso, reimponer aranceles sobre determinadas importaciones de China. La era del libre comercio logró durar apenas algo más de seis meses, una buena muestra de firmeza política, pensaría uno”.

Políticas Públicas


Escribí recientemente que puesto que los políticos son incompetentes, no deberíamos pedirles por tanto que intentasen hacer o que hiciesen gran cosa. Me gustaría pedir una gran ovación de agradecimiento a un tal Peter Mandelson por defender tan bien mi idea. Él es, para aquellos que no lo sepan, el Comisario de Comercio de la Unión Europea y actual chico de portada de mi tesis, acerca de que los políticos no saben hacer nada sin hacer un completo desastre de todo.


 


Una pequeña recapitulación del contexto que probablemente usted conozca. Finalmente permitimos que los Multi-Fiber Agreements se deslizaran a comienzos de este año llevando, al menos, el libre comercio al sector de ropa y textiles. Esto llevó a un (bien predicho) auge de las importaciones procedentes de China, el resultado del cual fue la presión política con el fin de reimponer aranceles sobre tales productos. Después de todo, la industria europea sólo había tenido una década para hacerse a la idea. Como hombre de posición que es, Mandelson cedió a la presión e hizo exactamente eso, reimponer aranceles sobre determinadas importaciones de China. La era del libre comercio logró durar apenas algo más de seis meses, una buena muestra de firmeza política, pensaría uno.


 


Así que, ¿cuál ha sido el efecto de esta decisión? ¿Que uno necesita proteger a los pobres ciudadanos de Europa de ropa demasiado barata como para que se permitan adquirirla? Mejor que mis palabras, qué tal las de The Guardian:


 


Importadores y comerciantes británicos pidieron la noche pasada acciones inmediatas para levantar los obstáculos a la ropa barata procedente de China que llega al país, al conocerse que cargamentos por valor de millones de libras permanecen en cargueros alejados de la costa británica como resultado de un nuevo arancel a nivel europeo sobre los textiles chinos […]


 


“Se habló a los vendedores acerca de las restricciones después de que los bienes salieran de China”, dice Alisdair Gray, del British Retail Consortium. “China es un mercado crucial. Los vendedores han invertido allí a largo plazo. No puedes obtener los niveles de calidad y atención al cliente en ninguna parte que no sea en China”.


 


Los comerciantes argumentan que el calendario de los aranceles no era realista. “Estamos trabajando con entre 6 a 12 meses de antelación. Hicimos nuestras compras antes de Navidades esperando que no habría aranceles, y ahora nos encontramos con que no podemos recibir nuestros productos”, dice Neale.


 


Nuestros encantadores tecnócratas, a los que pagamos para tomar las decisiones que son demasiado duras o problemáticas para que nuestras cabecitas las tomen, no tenían en realidad ni idea de cómo funciona la industria que intentan regular. Plazos límite, pagos anticipados, calendarios de entrega, nada de esto significaba algo para ellos; no, en su lugar, decretaron un edicto de que así es como va a funcionar, y que le den a la realidad. ¿No somos niñitos y niñitas afortunados por tener quien nos cuide de esta manera?


 


Libby Purves, del The Times, tampoco parece entusiasmada por el resultado:


 


La Comisión Comercial de la UE está siendo hipócrita y estúpida en cuestión de las importaciones de ropas chinas, imponiendo aranceles violentamente proteccionistas sobre pantalones inocentes. Su indignación se expresa en gran medida a favor del mundo en desarrollo, una preocupación que comparto; la mía también son los vendedores de toda Europa – algunos pequeños y vulnerables – que hicieron sus pedidos legalmente y pagaron por ellos de buena fe, sólo para encontrarse con nada que colocar en las estanterías porque los chicos de Mr Mandelson habían impuesto la orden en el puerto. Alisdair Gray, del British Retail Consortium, lo explicaba; utilizando este arancel súbito, la UE ha gravado o retrasado severamente los bienes que fueron encargados en un momento en el que no había restricciones. El sector textil necesita largos periodos de entrega: la Comisión, decía Grey tristemente, no tiene gran idea de cómo funciona el sector textil moderno.


 


Cuatro ministros de comercio de Escandinavia y Holanda están deacuerdo, afirmando que Bruselas actuó “sin el respeto apropiado a las realidades del comercio moderno”. Eso resulta ser bastante cierto, y debería hacer mirar al suelo a las cabezas británicas con vergüenza: siendo realistas, era sólo cuestión de tiempo que el Comisario Peter Mandelson metiese la pata de un modo arrogante e ignorante. Allí reside otra herencia de nuestro hábito de conceder grandes empleos en Europa a políticos fracasados que nunca se presentaron al puesto.


 


Sólo como nota para los no británicos, no haberse presentado al puesto significa que careces de experiencia en el mundo real de cualquier tipo. Parecido a la idea de que sería incapaz de organizar una fiesta en una cervecería. Una descripción apropiada en este caso.


 


El Financial Times señala el boom del sector de alquiler de helicópteros:


 


Éste es el motivo por el que el director fue tan lejos como para alquilar un helicóptero la mañana del lunes para garantizar la entrega de una de las últimas licencias de importación de la Unión Europea.


 


“Teníamos 45.000 medias en colores de las Navidades, pero sus 45.000 sujetadores a juego estaban atrapados en un almacén”, decía Walther Jensen después de que aterrizara su helicóptero.


 


De vuelta al The Guardian para ver lo maravillosamente que funciona el nuevo sistema:


 


El nuevo sistema de aranceles de Europa significa que millones de prendas están varadas en barcos y en los puertos.


           


59 millones de jerseys y cárdigans


 


17 millones de pantalones de caballero y señora


 


1,4 millones de sujetadores


 


408.000 blusas de señora


 


¿Qué genial, eh? Lo que me tiene echando espuma por la boca, revisando los catálogos de armas y planeando la estrategia de avance hacia Bruselas es esta sorprendente información del New York Times:


 


Hace unas cuantas semanas, el enviado comercial de la Unión Europea, Peter Mandelson, se quejó a los reporteros de que Europa había estado haciendo más de lo que le tocaba en los compromisos de las conversaciones de la Organización Mundial de Comercio. “Este proceso de compromiso ha sido unilateral durante bastante más de un año”, decía.


 


Las conversaciones de la WTO han versado acerca del libre comercio en los productos agrícolas, como parte de la Ronda de Doha. Cuando Mandelson habla de “concesiones”, se refiere a levantar un arancel de aquí y el impuesto de expansión allá, porque actúa con aprensión a que esas importaciones horriblemente empobrecedoras tienen que ser limitadas, mientras que esas maravillosas exportaciones nos hacen ricos. Una aprensión ligeramente desafortunada que es completamente errónea, exactamente lo opuesto a lo que todo economista con dos dedos de frente sobre el planeta lleva intentando décadas decir a los políticos. El acuerdo de libre comercio y su valor no tiene precedentes en una disciplina tan contenciosa. Acuerdo desde Milton Friedman a Paul Krugman (un abanico intelectual bastante amplio, estará usted de acuerdo conmigo) en que sí, puede haber problemas con ajustes o cambios en el comercio, sí, habrá ajustes necesarios en la distribución de los beneficios comerciales, pero el propio comercio debería seguir su camino. Y por un motivo muy simple. Son las importaciones las que nos hacen más ricos, no las exportaciones.


 


Cuando compramos algo mejor o más barato de lo que podemos hacerlo por nuestra cuenta, esto nos hace más ricos, porque ahora tenemos la mercancía y algo de dinero que nos quedó. La lógica de esto no cambia así estés intercambiando manzanas por melocotones de los vecinos, comprando una hamburguesa a la vuelta de la esquina o emparejando medias y sujetadores procedentes de China para agasajar a tu novia. Reconozco que determinadas cosas pueden ser distintas después de cada una de esas transacciones, pero eso no afectará a la idea de que es la importación lo que nos hacen ricos. Las exportaciones son simplemente esas cosas aburridas que tenemos que cumplir para obtener las importaciones que queremos.


 


Así que se está pidiendo a nuestro comercial de Bruselas que abra el mercado de la UE un poco más a las importaciones. Esto enriquece a todos los ciudadanos de la Unión Europea (asumiendo que equilibremos en la práctica a los pocos que pierden en las transacciones). ¡Pero hay más! La causa que contribuye con diferencia a la pobreza en el mundo en desarrollo es la Política Agraria Común, ese sistema demente en el que gastamos cada año en subsidios a granjas lo que podríamos utilizar para dar una vuelta por Europa a cada vaca en primera clase. En realidad, cada vaca de Europa ha costado más que los ingresos anuales de 2 billones de nuestros humanos correligionarios.


 


Lo que se pide en la Ronda de Doha es que este sistema sea deconstruido, cuando menos cambiado para eliminar algunas de las cosas absurdas más egregias. Si se hiciera esto, los resultados serían:


 



  1. Los granjeros en los países pobres nos venderían su producción encantadoramente barata. Esto les haría más ricos y reduciría la pobreza del mundo.

 



  1. Los granjeros de los países pobres podrían vendernos su producción encantadoramente barata. Esto nos haría más ricos e incrementaría la riqueza del mundo.

 


¿Y el hombre a cargo de las negociaciones comerciales dice que moverse a este sistema, uno que beneficia a todos (y ahorra al continente impuestos como para despegar) es una concesión?


 


Hace algunas décadas, un tal Dr. Laurence Peters describió una teoría que cada uno de nosotros promueve en nuestro propio nivel de incompetencia. La llamó, apropiadamente creo, el Principio Peter. Qué bien que la Unión Europea nos brinde tamaña oportunidad de apreciar la sabiduría de esa teoría.


 


Tim Worstall es un colaborador de TCS residente en Europa.

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