Lorenzo Bernaldo de Quirós hace una reseña del libro Why the Globalization Works el cual analiza la globalización y echa al traste los mitos que la envuelven.
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Martes, 21 de julio 2026
Lorenzo Bernaldo de Quirós hace una reseña del libro Why the Globalization Works el cual analiza la globalización y echa al traste los mitos que la envuelven.
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Esta obra mayor tiene sus antecedentes en la larga serie de artículos
dedicados a este tema en FT y, sobre todo, en su Hayek Memorial Lecture para el
Institute of Economic Affairs de Londres. A lo largo de casi 300 páginas, Wolf
presenta una réplica detallada a las principales críticas lanzadas contra la
globalización y demuestra sus ventajas de manera contundente, su superioridad
frente a cualquier otra alternativa. Para Wolf, la globalización funciona, pero
también es necesaria si se pretende extender la prosperidad y la libertad en el
planeta.
La lucha intelectual entre el capitalismo liberal y sus adversarios es el
tema principal del libro. El núcleo central de la argumentación wolfiana es la
réplica a los argumentos avanzados por aquellos que quieren detener o invertir
el proceso de integración de la economía global. Los componentes de la
Antiglobalization. Com comprenden, por una parte, los viejos grupos de interés
proteccionistas —agricultores, sindicatos, etc.— y, por otra, las ONG. A ambos
deben añadirse socialistas clásicos, neomarxistas y otros elementos más
peligrosos, como los mercantilistas, los nacionalistas y otros sectores
antiliberales de derecha que tuvieron un destacado papel en el derrumbre del
orden liberal en la primera mitad del siglo XX. Son los Colectivistas de nuevo
milenio. Están unidos sólo por lo que combaten. No brindan ninguna alternativa,
si bien representan una versión posilustrada de retorno a la tribu. Wolf
destruye todos sus tópicos con precisión de cirujano.
Primer tópico: la globalización ha aumentado la pobreza y la desigualdad en
el mundo. Desde los ochenta, el número de personas pobres ha caído de manera
sensible. Las discrepancias radican sólo en la intensidad de ese descenso. El
Banco Mundial estima una caída del 9,5 % en los noventa mientras Sala i Martí y
Bhalla dan cifras mayores, el 13,1 % y el 23,1 %, respectivamente, durante la
última década de la anterior centuria. ¿Qué pasó con la desigualdad? Un
indicador impresionante es el aumento de la clase media. Bhalla incluye en ese
término a los individuos con ingresos entre los 3.650 y 14.600 dólares al año,
medidos en paridad del poder adquisitivo a precios de 1993. De acuerdo con sus
cálculos, en 1960, el 60% de la clase media mundial vivía en los países de la
OCDE. En 2000, el 51% habita en Asia, Oriente Medio y Norte de África.
¿Y el bienestar humano? En el mundo en vías de desarrollo la esperanza de
vida ha aumentado de 55 años en 1970 a 64 años en 2000. Este indicador ha
mejorado incluso en el África Subsahariana. La alfabetización, la producción de
comida, etc. han mejorado espectacularmente. A la vez, Wolf destruye uno de los
mantras de la globofobia: el trabajo infantil. La proporción de niños de 10 a 14
en la fuerza de trabajo ha descendido del 23% en todos países en vías de
desarrollo en 1980 al 12% en 2000. Esa disminución ha sido muy intensa en Asia,
del 26% al 8%. El crecimiento económico inducido por la globalización ha
devuelto a los niños al colegio en aquellos países que más se han integrado en
la economía mundial. El poder y la malevolencia de las multinacionales que
“dominan el mundo y explotan a los trabajadores de los países pobres” es otro de
los tópicos liquidados por Wolf. Al margen del positivo impacto sobre el
desarrollo derivado de la inversión extranjera existen dos elementos adicionales
que permiten liquidar esa tradicional falacia. Primero, las 100 empresas mayores
del planeta suponen sólo el 4,3% del Producto Interior Bruto mundial; segundo,
las compañías transnacionales pagan a sus empleados en las naciones en
desarrollo un 40% más que las locales.
Los Colectivistas del Nuevo Milenio afirman que la integración de la economía
global es lesiva para el medio ambiente. De nuevo yerran. Las relaciones entre
globalización, crecimiento y entorno son positivas. Alan Krueger y Gene
Grossman, de la Universidad de Princeton, han demostrado que cuando el PIB per
cápita alcanza los 5.000 dólares los indicadores medioambientales comienzan a
mejorar; es decir, el aumento de la riqueza es el mejor aliado de la naturaleza.
Las grandes catástrofes ecológicas no se han producido en las economías de
mercado sino en las de planificación central.
Why the Globalization Works es una defensa excelente de la
globalización. Su mensaje final es de una extraordinaria lucidez: la visión de
la juventud próspera del Oeste que desea proteger a los pobres del mundo de los
procesos que les llevan a la prosperidad es deprimente. Es un retorno a los
antiguos clichés anticapitalistas, como si el comunismo soviético nunca hubiese
existido. Para hacer un mundo mejor hay que ignorar esos cantos de sirena. La
sociedad abierta siempre tiene enemigos, dentro y fuera. Nuestro tiempo no es
una excepción. Como señala Wolf, el problema no es que haya demasiada
globalización, sino demasiado poca.
Lorenzo Bernaldo de Quirós es
presidente de Freemarket International Consulting en Madrid, España y académico
asociado del Cato Institute.
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