Política

La izquierda abandona Zimbawe

Para muchos en la izquierda política, el destino de estos activistas de la oposición no merece ni el pensamiento. Un motivo, parece ser, es que Estados Unidos ha adoptado la causa de la oposición de Zimbabue. En la práctica, era el enviado norteamericano a Zimbabue el que protestó y de quien se informaba que había sido el instrumento para que en los activistas heridos fueran llevados al hospital.

Carol Gould
La disidencia política está bajo ataque en Zimbabue. La semana pasada, Morgan Tsvangarai, el cabecilla del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), la oposición en Zimbabue, fue apaleado hasta casi la muerte por participar en una concentración contra la tiranía de Robert Mugabe.

En lo que fue descrito falsamente como una detención policial, Tsvangarai y sus colegas, incluyendo dos prominentes funcionarias, fueron atacadas salvajemente y abandonadas para morir. Existen muchos otros casos. Los asistentes al funeral de otro activista anti-Mugabe, abatido a tiros por el régimen, fueron objeto del fuego real de la policía. Uno de los cadáveres fue llevado a millas de distancia con el fin de evitar otra manifestación más.

El pasado fin de semana, el portavoz de Tsvangarai, Nelson Chamisa, fue detenido en el aeropuerto de Harare y brutalmente apaleado mientras se preparaba para salir camino de una conferencia en Bélgica; se teme que tenga el cráneo fracturado. Arthur Mutambara, líder de una de las ramas del MDC, fue arrestado de nuevo el pasado sábado y ahora se encuentra detenido en la comisaría de policía de Harare. Los miembros del MDC Frail Grace Kwinje y Sekai Holland, de 64 años de edad, que también sufrieron golpes en la operación policial, eran detenidos recientemente justo antes de embarcar, porque los funcionarios de la policía afirmaban que las mujeres necesitaban “una carta de autorización del ministerio de salud” adicional para poder a abandonar el país.

Para muchos en la izquierda política, el destino de estos activistas de la oposición no merece ni el pensamiento. Un motivo, parece ser, es que Estados Unidos ha adoptado la causa de la oposición de Zimbabue. En la práctica, era el enviado norteamericano a Zimbabue el que protestó y de quien se informaba que había sido el instrumento para que en los activistas heridos fueran llevados al hospital. La Secretaria de Estado Condolizza Rice también intervino.

El presidente Mugabe reaccionó amenazando con expulsar a cualquier enviado occidental que interfiriera en su gestión del país. En marcado contraste con la respuesta de América se encuentra la reacción venida del frente y los pancarteros pacifistas anti-Bush. Recientemente llamé a una colega activa en el movimiento pacifista que me dejó sorda con un berrido de refutación que rezaba así: “Hay montones de personas que mueren en el Congo y Ruanda y nadie saca eso a los titulares”. Intenté explicarle que Zimbabue, la joya agrícola de África en tiempos, ahora sufre una tasa de paro del 80% y una inflación del 1700%. Tanto los granjeros blancos como los líderes negros de la oposición han sufrido bajo la salvaje dictadura de Mugabe, pero esta activista me informó de que “no le importa” el destino de Morgan Tsvangarai y los demás que arriesgaron sus vidas para desafiar la dictadura de Mugabe. Como es el caso, ella forma parte de una corriente mayor en la izquierda. Apareciendo en el panel de debate de la BBC, la parlamentaria del Partido Laborista Clare Short no manifestó la más remota simpatía hacia la campaña de Zimbabue. Hasta encontró un modo de justificar la vergonzosa indiferencia de las demás naciones africanas ante la opresión de Mugabe, afirmando que el resto de África no estaba interviniendo porque Gran Bretaña había agotado su reputación frente a ellos al expresar preocupación por los granjeros blancos (ninguno de los distinguidos panelistas de Clare desafió su retorcido a lógica).

En el pasado, Short había dedicado una atención apasionada a la situación de los palestinos. ¿Pero dónde está su compasión por el pueblo de Zimbabue? Este rompecabezas de la izquierda sin corazón cayó en el centro de atención la pasada noche cuando contemplaba a Abdel Bari Atwán, del periódico Al Quds, afirmando que otro programa de la BBC que los problemas de Zimbabue se derivan únicamente de las sanciones impuestas por Gran Bretaña y América. Aparentemente América es la culpable de la política del régimen de Mugabe de incendiar granjas y reemplazar a todo granjero blanco con amigos incompetentes que han sumergido en las hambrunas y la catástrofe económica una tierra fértil en tiempos. Un estado lamentable de las cosas. La misma izquierda que se manifiesta contra Israel y Estados Unidos y organiza desfiles por “la liberación de Palestina” no reconocerá la crisis política de Zimbabue, porque significaría aliarse con América.

Afortunadamente, este despreciable cinismo no es universal. Dos amigos británicos, de uno de los cuales no había tenido noticias en un año, me llamaron la semana pasada. Querían dar gracias a América por intervenir.

Carol Gould es productora de documentales radicada en Londres y autora de Spitfire Girls

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