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Imagen: Jose Pereira – TELAM

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Chile: La izquierda desnuda

Luego de su monumental derrota electoral en la segunda vuelta presidencial, la izquierda ha empezado, tímidamente por ahora, a reflexionar sobre ello. Giorgio Jackson, el presidente del PC Lautaro Carmona y Gonzalo Winter han sido de los primeros. Desde una posición distinta, porque ya habían rechazado el primer proyecto de Constitución, Óscar Garretón y Felipe Harboe también se han referido a la derrota de la izquierda. Vuelve a sorprender que la llamada izquierda democrática esté ausente de este debate.

No podemos hablar de una autocrítica, pese a que parecería insensato que una reflexión desde la izquierda no la incluya. Giorgio Jackson reconoce errores tácticos, pero ninguno de fondo, ni siquiera estratégico. Ligar la suerte del Gobierno de Boric al proceso constitucional (al parecer una idea de Jackson) fue un error estratégico gigantesco, pues aparte de la desconexión con la realidad de Chile que demostró, es en buena parte responsable de dilapidar un período de gobierno completo, pues le fue imposible a la izquierda desligarse del Rechazo del 4 de septiembre, pese a los postreros intentos del propio Boric. El Frente Amplio, primer anillo de influencia de Boric, fue por todo y dejó a la izquierda desnuda.

El PC se desliga de responsabilidades y se las achaca al Gobierno, con su clásica tendencia a tener un pie adentro y otro afuera, desde donde se permite incluso hacer oposición. Ni siquiera el “detalle” de que la abanderada en la elección presidencial haya sido militante comunista, aleja a los comunistas de su tradicional olimpismo político.

Gonzalo Winter, hay que decirlo pues lo hemos criticado antes, es el único oficialista que, aunque sea tardíamente (fue vocero del Rechazo y de Jeannette Jara), hace la conexión entre ambas derrotas. Como acertadamente lo señaló en El Líbero Pepe Auth, ambas derrotas son inseparables, lo que queda demostrado también en un estudio de Faro UDD que encuentra una correlación comunal casi perfecta entre las votaciones en ambas elecciones, con un R cuadrado de 0,938%. Garretón y Harboe van más atrás en el tiempo y coinciden en columnas y entrevistas en que el Estallido y el intento de refundación de Chile plebiscitada en septiembre de 2022 fueron el comienzo del fin.

Sería positivo para Chile que surgieran nuevas voces desde la izquierda, que sean verdaderamente autocríticas. Que reconozcan que la aventura constitucional y el Estallido que la precedió, ambos eventos apoyados con entusiasmo por sus partidos y líderes (cuando no instigados por ellos), son a la larga responsables del desplome de la izquierda y de su distanciamiento de la mayoría del país. Muchos chilenos no perdonan el engaño que significó achacar todos los males de Chile a la Constitución; denostar los treinta años de gobiernos iniciados en 1990, la mayoría de los cuales trajeron gran prosperidad a Chile, lo que se empezó a deteriorar durante el segundo Gobierno de Michelle Bachelet. Tampoco perdonan la desidia del Gobierno de Boric frente a la emergencia laboral que vive Chile y la pérdida de control en las fronteras que desató la crisis migratoria.

El Gobierno de emergencia que plantea José Antonio Kast necesita una oposición constructiva, honesta. Para ello es necesario que la llamada izquierda democrática saque la voz. Ha estado los últimos años mimetizada con el Frente Amplio y el Partido Comunista, y subordinada a ellos. Lo peor es que continúa así y ese es un certificado de defunción. Constituirse en una oposición constructiva es una oportunidad de relanzamiento para la izquierda democrática. ¿Habrá entre ellos líderes que atisben esa oportunidad?

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