Política

“La izquierda pretende establecer un Dios secularizado” (III)

Tercera parte de la entrevista con el sacerdote católico Robert Sirico, rector de St. Philip Neri House en Kalamazoo, y presidente del Acton Insitute for the Study of Religión and Liberty, sobre los lazos que existen entre la religión y la libertad.

Opinión: Robert Sirico
Profesor Felice: Ud. no niega que hay una tendencia
contraria viva en la historia Cristiana, la cual es justa o injustamente llamada
Constantinismo.


Padre Sirico: Uno no la puede encontrar en la
derecha política en la forma de restauracionistas monárquicos. Ha habido gente
que me dijo que los Estados Unidos son irremediablemente corruptos puesto que no
fueron fundados como una monarquía. Esta visión me desconcierta, la cual es en
la misma medida tonta y poco influyente. Además, uno tiene otra variación que a
menudo trata a la Constitución de los Estados Unidos como parte del
extraordinario magisterio y esperanzas por una teocracia como la única salida a
la crisis cultural.

Un problema aún mayor deriva del neo-constantinismo
de izquierda el cual pretende establecer un reino de Dios secularizado,
elaborado a partir de una versión cristianizada del socialismo y el
ambientalismo. Estos grupos, que acumulan herejía sobre herejía, comenzaron a
ganar influencia a comienzos del siglo XX con el movimiento evangélico social y
aún están muy activos en organizaciones como el Concejo Nacional de Iglesias.
Además, contrariamente a la derecha religiosa, la izquierda es tratada con
cierta compasión por los medios y el mundo académico.

Ninguno de estos
grupos ha llegado a un acuerdo con la admonición de Cristo de que el reino de
Dios no está en este mundo. Cualquier intento de corto circuito en el proceso de
evangelización mediante el uso del Estado para imponer la propia visión de la
virtud (la cual usualmente no es virtud sino más bien, bautismo colectivo)
involucra una distorsión del mensaje evangélico, que es principalmente
espiritual y no político.

Esto no es decir que no hay una dimensión
política en la Cristiandad, pero su significación primordial está en insistir en
que el Estado, esté restringido y refrene su apetito de dinero y de poder. El
mensaje Cristiano busca la liberación del poder arbitrario y el florecimiento de
la santidad personal en el contexto de la libertad cultural, política y
económica.

Profesor Felice: ¿Puede Ud. elaborar más
de una tendencia política dentro de la tradición Cristiana a la que Ud. refiere
como heterodoxa?


Padre Sirico: Mirando hacia atrás en la historia
de la Nación-Estado consolidada, encontramos que esta versión moderna emergió
primero bajo las monarquías europeas de los siglos XV y XVI, cuando los Estados
comenzaron a crear estructuras burocráticas que trascendieron al gobernante del
momento. Estas nuevas estructuras, un desarrollo histórico que vino con la
transición del feudalismo, comenzaron a desarrollar una vida propia aparte de la
monarquía y estuvieron involucradas con el “establishment” eclesiástico,
también.

La Iglesia y el Estado se mantuvieron formalmente separadas,
pero atados a través de un arreglo quid pro quo: el Estado le concedió favores a
la Iglesia y, a cambio, la Iglesia le concedió al Estado, inclusive a sus
guerras, legitimidad moral. El problema no estaba tanto en la teoría Cristiana
que continuaba siendo sólida, sino más bien en su puesta en práctica.


Todavía a comienzos del siglo XX, encontramos Católicos que quieren
resucitar un poder temporal para el Papa. El problema aquí ya no es tanto que la
Iglesia vaya a corromper al Estado: el mayor peligro es precisamente lo
contrario, que la Iglesia comprometa su misión por promocionar al Estado. Éste
hará uso de cualquier excusa para expandir su poder — hasta de la religión.


Algunos de los escritos políticos de la antigua corriente escolástica
reaccionaron en contra de esta relación más y más placentera, y, en el siglo
XVI, generaron algunos trabajos maravillosos sobre los derechos independientes
de la Iglesia y la familia en contra del Estado. Algunos de estos teóricos
llegaron hasta delinear fundamentos que justificarían moralmente una resistencia
activa hacia el Estado, incluso una revolución. Fueron las monarquías europeas
las que primero trazaron una conexión entre el “Romanismo” y la “rebelión”- un
reclamo que aún se escucha.

Debido a los problemas de los Estados que se
desarrollaron a fines del período medieval, nuevas dificultades se tuvieron que
enfrentar luego de La Reforma. El Talón de Aquiles de algunos de estos
movimientos fue su nacionalismo histórico de facto: desde el comienzo, careció
de un electorado internacional y se puso énfasis en los bloques vernáculos
avalados por seguidores que hablaban el idioma del líder. Esto introdujo
peligros, como los que se vieron en la Alemania de 1930, donde los Cristianos
tuvieron que detenerse para ver lo que se estaba gestando a su alrededor. Aún
hoy, la fe, lucha por superar su provincialismo y ampliar su alcance universal a
través de la evangelización.

En ambos casos el estatismo de dichas
tendencias religiosas fue heterodoxo. Calvino y Lutero fueron firmes en su
visión de que la Iglesia y el Estado son instituciones diferentes con funciones
que derivan en sus propio términos. Además, ya hemos discutido la posición
Católica de que la Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre son diferentes, cada
una con su derecho legítimo a la autoridad.

Adicionalmente, permítame
decir que la tradición Ortodoxa, la cual también desarrolló lazos político
desafortunados con la Nación-Estado, está también en el proceso de reconocer las
limitaciones de su electorado nacional y trabajar hacia la globalización, una
solidaridad internacional, coherente con la limitación del grado de dependencia
institucional e interacción con la Nación-Estado.

Profesor Felice: ¿Y qué hay con la fuerza única de estas
tradiciones?

Padre Sirico: La tradición Protestante disfruta de
una tradición de ministros que han sido hombres prácticos que conocieron y
comprendieron el mundo de la ley, los negocios y el lugar de trabajo. En este
punto se sitúa la viabilidad superficial de la tesis Weberiana que considera al
Protestantismo como la fuente de la ética capitalista. Es una visión incorrecta
pues la teoría, la práctica y la moralidad de la economía de negocios, tienen
raíces que se extienden mucho antes de la Reforma. Weber también ignora la
actividad empresarial o la redefine cuando sucede en países Católicos.


Sin embargo, es verdad que la tradición protestante, al menos antes del
siglo XX, abrazó la idea de que la comunidad empresaria tiene distintas
virtudes. Uno no puede entender la fundación americana, sin leer sus sermones.
Por el contrario, el distanciamiento y origen aristocrático de los viejos
castillos sacerdotales dentro del Catolicismo, logró más propensión a
desarrollar desdén por el trabajo y las preocupaciones burguesas de la sociedad
capitalista.

La mayor parte de este debate en el cual la tradición es
más abierta al comercio, resulta en lo que uno llama “capitalismo”, un término
de origen marxista. Fecharlo desde la Revolución Industrial es arbitrario y
artificial. Si consideramos que la empresa se basa en la propiedad privada y la
inversión en el capitalismo, encontraremos elementos relacionados a través de la
historia misma de la civilización.

Mucho antes de que los seguidores de
Santo Tomás de Aquino se convirtieran en los primeros en explorar la economía
con una mirada hacia la ciencia, las sociedades produjeron y comerciaron,
basadas en los principios de la economía de mercado. Necesitamos darnos cuenta
de que, sin alguna clase de mercado, alguna forma de compra y venta, el
barbarismo y la inanición constituirían el estado normal de las cosas.


Fue profundamente importante que la gente comprendiera la economía. ¿
Qué enseñó este Tomista?. Mucho de lo que la Iglesia enseña hoy: las
limitaciones de la asistencia social del Estado, la necesidad de limitar los
gravámenes, los méritos de una moneda estable, la necesidad de privatizar la
propiedad y el derecho a la iniciativa, una remuneración y precio justo que se
aproxime a los de mercado, la vacación empresarial, el derecho de asociación, el
imperativo moral del libre comercio. Esto es la tradición Católica de
pensamiento, no siempre llevada a cabo en la práctica; es la práctica
Protestante, no siempre llevada acabo en la teoría.

Profesor Felice: En algún punto, este “liberalismo” de la última
etapa medieval fue identificado con el anticlericalismo del período
clásico-liberal. ¿Cómo y por qué sucedió esto?


Padre Sirico: La
Revolución Francesa tuvo mucho que ver con esto. Aquí tuvimos un movimiento que
se encendió con la protesta de la burguesía en contra de los tributos y del
gobierno opresor y, a través de una serie de pasos erróneos, se tornó
salvajemente destructiva de la propiedad, la libertad y la misma vida,
culminando, desde luego, en otro despotismo. Se habló mucho sobre la liberté y
la fraternité sin demasiada reflexión acerca de dónde venían esas ideas: ¡no de
Robespierre, sino de la Cristiandad!. En cambio, la Iglesia estaba situada en la
línea de fuego como un impedimento a la libertad. Todavía hoy.

El
Iluminismo puede ser visto análogo al hijo que hereda una gran riqueza del
negocio de su padre y la usa para producir una teoría socialista. La riqueza no
existiría sin la iniciativa empresarial del padre en el mismo sentido que la
mejor parte del Iluminismo — el énfasis en la razón, libertad, aprendizaje,
derechos humanos y avance cultural- no existiría en ausencia de la Cristiandad.
Debido a que el heredero no fue lo suficientemente reflexivo para entender el
origen de su herencia, se inclinó hacia propósitos nocivos.

Es por ésto
que creo tan importante que profundicemos nuestro entendimiento de la distinción
entre autoridad y poder. Muchos de los más grandes pensadores de los siglos
XVIII y XIX, lo comprendieron así: Frederic Bastiat, uno de los más brillantes
economistas franceses del siglo XIX, también era un católico responsable. Se
encuentra sepultado en Saint Louis des Francais, en Roma.

Para estar
seguros, los liberales clásicos religiosos del momento, se oponían a elaborar
alianzas entre la Iglesia y el Estado, pero tampoco fusionaban la libertad en el
sentido legal con la libertad en el sentido moral. Tristemente, cuando hoy
pensamos en el Iluminismo, recordamos más la tendencia secular.

Durante
y luego del período Iluminista, pareció haber una distancia creciente entre el
nuevo mundo de intelectuales liberales y figuras poderosas de la Iglesia. Esta
tendencia culmina en Pío IX, que comenzó su papado como liberal y luego se
volvió en contra al presenciar los peligros del movimiento revolucionario
Socialista en Italia.

Ahora, yo no intento menospreciar a este gran Papa
(él lidiaba con levantamientos políticos extraordinarios) sin embargo, debería
ser obvio que mi simpatía personal está con los liberales católicos del siglo
XIX — no con los modernistas, sino con aquellos que estaban encontrando lo bueno
del Iluminismo e intentaban purgarlo de su anticlericalismo. Acton estaba entre
ellos, y también el Cardenal Newman.

Acton y Newman eran conscientes de
las raíces Cristianas en el pensamiento liberal, y ayudaron a allanar el camino
hacia la comprensión de la profunda influencia cultural que la Cristiandad podía
tener en un mundo sin el poder temporario del pasado. Ahora bien, el liberalismo
más amplio de este período estaba muy mezclado con el Modernismo y la noción de
individualismo autónomo. Esto explica por qué ambos eran considerados con cierto
grado de escepticismo. A medida que el tiempo transcurrió, hemos aprendido que
ellos vieron verdades que otros, en aquel entonces, obviaron.

Profesor Felice: Ud. está recomendando, entonces, que leamos a
Locke y Jefferson con los ojos de la fe.


Padre Sirico: A veces la
frase “ojos de la fe” implica una visión nublada, entonces yo simplemente diría
que los leamos con comprensión histórica y les demos la perspectiva teológica
perdida. Sus escritos y filosofías se arraigan en la antropología cristiana, así
lo hayan sabido ellos, o no. Podemos aprender de ellos. Podemos atesorar su
trabajo, y podemos corregir sus pensamientos cuando sean equivocados, a la luz
de una posición católica desarrollada más íntegramente.

Sé que esto luce
controvertido, pero tanto Leon XIII como Juan Pablo II tomaron prestada la
noción de Locke sobre la toma de posesión de las tierras en su defensa a los
derechos de propiedad, no solamente con respecto a la tierra, también con
respecto a las invenciones y los frutos de la propia labor. Ambos, Rerum Novarum
y Centesimus Annus limitan los derechos del Estado a intervenir en la economía y
en la sociedad. Hicieron un llamado a los trabajadores a rechazar al socialismo
y la idea de que la relación trabajador-capitalista esté abrumada por el
conflicto, y, en su lugar, abrazar la verdadera libertad en una sociedad
armónica. Es la mejor tradición del pensamiento cristiano: tomar lo verdadero de
cada tradición y saber que si es verdad, será parte de una comprensión Cristiana
mayor.

Los intentos de la fe de ser sintética sin ser sincronística.
Cuando hay un nuevo descubrimiento de cualquier fuente, aun de las ciencias
duras, vemos que la Iglesia provee el marco intelectual para legitimar el método
científico y también el correctivo moral. Algunas toman décadas o siglos que
ésto funcione, es por eso que debemos permitir que el entendimiento cristiano
crezca y se desarrolle, jamás repudiando el pasado y siempre construyendo un
nuevo conocimiento hacia una comprensión cada vez mayor de la Única Verdad de
Dios.

Entrevista realizada en Roma por Flavio Felice, filósofo
político, actualmente disertante en la Universidad Laterana de Roma, Italia.
Originalmente publicada por el Acton Institute.

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